Un saludo fraterno a todos los amigos y hermanos que hoy participan en el III Foro
DDC: «Para la Cuba de mañana».
Les habla Iván Hernández Carrillo, Secretario General de la Asociación Sindical Independiente de Cuba, ASIC.
Antes que todo, gracias por abrir este espacio para hablar de la Cuba que soñamos, pero también de la Cuba que nos duele. Porque para pensar en la Cuba de mañana, primero hay que tener el valor de mirar de frente la Cuba de hoy. UnaCuba marcada por el miedo, por el control, por el silencio obligado y por la falta de libertad para mucha gente trabajadora.
Yo hablo desde esa realidad. Hablo como sindicalista independiente, pero también como cubano que ha visto de cerca el sufrimiento de tantos trabajadores que no tienen a quién acudir, que viven con salarios que no alcanzan, con condiciones indignas, con temor a reclamar, y con la sensación de que levantar la voz puede traerles problemas. Y aun así, seguimos. Seguimos escuchando, seguimos acompañando, seguimos denunciando.
La ASIC, desde su fundación en el 2016, ha asumido justamente la misión de ponerle nombre a los abusos, documentar las violaciones a los derechos humanos y laborales, acompañar a los trabajadores que sufren represión o desprotección, y llevar esas denuncias fuera de Cuba para que el mundo sepa que aquí también hay hombres y mujeres que quieren libertad sindical, dignidad y justicia. La organización se ha presentado como un espacio de defensa de derechos humanos y laborales, con labor de observación, denuncia y sistematización sobre la situación de los trabajadores cubanos.
La voz de la ASIC ha llegado a escenarios internacionales, especialmente a la Organización Internacional del Trabajo. Nuestra denuncia dio lugar al Caso 3271, donde se han formulado recomendaciones para que el Estado cubano garantice la actuación de organizaciones sindicales independientes y atienda los hostigamientos denunciados. Sin embargo, esas recomendaciones siguen sin cumplirse plenamente. Y más recientemente, en 2025, advertimos ante la OIT que la llamada consulta del anteproyecto de Código de Trabajo no ofrecía garantías reales de participación libre, plural y sin represalias para quienes no hacemos parte de la estructura oficial.
Por eso, cuando hablamos de una transición en Cuba, no estamos hablando solamente de cambiar un poder por otro. Estamos hablando de reconstruir el país desde sus bases. Y en esa reconstrucción, un sindicato de verdad tiene mucho que aportar.
Lo primero es recuperar algo elemental, la libertad sindical. Que la gente pueda organizarse sin miedo, sin persecución, sin vigilancia, sin castigo. Que pueda elegir libremente a sus dirigentes, reunirse, opinar, disentir y defender sus derechos. Porque sin libertad para organizarse, no hay democracia verdadera en el mundo del trabajo.
Lo segundo es entender que la Cuba que viene no se puede pensar solo para el trabajador «formal». Hay que pensarla para todos, para el trabajador estatal, para el trabajador privado, para el informal, para el cuentapropista, para el que sobrevive inventando, para el jubilado, para el joven que busca una oportunidad, para el que trabaja sin contrato y sin protección. Nadie debe quedar fuera de los derechos por la manera en que se gana la vida.
Lo tercero es defender un piso mínimo de dignidad. Porque una transición no puede significar más sacrificio para el pueblo trabajador. Cuba necesitará cambios económicos, claro que sí. Pero esos cambios tienen que venir con trabajo decente, con seguridad y salud en el trabajo, con jornadas humanas, con descanso, con protección social y con mecanismos reales para reclamar cuando haya abuso o arbitrariedad.
También hará falta construir diálogo social de verdad. No una consulta controlada desde arriba. No una participación para cumplir formalidades. Hablo de espacios reales donde trabajadores, empleadores y Estado puedan sentarse a discutir el futuro del país con respeto, con pluralismo y con capacidad de incidencia.
Y yo diría algo más, en la Cuba de mañana, un sindicato independiente también puede ayudar a organizar la sociedad desde abajo. Puede ser una escuela de ciudadanía. Un lugar donde la gente aprenda a participar, a elegir, a rendir cuentas, a debatir sin miedo, a defender pacíficamente sus derechos y a construir acuerdos.
Eso también es democracia. Y eso también hace falta en Cuba. La Cuba futura no puede levantarse sobre el miedo, ni sobre el silencio, ni sobre la obediencia forzada. Tiene que levantarse sobre la verdad, la libertad, la justicia y la dignidad del pueblo trabajador.
Nosotros, desde la ASIC, seguimos creyendo en esa Cuba. Y por esa Cuba seguimos luchando.
Muchas gracias.
