He estado pensando… (144)

por Alberto Reyes Pías 

He estado pensando en que es tiempo de levantar la cabeza

No es un secreto para nadie que, a raíz de los últimos sucesos ocurridos en Venezuela, se ha disparado la esperanza de que ocurra un cambio radical en Cuba que permita el final de la dictadura y el inicio de una era de democracia y prosperidad.

Sin embargo, junto a la esperanza, el miedo ha hecho nido en los corazones de muchos cubanos. Un miedo que está alimentado por la inseguridad de no saber qué va a pasar ni cómo, pero no sólo por eso.

Creo que también, como pueblo, le tememos al cambio.Cuba es un desastre, pero es “nuestro” desastre, en el cual hemos aprendido a movernos y a sobrevivir.

Sabemos cómo y dónde encontrar comida, cómo resolver lo que vamos necesitando en la casa,dónde buscar los medicamentos. Hemos aprendido a lidiar con los apagones, sabemos cómo protegernos de la represión, cómo cuidarnos de la violencia creciente… Y hemos aprendido a “desconectar” situaciones que deberían preocuparnos pero que, en un estado de supervivencia, pasan automáticamente a un segundo plano, como la educación cada vez más deficiente de nuestros hijos, o su falta de futuro. Vivimos hundidos en la noche, pero hemos aprendido a sentirnos seguros en nuestra oscuridad.

Y sin embargo, ¿no estamos ya hartos de vivir en la miseria, en la necesidad, en la falta de

oportunidades?, ¿no estamos hartos de que nos manipulen y nos atiborren la mente con mentiras y discursos vacíos?, ¿no estamos hartos de hablar con miedo, de actuar con miedo, de vivir con miedo?

En el fondo, queremos un cambio de sistema, añoramos una sociedad diferente, una vida distinta, pero no sabemos qué va a venir, no tenemos idea de cómo construir esa nueva vida, y nos da miedo encontrarnos de repente en una sociedad en la cual no sepamos “resolver” como lo hacemos ahora.

En realidad, la vida hay que empujarla, hay que asumir los dolores del parto y hacer nacer a la criatura porque, cuando tengamos al niño en brazos, ya iremos aprendiendo cómo lidiar con él, pero el niño, esa sociedad nueva, necesita nacer.

Por eso, no es este un tiempo de dejarse atrapar por los temores, no es este un tiempo de pasividad y silencio. Al contrario, es un tiempo de “esperanza creativa”, es el tiempo de seguir reclamando nuestros derechos y, sobre todo, nuestro derecho a una Cuba libre, democrática, plural. Es el tiempo de decir lo que pensamos, de no dejar que el miedo nos silencie. Es el tiempo de rezar para que Dios haga confluir todo lo necesario para que podamos ser, por fin, una nación de libertad, de justicia y de verdad.

Cuando el evangelista Lucas busca fortalecer el ánimo de los cristianos ante el mal que están sufriendo, ese mal que produce temor, inseguridad y desánimo, los invita a confiar en la presencia y el poder de Aquel que prometió que el mal no prevalecería, y les dice: “Levántense, alcen la cabeza, se acerca

su liberación”.

No dejemos que la inseguridad nos empuje a pensar que el mal tendrá la última palabra, porque no existe oscuridad en este mundo que se perpetúe sin que, antes o después, sea vencida por la luz. Y es este el tiempo de creer en el poder de la luz.

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