Mir, Calixto García: un pueblo atrapado en la desesperación.

Por Librado Linares
El poblado de Mir, en el municipio Calixto García, Holguín, vive una crisis humanitaria sin precedentes. La denuncia del activista Osmani Pérez Ferraz ha puesto en evidencia un escenario de hambre, represión y colapso total de los servicios básicos, mientras las iglesias locales elevan plegarias por una intervención humanitaria.
La libreta de abastecimientos, otrora símbolo de control estatal sobre la alimentación, ha quedado vacía. El pan normado de 60 gramos diarios por persona desapareció, y los alimentos básicos se han esfumado de los mercados. El café, producto esencial en la dieta cubana, supera los 1000 CUP por libra, obligando a los pobladores a recurrir a la raspadura como endulzante, aunque este renglón también escasea.
El propio denunciante asegura haber pasado tres días sin comer, reflejo de un hambre que se extiende por todo el poblado.
Los apagones alcanzan hasta 30 horas consecutivas, dejando a la población en la oscuridad y el calor sofocante. El agua potable ha desaparecido, y los habitantes se ven obligados a consumir agua de lluvia. La basura se acumula en las calles, generando focos de infección en medio de la proliferación de mosquitos.
Los fallecidos son trasladados al cementerio en carrotones de caballo, un símbolo del retroceso y la precariedad que golpea a la comunidad.
La inflación descontrolada ha pulverizado los ingresos familiares. El desabastecimiento y la falta de alimentos han creado un ambiente de desesperación. “La gente está perdiendo la esperanza, vivimos entre el dolor y el terror”, relató Pérez Ferraz.
En lugar de atender las necesidades básicas, el régimen ha respondido con el envío de tropas especiales, conocidas como boinas negras. Los operativos contra vendedores de carne de res y café han sembrado el miedo entre los pobladores, quienes ven cómo la represión sustituye a la ayuda

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