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El pueblo de Cuba ha despertado del “letargo
revolucionario”. ¡No hay dudas! La salida de Fidel del poder formal
acrecentó la crisis económica, política y generacional. Se abrió la caja
de Pandora que puede terminar el control político y social del régimen.
¿No sé si por la fuerza podrán devolver el “genio” a la botella?
El sistema socialista cubano sucumbe junto con su ineficiente aparato
productivo que no puede sostener las condiciones de subsidio de la
población y menos de los servicios públicos caóticos que en muchos casos
funcionan peor hoy que durante el conocido “periodo especial” y la
percepción de la población de las causas que la provocan están más
relacionas con la burocracia y la corrupción que por la falta de
recursos.
La crisis general de la sociedad cubana es tan evidente que las
manifestaciones de descontento nunca habían tenido tanta resonancia.
Esta vez para mal del régimen se juntaron la crisis económica
internacional y nacional, el efecto político de la salida de Fidel del
poder, el auge de la disidencia organizada, el surgimiento de nuevas
expresiones de inconformidad dentro del oficialismo (Lage-Pérez Roque),
la aparición del movimiento de blogueros y el auge de periodistas
independientes.
Las reflexiones del Jefe de la Revolución no han podido superar las
esperanzas que tienen los cubanos de a pie. La “batalla de las ideas”
está siendo derrotada a diario por las Damas de Blanco y las
manifestaciones pacíficas de opositores que han sido capaces de morir de
hambre por defender sus ideas de justicia. Tampoco Raúl Castro ha
cumplido las expectativas que alimentó el discurso que pronunció en la
toma de posesión: mejorar la gestión y la economía.
Hasta ahora las pocas medidas que se han observado muchas son
impopulares: el racionamiento de combustible, electricidad y la
aplicación de castigos ejemplares a los incumplidores. Por otro lado, el
anuncio de cerrar los comedores para trabajadores y la posibilidad de
eliminar la cartilla o tarjeta de racionamiento.
Nunca, en más de cincuenta años, la “revolución” había dado muestras de
la pérdida del control de los mecanismos administrativos que crearon la
dependencia absoluta de la población del Estado: educación, salud,
producción y distribución de alimentos, empleo, transporte, etcétera.
La venta de teléfonos celulares, la posibilidad de hospedarse en hoteles
para turistas, las tibias medidas en la agricultura, la insuficiente
operatividad de las vías y las unidades de transporte, entre otras
acciones del gobierno, no han sido suficientes para satisfacer las
expectativas de más de once millones de personas que quieren vivir mejor.
La ofensiva represiva
La decisión política de reprimir las manifestaciones de la disidencia
tienen antecedentes funestos en Cuba (recordar los criminales y
bochornosos actos de repudio cuando la crisis del Mariel, 1980) que
resultan más impopulares que cualquiera de las medidas de racionamiento
económico.
“Los cubanos no queremos más guerra entre nosotros, aspiramos es el
dialogo”, escuche decir a un opositor en La Habana. Menos hoy que el
régimen muestra debilidad en sus instituciones que lo limita y obliga a
buscar otras vías de mediación política que sustituya la represión.
Liberar a los presos políticos hubiera evitado la muerte de Orlando
Zapata, impedido la presencia de las Damas de Blanco y Guillermo Fariñas
no estaría en huelga de hambre.
Quizás la aplicación de la represión está muy relacionada con los
cambios de cuadros efectuados por Raúl Castro. La presión por obtener
resultados por parte de sus superiores que los han llevado a cometer
errores, como la golpiza publica a las Damas de Blanco trasmitidos al
mundo por los medios de comunicación. Pues hasta ahora el régimen había
evidenciado “creatividad coercitiva” para disuadir o neutralizar las
manifestaciones opositoras.
La situación actual es muy difícil para el gobierno y los opositores. La
ofensiva emprendida por el régimen es una especie de huida hacia delante
que no contaba con la firmeza de hombres como Orlando Zapata, Guillermo
Fariñas, los hermanos Sigler Amaya y muchos otros que han dicho estar
dispuestos a morir por sus principio. Pero pone en peligro la vida de
líderes insustituibles. Esa decisión y comportamiento no combinan con
los valores de los llamados “mercenarios” y el pueblo lo sabe mejor que
el gobierno.
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