Educar en tiempos de ideología de género. Por. Padre Alberto Reyes Pías

 

Ha vuelto a pasar.

Un día, una mañana, nos hemos levantado y, de repente, sin previo aviso ni consulta, nos hemos encontrado con la Resolución 16/2021 del Ministerio de Educación de la República de Cuba, donde se nos informa que se implementará un “Programa de educación integral en sexualidad con enfoque de género y derechos sexuales y reproductivos en el sistema nacional de educación”. Así porque sí, porque alguien “desde arriba” (más arriba que la Ministra, que es sólo un rostro) ha decidido que eso es lo mejor para nuestros niños y que, por tanto, se hará, nos guste o no, sin excepciones y sin alternativas.

A muchos nos ha irritado, pero no nos ha sorprendido. Vivimos bajo una dictadura, y las dictaduras no dicen dos palabras seguidas sin mencionar al “pueblo”, en un discurso oficial de amor y servicio y un trato práctico de desprecio y sometimiento.

¿Qué le dirán a nuestros niños en las escuelas, entre otras cosas?

Les dirán que eso de ser “niño” o “niña” no es una condición determinada por la naturaleza sino algo construido por la sociedad, y que por tanto no importa lo que su cuerpo biológico sea sino lo que ellos quieran ser.

Les dirán que son iguales y que el identificarse como hombres o mujeres es un criterio arcaico, excluyente y patriarcal.

Les dirán que, como hombres y mujeres son iguales, las mujeres no tienen por qué asumir el “compromiso” de la maternidad y que el aborto es un derecho, como derecho es ejercer una sexualidad sin límites, con quien apetezca y cuando apetezca.

Les ocultarán lo que significa disforia de género y les dirán, por el contrario, que tal vez ellos son hombres atrapados en un cuerpo de mujer o mujeres atrapadas en un cuerpo de hombre, y que el camino de la “liberación” no es otro que un cambio de sexo.

Y al que se oponga a esto, lo estigmatizarán y lo declararán homofóbico e intolerante, y llegará el momento en el cual que una niña diga que quiere vestirse de rosa y ser madre será considerado escandaloso e intolerable.

Ante esto, ha surgido una avalancha de reacciones. Han escrito a la Sra. Ministra la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba “Asamblea de Dios”, la Iglesia misionera en Cuba, la Convención Bautista de Cuba occidental, la Iglesia Metodista de Cuba, la Asociación Iglesia Evangélica Independiente, la Iglesia Menonita de Cuba, e incluso ha habido declaraciones de asociaciones de padres.

Todas estas intervenciones van por la misma línea: pluralidad. Ninguna ataca a las personas ni a sus opciones concretas de vida, ninguna pide violencia o exclusión. Ninguna. Solamente piden una cosa: libertad de opción.

Si una familia quiere que sus hijos sean educados en los presupuestos de la ideología de género, tienen derecho a que así sea. Pero si una familia no quiere que sus hijos sean educados en esos presupuestos, tiene derecho a que así sea.

Yo soy sacerdote católico y, por tanto, para mí, la verdad plena está en Jesucristo, pero si mañana este gobierno, o cualquier otro gobierno decretara una enseñanza cristiana general y obligatoria para todos, sería el primero en oponerme.

Hay sitios fuera de Cuba donde, además de la pluralidad de opciones educativas, hay escuelas públicas que mantienen clases de religión y de educación cívica.

Todos van a la misma clase de matemáticas, pero a la hora de estas materias, los padres deciden si sus hijos van a clases de religión o prefieren solamente educación cívica, sin contenidos religiosos.

¿Qué estamos pidiendo? Opciones, pluralidad, derecho a decidir la educación que queremos para nuestros hijos.

Ahora, seamos realistas. Por muchas cartas que hagamos, por mucho que escribamos en las redes, por mucho que protestemos en todos los medios posibles, ¿nos escucharán y retirarán este proyecto? Lo más probable es que no.

No, porque a este gobierno no le importa lo que pida el pueblo, va tanteando el terreno, va dando largas, pero a la corta o a la larga impone lo que quiere.

Este gobierno sabe que, muchas veces, sólo es cuestión de aguantar el tirón, que pase el primer gran malestar, porque luego las aguas siempre vuelven a su cauce.

¿Qué ha pasado con los precios estratosféricos e injustos de la electricidad y el teléfono?

Los precios subieron, nos molestamos, protestamos aquí y allá, pero ya pasó el momento, y aquí estamos todos, apretándonos los cinturones y pagando sumas abusivas, porque por otra parte, hemos aprendido a acomodarnos y a salir a flote, pero bajando la cabeza.

No creo que nos escuchen, porque la ideología de género no es un invento cubano sino una red mundial muy bien organizada y muy bien financiada, y me pregunto si la ruina económica de este país no ha sido la oportunidad de oro para comprar un terreno más: yo te pago, tú me expandes.

No, no creo que nos escuchen. De hecho, ya los medios de comunicación social han empezado la promoción de esta cruzada.

Impondrán la ideología de género, y destruirán a nuestros hijos, pero esta vez con una diferencia. Durante años este gobierno adoctrinó a miles y miles de niños, intentando lavarles el cerebro con el espejismo del paraíso marxista, pero la gente crece, y cuando uno se despierta del embrujo, todo cambia, y se elige una vida distinta, aquí o más allá de las aguas que nos rodean. Esta vez será diferente, porque cuando nuestros niños crezcan y despierten, ya sus vidas estarán tan torcidas que no habrá solución posible.

¿Qué hacer? Yo creo que hay que agotar todos los recursos, creo que hay que seguir reclamando la pluralidad y las opciones a las que tenemos derecho, pero pienso que es tiempo de plantearse la desobediencia civil y, llegado el caso, hacer realidad lo que nuestros hermanos han expresado en sus cartas: nuestros hijos no irán a la escuela, y será el momento de unirnos para defender a nuestros pequeños.

Yo, por mi parte, haré lo que pueda desde donde puedo. Dios mediante a partir de la semana que viene, todos los martes, publicaré poco a poco la historia y los postulados de la ideología de género, porque me he dado cuenta de que incluso maestros que ya apoyan la decisión del gobierno, no tienen idea de aquello a lo que se enfrentan.

Y recemos. La reina Isabel de Inglaterra dijo esto: “Le temo más a un ejército de personas orando, que a un ejército militar”. Es hora de luchar por lo que nos pertenece como derecho, y es momento, más que nunca, de poner nuestra lucha en las manos del Dios que, como dice el Génesis, “hombre y mujer los creó”.

 

 

 

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