BRICS: Inclusividad sin Democracia, el Riesgo de un Nuevo Autoritarismo Global.

Por Librado Linares
La reciente cumbre del BRICS —compuesto por sus cinco fundadores (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) más otros países recientemente incorporados— ha vuelto a poner sobre la mesa la idea de un mundo multipolar y más inclusivo. En su documento final, el bloque insiste en la necesidad de reformar las instituciones internacionales y dar voz al Sur Global. Sin embargo, detrás de ese discurso de apertura se esconde una paradoja inquietante: la inclusividad no puede desligarse de los estándares universales de derechos humanos, democracia y transparencia.
El BRICS se presenta como alternativa al G7 y al G20, pero varios de sus principales animadores son regímenes autoritarios. Rusia, por ejemplo, es responsable de una guerra de conquista que ha dejado miles de muertos y territorios anexados. China mantiene un férreo control sobre la disidencia y la libertad de expresión. En ambos casos, el respeto a la soberanía y la cooperación pacífica se convierten en retórica vacía.
La ampliación del Consejo de Seguridad de la ONU, propuesta por el bloque, difícilmente resolverá los problemas de fondo. La parálisis de la gobernanza global no depende del número de miembros, sino de los intereses geoestratégicos y del poder de veto. En contraste, el G7 y el G20 —aunque imperfectos— se asientan sobre reglas más transparentes y presupuestos más alineados con la dignidad humana. Además, el G20 incluye países no occidentales como Japón, India, Brasil y Sudáfrica, lo que desmonta la idea de que sea un club cerrado de potencias occidentales.
El discurso del BRICS contra los actos unilaterales de guerra pierde fuerza cuando uno de sus miembros protagoniza una invasión. La coherencia es el primer requisito de la legitimidad internacional, y en este punto el bloque falla. La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), con la que comparte narrativa, enfrenta el mismo dilema: reclamar legitimidad mientras se toleran violaciones internas de derechos humanos.
En definitiva, la inclusividad sin democracia y derechos humanos es una inclusividad vacía. El verdadero desafío para la gobernanza mundial no es quién se sienta en la mesa, sino qué valores se defienden en ella. La economía de mercado, con sus imperfecciones, ha demostrado ser el modelo más eficaz para integrar la economía global, fomentar la innovación y fortalecer la resiliencia. Frente a ello, una emergente élite de países autocráticos parece querer hacerse de la hegemonía global mediante un discurso edulcorado de justicia y soberanía.
El mundo necesita más cooperación, sí, pero también más libertad. Sin ella, cualquier intento de construir un orden internacional “más inclusivo” corre el riesgo de convertirse en una nueva forma de autoritarismo global.

Deja un comentario