Por Librado Linares
Introducción
El alegato La Historia me Absolverá, pronunciado por Fidel Castro el 16 de octubre de 1953, planteó cinco leyes revolucionarias como respuesta a los males estructurales de la economía cubana: reforma agraria, derechos laborales, reforma urbana, confiscación de bienes mal habidos y participación industrial. Estas propuestas no surgían de manuales doctrinarios, sino de un diagnóstico de las debilidades de un país que, tras 400 años de colonialismo y apenas 57 de república, aún no lograba consolidar un modelo económico moderno. Sin embargo, la transición hacia un sistema estatizado terminó creando nuevas y mucho más graves rigideces y problemas. Hoy, las llamadas 176 medidas representan una reversa al programa del Moncada, confirmando que aquel camino estuvo profundamente equivocado.
Desarrollo
1. Reforma agraria
Aunque buscaba justicia social, derivó en una estatización masiva de la tierra (alrededor del 80 %), que redujo incentivos productivos y provocó una caída en la productividad agrícola. Las granjas estatales y cooperativas resultaron ineficientes. El campesinado quedó subordinado al Partido Comunista de Cuba a través de instituciones como la ANAP, que no defendieron sus intereses, sino que los controlaron. La falta de libertad de asociación impidió la creación de organizaciones reivindicativas independientes. Los problemas de topes de precios y encargos estatales despojaron al campesinado de ingresos, agravando su situación.
2. Derechos laborales
La proclamación de derechos laborales fue general, pero en la práctica se convirtió en un mecanismo de subordinación política. El campesinado, en particular, quedó atrapado en estructuras burocráticas sin capacidad de defensa real. La retórica de protección se transformó en control.
3. Reforma urbana
La expropiación de viviendas sin un sistema eficiente de mantenimiento y construcción estatal generó un déficit crónico. La imposibilidad de crear pequeñas y medianas empresas privadas y la escasez crónica de materiales de construcción agravaron el problema. El déficit de viviendas llegó a superar el millón en algunos momentos, y las reparaciones estatales fueron insuficientes.
4. Confiscación de bienes mal habidos
En principio fue una medida popular, pero la corrupción no desapareció. Por el contrario, se expandió y alcanzó niveles sistémicos, mostrando que el problema no era solo patrimonial, sino institucional.
5. Participación industrial
El intento de industrialización acelerada impulsado por el Che Guevara fracasó. La sustitución de importaciones y la construcción de industrias estatales derivaron en baja productividad, salarios reducidos y burocracia asfixiante. La desindustrialización posterior, incluyendo el cierre de centrales azucareros, refleja la falta de sostenibilidad del modelo.
La estatización y sus rigideces
El paso hacia un modelo estatizado eliminó la iniciativa privada y concentró las decisiones en el Estado. Esto creó un aparato burocrático incapaz de adaptarse a los cambios, redujo la innovación y generó una economía rígida y poco competitiva. Las soluciones revolucionarias terminaron agravando los problemas que buscaban resolver.
El papel de la inversión extranjera
La retórica nacionalista que rechazaba la inversión extranjera, especialmente la estadounidense, privó a Cuba de beneficios clave:
– Introducción de tecnología moderna y métodos gerenciales avanzados.
– Creación de encadenamientos productivos que dinamizaron sectores estratégicos.
– Generación de empleos bien remunerados y crecimiento económico sostenido.
– Integración en los mercados internacionales.
Al sustituir esa inversión por un modelo cerrado, Cuba perdió acceso a capital, innovación y mercados, lo que contribuyó al estancamiento y la descapitalización.
Conclusión
El programa del Moncada, lejos de ser un motor de desarrollo, se convirtió en un factor de regresión. La estatización creó rigideces institucionales y económicas más graves que las que se intentaban superar, mientras el rechazo a la inversión extranjera privó al país de oportunidades de modernización y crecimiento. La interrelación política-economía se transformó en un mecanismo de sometimiento, generando atraso relativo y pobreza. Hoy, las 176 medidas representan una corrección tardía, una reversa al programa del Moncada, y confirman que el rumbo elegido fue erróneo desde el inicio.
