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El desastre nacional demanda decisiones audaces con medidas renovadoras.
Sin embargo, el Presidente parece debatirse en serias contradicciones.
Hace casi tres años reconoció la urgencia de cambios, la existencia de
prohibiciones absurdas y, sobre todo, la necesidad de estimular el
trabajo y la producción. Sus generales y subalternos dominan todos los
sectores claves y dan señales de propiciar la apertura económica, pero
siguen con la brida apretada. Raúl Castro se parapeta tras macerados
prisioneros de conciencia y políticos, indefensos opositores pacíficos y
supuestos enemigos externos.
El General se repliega estrepitosamente, abandonando su inicio de
mandato con pensamiento realista, y parece arrellanarse en la seguridad
de su entorno familiar. El estrecho círculo lleva a algunos a cuestionar
si existe realmente un grupo de incondicionales, incluso entre los
históricos, que responden a Fidel Castro o personas con sus propias
ambiciones de poder y sucesión.
Las defenestraciones en los altos niveles, aderezadas con
investigaciones por corrupción y los comentarios callejeros, que en Cuba
sustituyen a las informaciones oficiales y la crónica roja, hablan hasta
de prisión domiciliaria. Si generales, ministros y cuadros del Partido
Comunista durante varios decenios, han perdido la confianza de la máxima
dirección por actuar a su cuenta y riesgo, su irradiación clientelar
hacia los niveles intermedios y bajos conforma una debacle inmensa. Es
la pérdida de moral y el sálvese quien pueda de los regímenes en fase
final. Parece escenificarse la Piñata Sandinista o los preparativos de
los grandes empresarios rusos.
El Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas y todo el proceso de
asambleas preparatorias evidenciaron escandalosamente que el futuro de
Cuba clama por otro sistema. Los jóvenes, termómetro de toda sociedad,
se resisten a ser vapuleados por dirigentes impuestos, sin prestigio,
poder de decisión, programa de cambios ni dispuestos a liberar las
potencialidades que permitan una vida digna, creativa y próspera. No
quieren ser miembros de la UJC. Pero los cuadros machacaron las viejas
consignas para mover la oxidada noria y lograr ascensos.
Raúl Castro utilizó la tribuna del congreso para “parapetarse”. Como él
expresara: “la vacilación es sinónimo de derrota”. ¿Acaso las dilaciones
permanentes del General no son vacilación? ¿Por qué se repliega cada vez
más? Debilidad demuestra su posicionamiento tras el parapeto de la
supuesta subversión y agresión extranjera. Sus enemigos están mucho más
cerca, quizás a unos pasos. Porque quienes ostentan grandes
responsabilidades no osan expresarse por pánico a ser otros Ochoas, de
manera que muy difícilmente conoce quien es quien y donde está cada cual.
Muchos deben sentir la impotencia de no poder estar a la altura de los
requerimientos de la Patria y el pueblo, también los habrá con
ambiciones de provecho personal.
El Presidente reconoció una vez más que “sin una económica sólida y
dinámica, sin eliminar gastos superfluos y el derroche, no se podrá
avanzar en la elevación del nivel de vida de la población.” No obstante,
añadió: “No ignoro que algunos compañeros a veces se desesperan,
deseando cambios inmediatos en múltiples esferas…Debemos evitar que por
apresuramiento o improvisación, tratando de solucionar un problema,
causemos otro mayor.” Ofreció más sacrificios y desempleo para más de un
millón de cubanos e inmediatamente los convocó al gran desfile del 1 de
Mayo. Bien cuidó no ordenar previamente el anuncio sobre quienes
quedarían sin trabajo para garantizar que timoratos vayan a caminar las
calles nuevamente, procurando evitar que la no asistencia marque su
despido.
Los augurios de represión despiadada contra la pacifica oposición
interna, que enfrenta con sus ideas todo el poder de la bien armada y
entrenada policía política, y la reiteración del desprecio por la vida
humana renuevan las circunstancias víspera de la asonada de la Primavera
Negra del 2003, con su correspondiente amenaza a todo el pueblo para
mantenerlo dócilmente explotado. La situación para las autoridades es
mucho más complicada ahora, porque los cubanos ya no creen en las
promesas de cinco decenios y las dilaciones del General. La comunidad
internacional ha despertado de las ilusiones de negocios y cambios
democráticos. Las diatribas del Presidente pretenden ganar tiempo para
la añosa revolución tan desgastada como sus ancianos dirigentes.
La Habana, 7 de abril de 2010
Miriam Leiva
Periodista Independiente
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