Exportar violencia bajo la sombra soviética


por Librado Linares


La Conferencia Tricontinental de La Habana en 1966 fue presentada como un foro de solidaridad entre los pueblos de África, Asia y América Latina. En realidad, fue un instrumento geoestratégico de Cuba y la Unión Soviética para legitimar y coordinar guerrillas. Se alentó la exportación de violencia hacia países latinoamericanos y africanos, se promovió la inmiscusión en asuntos internos disfrazada de “internacionalismo revolucionario” y se justificó la intervención armada como “solidaridad”. En verdad, fue una forma de imperialismo ideológico.

El resultado fue un fracaso: las guerrillas fueron derrotadas o debilitadas, los países afectados sufrieron represión y polarización, y la Tricontinental quedó como un símbolo vacío. Basta recordar la derrota del Che Guevara en Bolivia en 1967, el fracaso de la guerrilla en Venezuela o la represión en Argentina y Uruguay. Lejos de liberar pueblos, las guerrillas provocaron más autoritarismo y militarización.

Democracia y mercado: el camino del progreso.

Mientras el castrismo insistía en el colectivismo y la planificación central, otros países apostaron por la democracia, los derechos individuales y la economía de mercado. El contraste es contundente.

– Corea del Sur pasó de un PIB per cápita inferior a 100 dólares en los años 60 a superar los 30,000 dólares actuales.

– Chile redujo la pobreza de más del 40% en 1987 a menos del 8% en 2017.

– India sacó a más de 270 millones de personas de la pobreza extrema entre 1990 y 2020.

– Botsuana, con estabilidad institucional y apertura económica, se convirtió en una de las economías más sólidas de África.

– Ruanda, tras el genocidio de 1994, logró un crecimiento sostenido y avances en salud y educación.

En las últimas décadas, prácticamente todos los países del llamado “Tercer Mundo”, en mayor o menor medida, han emprendido la senda del desarrollo. Al interior de cada nación, las franjas de pobreza y pobreza extrema se han reducido sustancialmente. El avance ha sido espectacular, tanto en términos absolutos como relativos. Por supuesto, aún queda un trecho por recorrer, pero la tendencia es inequívoca: millones de personas han mejorado sus condiciones de vida y las sociedades muestran un dinamismo que contrasta con los modelos estancados.

Estos países son apenas un botón de muestra de un fenómeno más amplio: en Asia, África y América Latina, millones han dejado atrás la pobreza y sectores enteros han ascendido socialmente. Las crisis económicas pueden ralentizar el proceso, pero la tendencia general es clara: la combinación de mercado, democracia y derechos individuales genera riqueza y oportunidades sin precedentes.

El castrismo hoy: discurso agotado, dependencia oculta.

Los jerarcas castristas siguen apostando por el socialismo real y el colectivismo, ocultando su dependencia de potencias externas. Antes fue la URSS, ahora es China, aunque nunca se la señala con el dedo acusador. Se mantiene el discurso del antiimperialismo contra EE. UU., mientras se esconde la subordinación a otras hegemonías. La economía cubana depende de remesas y turismo, mientras la propaganda oficial intenta revitalizar símbolos como la Tricontinental. El intento de relanzarla en 2026 no es más que un ejercicio propagandístico, incapaz de ofrecer soluciones reales a los desafíos contemporáneos.

Balance final.

La Tricontinental fue y sigue siendo un muerto político:

– En 1966, legitimó la violencia y la injerencia externa.

– En 2026, se reduce a un acto nostálgico que busca dar oxígeno a un discurso agotado.

– El contraste con los países que apostaron por democracia y mercado es contundente: mientras ellos prosperaron y millones dejaron atrás la pobreza, Cuba se estancó.

El castrismo no aprende la lección: insiste en un modelo fracasado, ocultando sus dependencias y esgrimiendo un antiimperialismo que ya no convence. La historia demuestra que el camino hacia el progreso no pasa por la violencia ni por la planificación central, sino por la libertad, la democracia y el mercado.

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