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“Las ratas abandonan el
barco”, escribió alguien recientemente. No estoy de acuerdo con la
apreciación que encierra esa frase aplicada a lo que está ocurriendo en
Cuba. Es verdad, Silvio y Pablo exponentes emblemáticos del castrismo
opinan distinto pero eso no los coloca en huida. Ya la reacción hacia
ellos ha sido infernal. Sus canciones revolucionarias identificadas con
la sencillez y la honestidad desde hace tiempo se escriben en las
casonas de la opulencia de Miramar y no en San Antonio de los Baños o en
Bayamo.
El trauma del post castrismo ha comenzado ya. Las generaciones más
jóvenes intentan deslastrarse del peor estigma del totalitarismo, la
represión despiadada. Nada quema más que los vítores a un régimen que
fenece entrampado en sus desvaríos de poder. La juventud dividida entre
los que quieren ver los anunciados cambios. Los que no vacilan en irse
del país agobiados de la estreches de la economía doméstica y la
necesidad de experimentar el éxito personal en otro lugar que le permita
la libertad creativa. Es algo así como la rebelión del hombre nuevo.
De allí que no sorprendan tanto las muestras de rechazo de conocidos y
nuevos actores que convivían complacientes dentro del régimen y que hoy
toma distancia. Señal que revela la crisis de credibilidad interna por
el agotamiento del modelo, la no renovación del discurso y la poca
creatividad en la conducción de la acción política.
Los abusos de poder
Pero las más graves violaciones a los derechos humanos en Cuba, quizás
sean las menos conocidas y denunciadas. Hasta ahora la los derechos más
vulnerados parecen ser la libertad de expresión, de asociación y la
formación de organizaciones políticas y gremiales. Pero la realidad
supera esa visión. Si revisamos la población penal de Cuba es la mayor
del mundo con respecto al tamaño de su población.
Las causas comunes mantienen en las cárceles a cientos de miles de
hombre y mujeres por delitos considerados menores que en cualquier lugar
del mundo se castigan con multas o trabajo comunitario. En mi último
viaje a Cuba me percate que muchos de mis vecinos, conocidos y ex
compañeros de estudios están cumpliendo penas de cárcel. La mayoría de
la raza negra que pagan penas por delitos de hurto, robo, juegos
considerados ilícitos como la lotería y por peligrosidad que es
aplicable a cualquier ciudadano que no tenga trabajo en la isla.
Las señales sin respuesta
Desde hace mucho tiempo la crítica ha venido exhibiendo las inocultables
manchas de la “revolución”, las que sus funcionarios no quisieron
atender con responsabilidad en su momento. Por ejemplo, desde las
manifestaciones más expresivas y sensibles del arte las señales claras
de que algo andaba mal convertían los eventos culturales donde aparecían
en extraños espacios de revelaciones paganas vistas como licencias y
aparente tolerancia.
Temas como el racismo, la persecución político-religiosa, homofobia a
los homosexuales, la intolerancia generalizada ante cualquier rasgo de
incompatibilidad política y social y muchos otros se fueron acumulando y
son hoy una barrera de espinas ante las exigencias de cambio y justicia.
La salida necesariamente será la derrota del régimen.
El barco hace agua y de allí la causa de por qué las ratas abandonan el
barco. Como exprese al principio de este comentario pero la lógica será
encontrar cómo canalizar esas fuerzas y otras ocultas dentro del régimen
para precipitar la crisis del régimen.
La salida necesariamente será la derrota del régimen actual. La etapa de
transición hacia una revolución cultural ciudadana que supere las
limitaciones históricas de la sociedad cubana. Tendrá la tarea
fundamental de crear el paradigma de desarrollo económico, político,
cultural y social. Y además, blindar constitucionalmente el sistema
democrático que permita el reencuentro y la participación de todos los
cubanos en la labor de reconstruir la Patria con reglas claras y el
compromiso moral vinculante de velar por su cumplimiento.
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