Por Librado Linares
La retirada del personal cubano de Venezuela no es un detalle menor: es el símbolo de un régimen que se desmorona y de una alianza que ya no puede sostenerse. Durante dos décadas, La Habana fue el sostén político, médico y de inteligencia del chavismo. Hoy, ese respaldo se evapora, dejando a Delcy Rodríguez más sola que nunca.
El repliegue que desnuda la fragilidad.
Cuba no se va por capricho, se va porque entiende que el terreno venezolano es cada vez más hostil y que su influencia ya no garantiza estabilidad. La salida de médicos y asesores de seguridad es un golpe directo a la estructura que mantenía en pie al gobierno. Programas sociales como Barrio Adentro se tambalean, y la maquinaria de inteligencia pierde uno de sus pilares.
El pueblo habla: encuestas que marcan el rumbo.
Las encuestadoras serias lo confirman: María Corina Machado concentra la preferencia popular, mientras Delcy Rodríguez se hunde en la impopularidad. Este dato no es anecdótico, es la prueba de que los venezolanos quieren transición, quieren cambio, quieren futuro. La aceptación ciudadana hacia María Corina es el verdadero motor de la nueva etapa que se abre.
El regreso de los opositores: un desafío al poder.
María Corina anuncia su retorno, Edmundo González promete volver “como presidente”. Estos gestos no son simples declaraciones: son desafíos directos al poder establecido. Que Delcy los tolere, aunque sea de manera táctica, es una señal de que el régimen ya no puede imponer el silencio absoluto. La oposición regresa porque sabe que el terreno político está cambiando.
Los guardianes del viejo orden.
Pero el chavismo no se rinde sin pelear.
– Diosdado Cabello, con su control de colectivos y estructuras de seguridad, representa la resistencia más férrea.
– Vladimir Padrino López, al mando de la FANB, sigue siendo el garante militar del sistema.
Ambos son los guardianes del viejo orden, los que pueden bloquear la transición o negociar su supervivencia en un nuevo escenario.
El dilema de Venezuela.
El país está en una encrucijada:
– Apertura: permitir el regreso de los opositores y abrir paso a elecciones reales.
– Bloqueo: aferrarse al poder con Cabello y Padrino como escudos.
– Negociación: pactar una transición que preserve cuotas de poder para los viejos actores.
Lo que está claro es que la retirada cubana y la voz de las encuestas marcan el inicio del fin de una etapa. Venezuela ya no es el bastión inexpugnable del chavismo; es un país que se asoma, con todas sus contradicciones, a la posibilidad de un cambio histórico.
