Paradisus: síntoma de un sistema enfermo.

Por Librado Linares
El hotel Paradisus, único en funcionamiento en el polo turístico de la cayería norte de Villa Clara, debería ser un escaparate de eficiencia y calidad. En cambio, se ha convertido en un ejemplo de corrupción y maltrato laboral que refleja la descomposición del sistema estatal cubano.
Las prácticas son tan comunes como graves:
– Facturas fantasmas y ventas ilegales que han enriquecido a jefes, almaceneros y neveros.
– Robo de mercancías tolerado, sin sanciones ni consecuencias.
– Menús recortados para los trabajadores, mientras los directivos disfrutan privilegios exclusivos.
– Expulsiones arbitrarias de empleados que se niegan a contaminar alimentos.
– Caos económico: sin inventarios reales y con salarios impagos.
Este panorama no es un accidente aislado. La retórica oficial culpa a las sanciones externas, pero la raíz está en la pésima gestión interna. Una economía administrada de forma tan deficiente no puede generar riqueza ni oportunidades, aunque se levantaran todas las sanciones mañana.
El impacto social es devastador: desempleo en espiral, trabajadores desplazados a la informalidad y un sistema que, en lugar de proteger, solo subordina. Paradisus es un espejo roto que refleja la realidad de Cuba: corrupción institucionalizada, arbitrariedades laborales y un modelo económico incapaz de sostenerse.

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