Por Librado Linares.
Marco Rubio ha dejado claro que no habrá intervención militar en Cuba. Su apuesta es negociar con la cúpula castrista, siempre que algunos sectores acepten conducir al país hacia la democracia. Pero esa vía está bloqueada: la Constitución de 2019 declara irrevocable el socialismo y el Código Penal tipifica como traición cualquier intento de desmontar el régimen. Raúl Castro blindó el sistema con una auténtica camisa de fuerza.
Donald Trump, en Naciones Unidas, proclamó que “Cuba será libre”. Sin embargo, no explicó cómo se alcanzará esa libertad. Rubio, operador de esa política, ofrece un camino negociado que en la práctica resulta imposible. Surge así una discordancia en apariencia: Trump promete libertad, Rubio propone una estrategia que no puede avanzar.
A los candados legales se suman los miedos de la élite castrista: ser procesados por violaciones de derechos humanos y corrupción, perder las mieles del poder y el estatus que los sostiene. Además, casi todas las organizaciones prodemocráticas apuestan por una justicia transicional radical, lo que refuerza el atrincheramiento de quienes hoy gobiernan.
Frente a este escenario, la única alternativa viable es la No violencia activa. No como simple táctica, sino como filosofía transformadora:
– Verdad: con una Comisión de la Verdad que documente abusos y repare a las víctimas.
– Justicia: firme pero no rigorista, para evitar la revancha y despejar el camino hacia la transición.
– Misericordia y reconciliación: sanar heridas históricas sin convertir la democracia en ajuste de cuentas.
– Paz: construir una convivencia que sustituya el enfrentamiento.
La retórica de Trump y la estrategia de Rubio chocan contra los muros constitucionales y penales del castrismo. La verdadera salida a está en la acción no violenta organizada, capaz de abrir grietas en el sistema y conducir a una Cuba libre sin derramamiento de sangre.
Aunque sintamos que nos faltan las fuerzas, optemos por el bien una y otra vez. Optemos por la verdad con todo lo que ella traiga consigo. Optemos por la libertad, aunque su precio sea la marginación, la difamación o la amenaza. Optemos por la vida, por la propia y por la de todos, no sigamos dejando que nos gane la violencia, la indiferencia. No dejemos solos a nuestros jóvenes, ayudemos a construir sus sueños sin renunciar a los nuestros.
No sigamos siendo presa del miedo, ¿qué más nos puede pasar? Ya hemos sido despojados de mucho. Es hora de recuperar lo que nos pertenece, solo basta que cada quien decida apostar por sus derechos y su libertad, desde donde esté, sin convocación, con la simple y profunda convicción de que lo que nos merecemos no se mendiga, se busca, se exige. No ha sido ni será fácil cada intento de libertad, sabemos que es alto el precio, aun así, hay que tomar conciencia y responsablemente optar para que nadie más decida por nosotros, para entregar a las nuevas generaciones y, si es posible, construir con ellas una nación como muchos la soñamos.
Que los brazos de Dios que han sostenido esta amada isla, sigan siendo nuestra confianza para lanzarnos al hermoso reto de construir la libertad.
