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Revista DESAFIOS
Año 1486
Abril/Junio 2009

Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC)

Vistas Paisajes Cubanos

Relatos breves y otras cosas más….Monumento Nacional.

 

Dr. Antonio Llaca

 

MONUMENTO NACIONAL.

Tinguarito es uno de esos pueblitos perdidos en las inmensas llanuras de la América del Sur; con quinientas o seiscientas casas, parque, Iglesia, una vida tranquila, cuatro o cinco mil habitantes y una extensa historia sin nada relevante que mostrar hubiera pasado un larguísimo tiempo más en ese dulce anonimato si el azar, con esas cosas de increíble que tiene, no lo hubiese colocado en medio de las eternas diatribas políticas entre los partidarios del gobierno y la oposición tan comunes por estas tierras.

La cosa ocurrió hace algunos años cuando la principal figura de la oposición se “olió” que el Presidente, con quien había tenido duros enfrentamientos, tenía la firme intención de meterlo en prisión a como diera lugar y, político sagaz al fin, decidió que lo mejor era poner tierra de por medio y huir al extranjero para lo cual escogió la vía de Tinguarito distante solo a pocas horas de marcha de la frontera del país vecino; todo hubiera ido de maravillas ya que el pueblito con su fama de tierra olvidada parecía ser lo más seguro para escapar sin incidentes pero (y siempre hay un pero en toda historia) alguien sopló la noticia al mismísimo Presidente y de inmediato este ordeno una tenaz persecución.

El opositor, hombre pacífico y de leyes, solo atinó a imprimir la máxima velocidad a la camioneta en la que escapaba con seis o siete de sus seguidores pero el combustible alcanzó para justo llegar hasta un abandonado retrete a la entrada del pueblo, allí se atrincheraron y recibieron las andanadas de disparos de las patrullas gubernamentales enviadas a la persecución; con un par de pistolas y viejos revólveres ofrecieron una tenaz resistencia a la tropa armada hasta los dientes hasta que luego de un dilatado combate uno de los fugitivos consiguió hacerse de un anticuado automóvil en el pueblo con el cual completaron la huida.

Horas más tarde y ya con el escenario en calma llegó el Presidente, venía a toda velocidad en su vehículo blindado del cual se bajó para dirigirse directamente al retrete o a lo que quedaba de este; las manos sobre el abdomen como previniendo los cólicos, un tinte verdoso y una mueca entre dolor y desesperación denotaban a las claras que había sido agudamente atacado pero por algún virus, quizás el del miedo, o ameba, los implacables productores de la enfermedad diarreica aguda. Entró tan rápido como pudo al excusado ya casi a punto de experimentar un desenlace desastroso mientras una nueva andanada sacudía el habitáculo pero en esta oportunidad de algo para lo cual estaba mejor preparado y diseñado el recinto.

Minutos más tarde salió ya con un aspecto relajado y la sonrisa satisfecha del que ha cumplido de manera satisfactoria con los imperativos de la fisiología, en fin es que la eminente figura ocupante de la más Alta Magistratura tampoco estaba exenta de los asaltos de microorganismos o temores a veces más peligrosos que los enemigos políticos.

El Presidente convocó de inmediato a todos los pobladores de Tinguarito y allí, en el parque, lanzó uno de sus más encendidos discursos tildando a su oponente de vil, traidor, cobarde y vende patria; habló de cómo tuvo que enfrentarlo, fusil en mano, hasta el mismo retrete en donde se escondía y juró además perseguirlo hasta el final pero esto lo dejó en manos de sus militares ya que nuevos cólicos amenazaban con trastornar la majestad presidencial por lo que optó por dirigirse hacia la capital distrital en busca de auxilio médico.

Por supuesto la imaginería oficial cambió por completo el incidente, historiadores a sueldo y plumíferos de oficio tejieron una complicada leyenda acerca de la participación del Presidente en el incidente en la cual la camioneta de los evadidos resultó trastocada en un “blindado misilistico” y sus pistolas y revólveres en potentes ametralladoras a las cuales se había enfrentado a pecho descubierto la Máxima Figura con valor y arrojo dignos de un verdadero león ante el cual los opositores solo atinaron a huir despavoridos; el incidente adquirió la categoría de verdadera batalla o episodio épico y el excusado alcanzó la dimensión de Monumento Nacional, nadie se habría atrevido a contradecir la “historia oficial” y mucho menos cuestionar la participación presidencial, entretanto el sitio se convirtió en lugar obligado para todos los que por una u otra razón pasaban por la localidad.

Fue bajo estas circunstancias que un fino poeta y destacadísimo hombre de las letras hispanas hubo de visitar Tinguarito, la importante figura y la delegación que le acompañaba fueron objeto de un cálido recibimiento por parte de las autoridades locales con la consabida invitación a visitar el mayor orgullo del pueblo: el “Monumento al Retrete o del Excusado”, donde se había desarrollado uno de los más sangrientos combates de la historia política reciente; allí recibieron la andanada de discursos de Velarde, el Alcalde del pueblo y genuflexo de mayor cuantía cuya pedantería puso al borde de la desesperación a más de uno, el del representante del partido de gobierno y los de otras personalidades locales, todos enmarcados en las pautas de la crónica oficial salpicada con nuevas anécdotas empeñadas en magnificar la participación y dimensión del Presidente pero todos sabiendo la realidad de lo ocurrido, incluyendo al Poeta y su delegación.

La ceremonia concluiría con la firma por parte del ilustre invitado del Libro de Visitantes en el cual le habían pedido que estampara unas breves palabras como recuerdo de tan solemne ocasión las que serian leídas y dadas a conocer de viva voz a todos los habitantes de Tinguarito, no tenía que ser nada muy complicado, le habían dicho, pero si debía ser emotivo.

El hombre de letras con la sencillez y sentido de justicia que lo caracterizaban quiso hacer honor a la Verdad, tras unos segundos de meditación tomó pluma y dirigiéndose al Alcalde escribió:

En este lugar, Velarde

Donde peleó tanta gente

Dió combate aquel “cobarde”

¡Y se c…ó el Presidente!

Rindo honor ante la Historia

A los que de aquí huyeron

Porque serviles no fueron

Y merecieron ¡Victoria!

Los pueblos, que siempre saben la diferencia entre la historia real y la historia “oficial”, en ocasiones tienen reacciones imposibles de predecir; luego de un absoluto silencio alguien por allá comenzó un tímido aplauso al que siguieron otros y otros y otros para por último convertirse en una estruendosa ovación.

©Dr. Antonio Llaca.

Lima. Perú. / Oct.2008.

N. del A.: Cualquier parecido con situaciones o personas vivas o muertas en estas tierras de América del Sur…. es pura coincidencia.

 

 

 

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