Por Librado Linares
El campesino como raíz de la nación
El 17 de mayo, Día del Campesino Cubano, invita a reflexionar sobre el papel histórico del campo en la vida económica y social del país. El campesino ha sido símbolo de independencia y sustento, garante de alimentos y materias primas, y motor de la cultura nacional.
Antes de 1959: autonomía y competitividad
La agricultura cubana, aunque limitada por la escasa mecanización, fertilizantes y técnicos especializados, mantenía un rendimiento competitivo en la región.
– La caña de azúcar era el motor económico, con colonos y centrales que dinamizaban la vida rural.
– El tabaco gozaba de prestigio internacional.
– El café, aunque menos extendido, era símbolo de tradición y exportación.
– La ganadería alcanzaba casi una cabeza de ganado por habitante, garantizando carne y leche en abundancia.
Los productos nacionales competían en buena lid con las importaciones, pues no existía el monopolio estatal del comercio exterior. Además, los campesinos y colonos tenían mayores libertades de asociación y autonomía en la gestión de sus tierras. La economía operaba con independencia: ningún político se inmiscuía en las decisiones productivas.
Después de las reformas agrarias
Las dos reformas agrarias repartieron pequeñas parcelas a unos 120 000 campesinos, pero la mayor parte de la tierra fue estatizada y colectivizada. La agricultura quedó subordinada a la planificación central y a las directrices del PCC.
– El encargo estatal obligó a vender gran parte de la producción al Estado a precios fijados.
– Los topes de precios limitaron la rentabilidad.
– La toma de decisiones dejó de ser técnica o económica, y pasó a ser política.
Consecuencias visibles
– Migración rural-urbana: Hoy más del 77% de la población vive en ciudades, dejando despoblado el campo.
– Tierras ociosas: Cientos de miles de hectáreas permanecen sin cultivar por falta de insumos y libertad de gestión.
– Caída de los principales rubros:
– Caña de azúcar: La producción nacional de azúcar quedó por debajo de 127 000 tn, frente a un plan oficial de 229 50 tn. Literalmente un colapso estructural.
– Tabaco: Aunque mantiene prestigio internacional, la producción ha disminuido drásticamente.
– Café: Cuba pasó de exportar café a importar para consumo interno.
– Ganadería: De casi una cabeza de ganado por habitante a menos de 3 millones de reses en total.
Perspectiva histórica
Si la agricultura cubana hubiera mantenido la dinámica de propiedad privada, la competencia abierta y la libertad de asociación, hoy estaría a la vanguardia en América Latina. Con el avance de la maquinaria, la biotecnología y la capacitación técnica, Cuba podría haber alcanzado niveles de productividad muy superiores, garantizando soberanía alimentaria y prosperidad rural.
Además, el campo cubano se enfrenta a un cúmulo de dificultades que lo condenan al atraso: la delincuencia organizada despoja a los campesinos de sus animales y sembradíos; la falta de mecanización obliga a recurrir a la tracción animal; la escasez de combustibles, pesticidas, fertilizantes y sistemas de riego limita la productividad; la ausencia de infraestructura adecuada y un sistema de créditos insuficiente ahogan cualquier iniciativa. A ello se suman caminos deteriorados, carretas obsoletas, deficiencias en el servicio eléctrico, transporte y conectividad, mientras una burocracia asfixiante impone órdenes y una politización ajena que muchos rechazan. Todo este panorama ha traído consigo la pérdida de la cultura campesina: se han apagado las canturrias, el pie forzado, la controversia y otras expresiones que daban identidad y vitalidad al mundo rural cubano.
