CUBA: LA REBELIÓN DEL HOMBRE NUEVO

Luis Manuel Lima

 

“Las ratas abandonan el barco”, escribió alguien recientemente. No estoy de acuerdo con la apreciación que encierra esa frase aplicada a lo que está ocurriendo en Cuba. Es verdad, Silvio y Pablo exponentes emblemáticos del castrismo opinan distinto pero eso no los coloca en huida. Ya la reacción hacia ellos ha sido infernal. Sus canciones revolucionarias identificadas con la sencillez y la honestidad desde hace tiempo se escriben en las casonas de la opulencia de Miramar y no en San Antonio de los Baños o en Bayamo.

El trauma del post castrismo ha comenzado ya. Las generaciones más jóvenes intentan deslastrarse del peor estigma del totalitarismo, la represión despiadada. Nada quema más que los vítores a un régimen que fenece entrampado en sus desvaríos de poder. La juventud dividida entre los que quieren ver los anunciados cambios. Los que no vacilan en irse del país agobiados de la estreches de la economía doméstica y la necesidad de experimentar el éxito personal en otro lugar que le permita la libertad creativa. Es algo así como la rebelión del hombre nuevo.

De allí que no sorprendan tanto las muestras de rechazo de conocidos y nuevos actores que convivían complacientes dentro del régimen y que hoy toma distancia. Señal que revela la crisis de credibilidad interna por el agotamiento del modelo, la no renovación del discurso y la poca creatividad en la conducción de la acción política.

Los abusos de poder

Pero las más graves violaciones a los derechos humanos en Cuba, quizás sean las menos conocidas y denunciadas. Hasta ahora la los derechos más vulnerados parecen ser la libertad de expresión, de asociación y la formación de organizaciones políticas y gremiales. Pero la realidad supera esa visión. Si revisamos la población penal de Cuba es la mayor del mundo con respecto al tamaño de su población.

Las causas comunes mantienen en las cárceles a cientos de miles de hombre y mujeres por delitos considerados menores que en cualquier lugar del mundo se castigan con multas o trabajo comunitario. En mi último viaje a Cuba me percate que muchos de mis vecinos, conocidos y ex compañeros de estudios están cumpliendo penas de cárcel. La mayoría de la raza negra que pagan penas por delitos de hurto, robo, juegos considerados ilícitos como la lotería y por peligrosidad que es aplicable a cualquier ciudadano que no tenga trabajo en la isla.

Las señales sin respuesta

Desde hace mucho tiempo la crítica ha venido exhibiendo las inocultables manchas de la “revolución”, las que sus funcionarios no quisieron atender con responsabilidad en su momento. Por ejemplo, desde las manifestaciones más expresivas y sensibles del arte las señales claras de que algo andaba mal convertían los eventos culturales donde aparecían en extraños espacios de revelaciones paganas vistas como licencias y aparente tolerancia.

Temas como el racismo, la persecución político-religiosa, homofobia a los homosexuales, la intolerancia generalizada ante cualquier rasgo de incompatibilidad política y social y muchos otros se fueron acumulando y son hoy una barrera de espinas ante las exigencias de cambio y justicia.

La salida necesariamente será la derrota del régimen.

El barco hace agua y de allí la causa de por qué las ratas abandonan el barco. Como exprese al principio de este comentario pero la lógica será encontrar cómo canalizar esas fuerzas y otras ocultas dentro del régimen para precipitar la crisis del régimen.

La salida necesariamente será la derrota del régimen actual. La etapa de transición hacia una revolución cultural ciudadana que supere las limitaciones históricas de la sociedad cubana. Tendrá la tarea fundamental de crear el paradigma de desarrollo económico, político, cultural y social. Y además, blindar constitucionalmente el sistema democrático que permita el reencuentro y la participación de todos los cubanos en la labor de reconstruir la Patria con reglas claras y el compromiso moral vinculante de velar por su cumplimiento.


 

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