Principal
¿Qué es la STC?
Declaración de Principios
Archivo
Proyecto Hist-Polt.
Programa de Acción
Revista Desafíos
Nuestras Publicaciones
Nuestra Opinión
Vínculos

 

Revista DESAFIOS
Año 1486
Abril/Junio 2009

Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC)

Vistas Paisajes Cubanos

Relatos breves y otras cosas más.......UN TANGO EN LA HABANA. 

Dr. Antonio Llaca

 

UN TANGO EN LA HABANA.

Espinosa era el individuo más correcto y afable que he conocido, su educación contrastaba con la de los residentes del solar donde vivía y los solares de La Habana, es sabido, son el perfecto microcosmos de la sociedad cubana integrado por gente de los estratos sociales menos favorecidos; viviendo apretujadamente en espacios mínimos hay todas las tendencias políticas, todos los colores, los más disímiles oficios, un amplio abanico de creencias religiosas y todas las preferencias sexuales en una constante mezcla de razas inmersa en una extraña combinación de economía socialista con economía de mercado primitiva en la que a unos les va menos mal y a la mayoría peor como es característico de todo el país.

Con el dinero nunca fue afortunado (como casi nadie en Cuba) a pesar de ser músico de valía por lo que siempre estuvo anclado en el grupo mayoritario, había escogido mal su profesión o nacido en el lugar equivocado porque su vocación artística y pasión de vida eran el TANGO (con mayúsculas) y el inseparable bandoneón en un país cuyo pueblo que se desvive por el rítmico repicar de los tambores; también prefirió el no simpatizar con un gobierno aferrado al poder por décadas y esto último, aunque paradójico, había influido en su carrera artística .

No estaba solo en su empeño musical, es cierto, pero eran muy pocos quienes lo acompañaban en las tertulias de la “Casa del Tango”, una asociación de amantes de la música porteña que se reunían a escuchar a Gardel o a Piazzola o a realizar sus propias interpretaciones de afamados números de este género por allá por la calle Neptuno, o en las presentaciones que hacía con su grupo en cabarets o locales nocturnos de segunda o tercera categoría y de las cuales vivía porque para la televisión, la radio o los grandes teatros no tenia espacio y tampoco estaba solo en su opción política, en el solar un conocido opositor (“el de los derechos humanos” como era llamado en el vecindario) contaba entre sus pocas amistades y ambos, el “tanguero” y el “disidente”, rumiaban con frecuencia sus sueños (tango y democracia), sus aspiraciones (Buenos Aires y Miami) y sus penurias ( la pobreza común).

Fue el “disidente” quien un buen (o mal) día lo trajo a mi consultorio, para el momento en el hospital donde trabajaba un fuerte movimiento contestatario de orientación humanista y cristiana del que yo formaba parte estaba siendo objeto de una de las tantas olas represivas de los últimos tiempos, llegaron en el momento en que solicitábamos públicamente a médicos y enfermeras colaboración y solidaridad para con un grupo de profesores universitarios recientemente expulsados de sus trabajos por razones políticas y esto era demasiado para los “segurosos” de la institución, de inmediato fui llamado junto a otros colegas a “consulta” (interrogatorio) por parte de la “oficial” Mara y otros combatientes del DSE(*) destacados en el hospital lo que me causó un retraso de varias horas en mis actividades normales pero como el que persevera triunfa y el que necesita espera, a la salida del interrogatorio ahí los tenía esperándome.

El examen me tomo algunos minutos y tuve que echar mano de la ayuda de un colega pero el diagnóstico se hacía evidente, Espinosa sufría de una terrible enfermedad que iba destruyendo aceleradamente sus articulaciones y sobre la cual había que actuar a la mayor brevedad así que quedamos en vernos nuevamente al siguiente día para tomarle algunas muestras de sangre y tejidos para biopsias. Los análisis de sangre transcurrieron sin dificultades pero la toma de biopsias debió enfrentar primero el riguroso encuentro con La Negra, la Jefa de Enfermeras del salón de operaciones, una excelente cuarentona trabajadora como la que más pero con una lengua tan hiriente como cuchillo recién afilado y que al parecer era incapaz de controlar.

-Negra por favor prepárame a este señor para una toma de biopsia.

-O.K, respondió y dirigiéndose a mi paciente: ¿cómo se llama Ud.?

-Espinosa, señora.

-¿Edad?

-Sesenta y tantos años.

-¿Y a que se dedica?

-Negra, interrumpí, el señor es un artista, cultiva el tango.

-Pues sería mejor que cultivase plátanos o malanga u otra cosa porque el problema de nosotros es el hambre que estamos pasando, mire usted lo flaco que está, ¿y lo va a operar así?

Era la primera andanada de La Negra y me tomó tan de sorpresa que no pude evitarla.

-Sí Negra, solo se trata de una cirugía menor así que manos a la obra y no hables tanto.

Lo preparó con la diligencia con que habitualmente lo hacía pero no sin dejar de murmurar que había que estar loco para cantar tango con hambre; la intervención transcurrió sin dificultades y en la tarde pude enviar a Espinosa a su querido solar con la indicación de que viniera a vernos diariamente para las curas con lo que mi paciente tuvo que continuar aguantando las andanadas de La Negra y su insistencia en que por fin se dedicara a cultivar algo a su juicio más nutritivo.

Los resultados estuvieron listos pocos días después y no resultaron nada halagüeños, en efecto, con el transcurso de las semanas se apreciaba una seria limitación en la movilidad de las articulaciones de mi paciente quien además aquejaba importantes dolores; Espinosa iba quedando paralizado progresivamente a pesar de los serios esfuerzos que hacíamos por revertir este penoso proceso, meses mas tarde casi había dejado de interpretar sus inolvidables tangos, el bandoneón, instrumento que había tocado durante toda su vida, exigía del ejecutante una formidable agilidad con manos y dedos que ya era incapaz de alcanzar, en su condición actual a duras penas podía alimentarse y vestirse.

Una tarde en que no lo esperaba concurrió nuevamente al hospital, vestía su raido traje, corbata que evidentemente alguien le había anudado y zapatos negros algo gastados por el uso pero perfectamente lustrados, lo acompañaban en esta oportunidad sus amigos del grupo musical.

-He querido tener una muestra de agradecimiento con todos ustedes, dijo, así que me he traído a los muchachos y si no tienen inconvenientes les vamos a interpretar algunas piezas…

-Pues adelante Espinosa, creo que para todos será un verdadero placer escucharlos, y dicho y hecho, rápidamente improvisamos un escenario con algunas sillas en medio del ancho pasillo que conducía a los quirófanos, entretanto los curiosos se iban acercando y aun sin comenzar ya formaban un numeroso grupo en el que se mezclaban pacientes, acompañantes, personal médico y hasta transeúntes, La Negra, también atraída por el tumulto, ocupaba una de las primeras filas y cercano a ella se encontraba “el de los derechos humanos” quien había aparecido casi que por arte de magia.

Antes de comenzar el espontáneo concierto tuve que dirigirme a los presentes con unas breves palabras en las que hice la presentación de los artistas y agradecí el regalo que nos estaban haciendo; Espinosa abrió con su bandoneón del cual extrajo notas de oro mientras era acompañado con no menor brillo por todos los integrantes de su grupo y un joven cantante con melodiosa voz de tenor le ponía alma y corazón a “Uno”, “Volver”, “Caminito”, “Adiós muchachos” y “Mi Buenos Aires querido”.

Me encontraba gratamente sorprendido por la calidad de los ejecutantes pero también profundamente preocupado, sabía el enorme esfuerzo que estaba haciendo Espinosa y los terribles dolores que a duras penas dominaba, algo me decía que este iba a ser su último concierto y en efecto, al concluir Mi Buenos Aires se dirigió a los presentes indicando que esta era su última actuación pero no quería terminar sin dedicarle una canción a una persona muy especial y llamando a su lado a La Negra entonó a dúo con el joven y una voz mucho más potente de lo que hubiera imaginado “Acaricia mi ensueño/ el suave murmullo de tu suspirar,/¡como ríe la vida/si tus ojos negros me quieren mirar! ; el inmortal “El día que me quieras” arrancó gruesas lágrimas que lentamente descendían por las mejillas de La Negra, incapaz de contenerlas, y contagiaron a mas de una de las espectadoras; con: y un rayo misterioso/hará nido en tu pelo/luciérnaga curiosa/que verá...¡que eres mi consuelo..!, terminó la canción y con ella una larga carrera artística, se apagaba el alma del tango en La Habana.

-Gracias a Ud. y a todos, me dijo Espinosa dándome un fuerte abrazo, mañana me voy del solar, viviré lo que me queda en un asilo de ancianos, las monjas cuidarán de mi y allá podrá ir a verme cuando quiera; sabe, siempre tuve la ilusión de poder visitar Buenos Aires o Montevideo pero veo que ya el tiempo se me está acabando, parece que todos guardamos siempre un deseo insatisfecho…

-No piense así Espinosa, atiné a decirle, quizás algún día tendrá la oportunidad, o tal vez no pueda ir Ud. pero en algún momento conocerán de Ud. y de su pasión por el tango en la misma Argentina.

-¡Ojala! , y que al menos así sea…, en fin, hasta la próxima…, suerte y éxitos.

-¡Hasta la próxima!

Ya había finalizado el sencillo concierto y estaba a punto de retirarme cuando fui una vez más detenido por parte de Mara y sus oficiales, el “disidente” y otro colega intensivista también habían caído en la redada , en esta oportunidad la acusación era muy seria, habíamos traído un grupo musical “extranjero” (y las relaciones con extranjeros eran consideradas como algo muy peligroso por parte de los “combatientes”, casi una herejía) para formar un “show” en el hospital; ¿de donde son esa gente?, ¿cómo los trajeron hasta aquí y quien los autorizó?, ¿qué intenciones (ocultas) teníamos al organizar este espectáculo? eran la preguntas que nos martillaban constantemente; nos costó muchísimo trabajo convencer a nuestros interlocutores de que los supuestos extranjeros eran más cubanos que las palmas y aun así siempre les quedó el recelo de que habíamos mentido descaradamente.

Por fin, de regreso a casa, tuve la oportunidad de meditar con calma acerca del desagradable colofón de la tarde, de tangos y de democracia, de las lágrimas de La Negra y de las penurias y valores de nuestra gente, del bandoneón y de La Habana, de Espinosa y su deseo insatisfecho y de que quizás, algún día lo conocerían en la Argentina.

(*) DSE: Departamento de Seguridad del Estado.

©Dr. Antonio Llaca.

Para La Historia Paralela, Bs. As., Argentina.

Nov. /2008

 

 

 

Inicio de página
Retornar a la página principal