Como si fueran pocos los problemas que
atribulan a Fidel Castro y Hugo Chavez por estos días ahora
tienen que cargar con un
personaje “simbólico”. Eso me dijo un amigo centroamericano
al ver que el depuesto presidente hondureño se hizo presente
en la frontera de su país con Nicaragua sólo para “halar la
cadena”. Cuando hice un esfuerzo por comunicarle el
importante papel de la simbología en el acontecer político
mi interlocutor soltó una carcajada. “Usted siempre con sus
doctrinas intelectuales. En Honduras le llamamos simbólico
al que carece de “bolas”! ¿Me entiende?” Al instante
comprendí su agudo enfoque.
No hay comparación entre la incontenible marcha de Mussolini
sobre Roma y la aspavientosa caravana de Mel con sus autos
refrigerados repletos de prensa internacional y diplomáticos
venezolanos. Eso de exhortar a sus seguidores a “arriesgar
la vida” para juntos emprender el “apoteósico” camino de
Tegucigalpa ya era una desconsideración. Por varios días,
los “zelayistas” tuvieron que atravesar a pie montes y ríos
para evitar los retenes militares y reunirse con su líder.
Pero Mel no llegó siquiera a tocar territorio hondureño –lo
que en realidad pisó fue la franja internacional que separa
a ambos paises- y dejó a su esposa y seguidores “embarcados”
del otro lado. Allí, parado frente al país al que ha llamado
a la insurrección para que le devuelvan la poltrona
presidencial, Zelaya “el simbólico” haló la cadena….y su
heroica imagen desapareció cual agua albañal.
Al pobre hombre no le van bien las cosas. Sus patrocinadores
dan señales de exasperación. Al parecer no están dispuestos
a acomodarlo indefinidamente en hoteles cinco estrellas.
“Que se joda. Pónganlo a acampar en la frontera a ver si
recapacita”. No sería extraño que su esposa Xiomara
albergase preocupaciones más personales. “¿Será que Mel no
tiene motivación suficiente para acudir a la reunificacion
familiar? ¿Tendrá la Patricia Rodas algo que ver en eso?”
Por lo pronto Mel decepcionó a quienes desearían elevarlo a
la categoría de caudillo remacho cuando decidió interrumpir
una conferencia de prensa en la frontera para parlamentar
por celular con su esposa. Cada cual sabe sus problemas,
¿no?
Pero lo que más debe irritar a Caracas y La Habana es que
las indecisiones de Mel han complicado los planes para
provocar una masacre. Sin muertos no hay sed de venganza y
sin odios no hay insurreciones.
La prensa oficial en Cuba y Venezuela insiste en historias
terribles que hablan de cientos de muertos y miles de
detenidos. Ellas nutren los blogs de ciertos “movimientos de
solidaridad” que las difunden sin verificarlas. Hasta el
presente sólo hay reconocidos dos muertos: uno en el
aeropuerto cuando Zelaya exhortó a tomarlo desde un avión
venezolano y otro en la frontera nicaraguense desde donde
Zelaya (sin cruzarla hacia Honduras) exortaba a la
insurrección. Y existe un debate inconcluso sobre la autoría
de esos dos homicidios. El pasado domingo 26 – a apenas 24
horas del show mediático de Mel- en un estadio situado en
las inmediaciones de Tegucigalpa murieron dos personas y
otras seis fueron internadas en hospitales con heridas de
bala tras un tiroteo entre hinchas de los equipos
contendientes. Al parecer el retorno de Zelaya desata menos
pasión que un partido local de fútbol.
Mel haría bien en buscarse otra cobija. El todavía no sabe
con que clase de gente ha venido a dar. A estas alturas
Fidel puede estar evocando sus días del Bogotazo y sopesando
si sería preferible hacer los arreglos pertinentes para
“modificarle la salud” y transformarlo en un nuevo Gaitán.
En su desespero –no hay que subestimarlo- puede recurrir,
como otras veces en su vida, a ideas disparatadas. ¿Quien
sabe? A lo mejor hasta obliga a Mel a retar a Micheletti a
un partido de fútbol en la esperanza de que surja la chispa
que anda buscando.