Brasil: del núcleo colonial al gigante sudamericano.

 Por Librado Linares

La expansión territorial olvidada.

La izquierda recalcitrante y los agoreros de los autoritarismos critican con dureza la expansión de Estados Unidos hacia el oeste, la guerra con México y la anexión de vastos territorios. Sin embargo, hacen mutis sobre el enorme expansionismo de las élites brasileñas, también hacia el oeste, esta vez en Sudamérica. 

En ambos casos, puede argumentarse que en aquel entonces no se había consolidado el concepto de Estado Nación ni existía la Carta de San Francisco. Pero vale la pena poner los puntos sobre las íes: las omisiones políticamente motivadas de la izquierda carnívora distorsionan el análisis histórico.

Brasil se expandió desde un pequeño núcleo colonial portugués en la costa atlántica hasta convertirse en el gigante sudamericano, gracias a la violencia de los bandeirantes contra los pueblos indígenas, a los tratados con España y a las debilidades resultantes de conflictos como la Guerra del Chaco y la Guerra del Pacífico.

Lula y el llamado Sur Global.

Hoy, bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil busca posicionarse como uno de los líderes prominentes del llamado Sur Global. Para ello:

– Se acerca a China, su principal socio comercial.

– Utiliza a la CELAC como instrumento de influencia regional alternativo a la OEA.

– Evita criticar a regímenes autocráticos, como se evidenció en su silencio y complicidad implícita frente al fraude electoral en Venezuela.

China y las alianzas cuestionables.

China, como régimen de partido único, no tiene miramientos en concertar alianzas con los violadores más flagrantes de los derechos humanos. Más de 40 regímenes autocráticos forman parte de su proyecto de la Franja y la Ruta. 

El Brasil de Lula no debería replicar ese comportamiento reprochable, creciendo y proyectándose fuerte sobre la base de alianzas que comprometen principios democráticos.

Una advertencia necesaria.

Brasil tiene todas las condiciones para ser una potencia emergente: territorio, recursos, población y peso regional. Pero el camino elegido por Lula, con atajos peligrosos y alianzas cuestionables, puede comprometer la vocación democrática que debería guiar tanto su política interna como su proyección internacional.

Por eso, es fundamental que a través de las urnas llegue un gobierno que reposicione a Brasil como potencia emergente con vocación democrática, capaz de ser uno de los líderes prominentes del llamado Sur Global sin renunciar a los valores de libertad y ciudadanía.

“Brasil no necesita atajos autoritarios para ser grande; necesita democracia para ser legítimo.”

Deja un comentario