“Mel” Zelaya no sale de una encerrona para
caer en otra. Primero fueron unos militares
encapuchados que en vez de cumplir la orden
de arresto lo secuestraron y deportaron a
Costa Rica internacionalizando,
innecesariamente, la crisis de poderes
interna que experimentaba el país. Quizás
las Fuerzas Armadas de Honduras atribuyeron
un significado diferente al concepto de Plan
Payama al que los poderes civiles querían
realmente enviar al Presidente. Pero ahora
Zelaya parece haber sido secuestrado de
nuevo.
Es difícil acceder a Mel hoy día. La Mata
Hari chavista que tiene por “canciller” es
su actual comunicadora y “body guard”. Su
misión revolucionaria parece ser la de
controlar a este mártir renuente. Actúa como
los ojos y oídos de Hugo Chávez. Cuando
Zelaya se ausenta de la mediación se le
excusa diciendo que posiblemente “ya va en
camino a Honduras” aunque Arias lo haya
localizado en la habitación de un hotel en
Managua y conversado con el depuesto
mandatario unas horas antes. Por estos días
Fidel y Hugo parecen convencidos de que a
Mel tienen que manejarlo “a lo cortito”,
como a los familiares de Elián cuando fueron
a Estados Unidos. No es para menos.
Cuando Caracas y La Habana insisten en
acusar a Estados Unidos del golpe de Estado,
Mel y su esposa Xiomara andan por su lado
agradeciendo el apoyo de la Administración
Obama y su embajada en Tegucigalpa. Si lo
mandan a Washington para incitar a la OEA a
imponer sanciones económicas contra su país
resulta que decide reunirse paralelamente
con Hillary Clinton –de la que Xiomara
siempre ha sido tremenda “fan”- y acepta su
propuesta de meter a Oscar Arias como
mediador. Un verdadero dolor de cabeza, con
sombrero y todo.
Por estos días, dos locuaces ventrílocuos-
Hugo y Fidel- se encargan de expresar lo que
Mel “realmente quiere decir o hacer”. El
hombre ha demostrado que no se le puede
dejar sólo un instante. No es recomendable
darle la menor oportunidad de salirse del
guión asignado porque si no lo hace a la
entrada lo hace a la salida. Para relaciones
públicas prefieren usar a su confiable Mata
Hari.
De hecho sus padrinos parecen desesperados
por deshacerse del personaje o controlarlo
definitivamente. Bien sea facilitando su
transformación en mártir al retornarlo al
pais, o bien trasladándolo a algún lugar
fronterizo desde donde pueda urgir por radio
a sus simpatizantes a ofrendar la vida por
su retorno al palacio presidencial. De
aplicarse esa segunda variante, podrían
ubicar a Mel en alguna selva donde sus
ventrílocuos pudieran finalmente controlar
sus movimientos y lo que dice. Un lugar sin
hoteles ni shoppings en que pudiese
seguir “ripiando” los petrodólares
venezolanos.
A fin de cuentas –y de cuentos- ellos saben
que Mel no es un ideólogo ni genuino
creyente del socialismo del siglo XXI. Por
mucho esfuerzo que haga el Granma es difícil
vender su historia como si fuera Ernesto
Guevara. Zelaya no es más que un corrupto
politiquero tradicional hondureño al que los
cálculos le vienen saliendo mal desde que
–alentado por Hugo y Fidel- se dejó cegar
por la ambición desmedida y decidió
embarcarse en una aventura ajena a sus
verdaderas ideas y naturaleza.
No creo que Manuel Zelaya tenga vocación por
el martirologio al que sus secuestradores
quieren inducirlo. Sus adversarios políticos
debieran meditar sobre ese punto. Quizás lo
que se impone es encontrar el modo de
“rescatar” a Mel y Xiomara de sus
secuestradores del ALBA.