El dilema del castrismo


Por Librado Linares

El castrismo se enfrenta a un dilema que ya no puede ocultar tras la retórica constitucional de la “irrevocabilidad del socialismo”. La crisis sistémica, el descontento social, el temor latente de una reacción más dura de Estados Unidos y la falta de apoyo real de sus aliados estratégicos lo empujan hacia una posición que, aunque disfrazada de continuidad, empieza a desnaturalizar sus propios presupuestos.

La intervención de Marco Rubio, al citar los principios de Davos, no fue un gesto aislado: fue la advertencia de que Washington conoce las jugadas del castrismo y no aceptará reformas cosméticas. El mensaje es claro: solo cambios verificables abrirán la puerta a un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales.

En este tablero, La Habana intenta ganar tiempo con aperturas parciales y narrativas de soberanía, mientras figuras emergentes como Óscar Pérez-Oliva Fraga sugieren un pragmatismo que contradice la ortodoxia. Pero el reloj corre, y la presión interna y externa no da tregua.

La oposición, por su parte, no puede limitarse a esperar. Su papel será decisivo en el momento en que las grietas del sistema permitan insertarse en la lógica de transición, sea parcial o total. Si no logra articularse dinámicamente, el futuro de Cuba podría quedar definido únicamente por el castrismo y por Washington.

La pregunta ya no es si el castrismo cambiará, sino cuándo y bajo qué condiciones. Y en esa respuesta, la oposición debe estar lista para ocupar el espacio que la historia está a punto de abrir.

Deja un comentario