por Alberto Reyes Pías
He estado pensando en lo que no sabemos y en lo que sí sabemos
Es evidente que el control en un país no se mantiene por una cúpula de poder, por muy grande que esta sea, mucho menos en Cuba, donde el poder real se concentra en una sola familia.
Para que un país se mantenga bajo control, es necesario todo un sistema de “mandos intermedios”, un cúmulo de personas que va desde los militares hasta los funcionarios del Partido, pasando por la inmensa red de paramilitares o “agentes de civil”, vigilantes, espías, delatores…
No sabemos cómo logra el poder central mantenerlos a su servicio, si todavía funciona el adoctrinamiento, o si es a través del miedo, real o imaginario.
No sabemos qué órdenes tienen, ni cuál es su agenda específica de trabajo.
No sabemos cómo proceden sus redes de control de la población, ni los criterios que manejan sobre los límites que pueden permitir o que tienen que reprimir.
No sabemos, en realidad, cómo funciona todo el mecanismo que logra que el disgusto y la ira de este pueblo no se desborde.
No sabemos nada de esto. Podemos intuir cosas, pero sólo intuirlas, o suponerlas.
Sin embargo, hay cosas que sí sabemos, cosas que sabemos de los militares, de los agentes de Seguridad del Estado, de los policías, de los paramilitares, de los delatores, de todos los que, con su intervención, mantienen con vida este sistema.
Sabemos que tanto ustedes como nosotros están cansados, cansados de vivir entre tanta escasez y miseria, desgastándose por conseguir lo necesario para cada día, angustiados por la ausencia de un medicamento, cansados de ver cómo se agota en la supervivencia la única vida que tienen.
Sabemos que tanto ustedes como nosotros tienen padres, madres, amigos, conocidos, que lo dieron todo por esta Revolución y hoy, al final de sus días, no sólo no tienen nada sino que viven en condiciones precarias y a expensas de las ayudas de otros.
Sabemos que tanto ustedes como nosotros sufren la separación de sus hijos, que han preferido emigrar e irse para siempre lejos de su patria y del hogar que los vio nacer.
Sabemos que tanto ustedes como nosotros tienen familias y amigos que les dicen, en secreto, “yo no quiero esto para mis hijos”.
Sabemos que tanto ustedes como nosotros quieren vivir sin miedo: sin miedo a decir lo que piensan, sin miedo a ser vigilados, sin miedo a “caer en desgracia” si dicen o hacen algo que no sea “políticamente correcto”.
Sabemos que tanto ustedes como nosotros quieren que haya un marco legal de justicia que garantice que no pueda aplicarse, ni a ustedes ni a los que ustedes aman, una sentencia injusta.
Y sabemos que no es sencillo “zafarse del sistema”, una vez que se es parte de la maquinaria. Por eso nos toca rezar por ustedes, porque entendemos que no es fácil encontrar opciones, si bien la búsqueda de opciones es algo personal y, tal vez hoy, necesaria, porque tanto ustedes como nosotros sabemos que el futuro de Cuba no pertenece al socialismo, que a un pueblo no se le puede encadenar para siempre, y que lo más probable es que de este sistema no quede piedra sobre piedra.
