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La Reconciliación Nacional,
La Transición
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Un Proyecto para la Nación
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LA TRANSICIÓN EN CUBA
Mario Rivadulla
Queridos amigas y
amigos unidos y comprometidos por el ideal de una Nueva Cuba:
Antes que nada una
prudente y previsora aclaración. Y es que como entre mis
contadísimas capacidades no figura el don de la presciencia que
permite leer el futuro, no voy a incurrir en la arrogancia de
pretender convertirme en oráculo de un proceso de transición
en Cuba, donde tantos paradigmas y pronósticos han naufragado a
lo largo de estas cuatro décadas y media.
Pero creo que todas
las posibles previsiones sobre la forma, calidad y duración de
ese proceso estarán sujetas básicamente y posiblemente de manera
determinante, a las circunstancias en que se produzca el
fin de la era fidelista, que me atrevo a predecir mas dilatado y
complejo de lo que el deseo de muchos,
de
todos en
definitiva, pudiera alentar.
Por tanto, mas que
arriesgarme a ofrecer pautas sobre las que pudiera enmarcarse y
desarrollarse ese proceso de transición, entiendo mas apropiado
y útil dejar sobre el tapete de la discusión de este
panel, siempre con márgenes amplios de error,
algunas convicciones y muchas
interrogantes.
Aún cuando la
problemática cubana tiene sus propias y muy peculiares
características, pienso que la desaparición del régimen
fidelista, por cualquier vía que se produzca, responderá a un
proceso interno y no podrá escapar a lo que parece ser una
constante histórica en este tipo de regímenes centralizados,
unipersonales y absolutistas que en el caso cubano ha girado
alrededor de una figura tan absorbente y que ha mantenido todos
los hilos de poder en sus manos ya por casi cuarenta y seis
años. Esto es: la lucha por la sustitución dentro del mismo
aparato de poder.
Mi personal
percepción es que el sistema imperante en Cuba más que
fundamentado en una ideología ajena a las tradiciones e
idiosincrasia de su pueblo y para quienes lo conocimos en su
juventud, del propio Fidel, ha sido fruto mas de coyunturas
históricas, sobre todo de la Guerra Fría, que de reales
convicciones y solo ha servido de ropaje para vestir el afán
continuista de la que ya es la mas prolongada dictadura personal
que haya conocido nuestro Continente. Ni el liderazgo ni el
carisma, indiscutibles en el caso de Fidel Castro, se
transfieren ni heredan. La forma en que tenga lugar la disputa
interna por la sustitución así como sus consecuencias y
duración, pudieran considerarse de pronóstico reservado
para usar un prudente termino médico. Pero la transición y su
alcance estarían determinados en buena medida por la disposición
del gobierno sustituto y la forma en que pueda manejar tanto las
presiones internas como las externas, a propiciar dicho proceso.
Aspectos puntuales
dentro de la transición y de inmediata consideración, serían a
nuestro juicio, entre otros, los
siguientes:
-
El gobierno de
transición y el
funcionamiento del
Estado. Son dos
aspectos esenciales
del proceso. ¿Con cuáles
fuerzas
representativas se
integraría ese
gobierno? ¿Cuáles
las
condiciones, el
alcance y
claros
objetivos de su gestión?
Por otra parte, es
evidente que
ese gobierno estará
obligado a
trabajar con
las instituciones
existentes ya
que el
desmantelamiento del
aparato estatal
existente
provocaría una
situación de total anarquía
e infuncionalidad,
si bien deberán
hacerlo con nuevos
mandos y otros
marcos de referencia
ideológicos y
operacionales. Esto último
será para
no pocos una
realidad de difícil
y hasta
traumática
asimilación.
-
La creación
de un marco jurídico
apropiado, que
posiblemente
pudiera ser de inmediato la
propia
Constitución actual
con suspensión
temporal
hasta su
derogación
jurídico constitucional
definitiva
de todos aquellos
preceptos de
carácter represivo
y limitativos de
los derechos
ciudadanos fundamentales
así como todo
posible
elemento en la misma
ajeno a la
idiosincrasia del
pueblo cubano y
nuestros valores
históricos. Esto
así, en tanto se
convoque una
Asamblea Constituyente
que, o bien adopte la
Constitución de 1940, aún
posiblemente la mas
progresista en
toda la América
Latina,
con las
consiguientes
actualizaciones, o una nueva Carta Magna que
sirva de
marco a un Proyecto de la Nueva
Nación Cubana
establecida
sobre bases
modernas,
políticamente
viable,
económicamente
progresista,
socialmente justa
y democráticamente
participativa en
todos los ordenes,
donde fluyan y se respeten
todas
las fuerzas
sociales y
corrientes del pensamiento,
sin exclusiones
ni
prejuicios,
siempre y cuando no
afecten la estabilidad
institucional y
los preceptos
fundamentales de
cubanía.
-
La urgencia de
comenzar a
promover una intensa
campana orientada a
atenuar
los resentimientos y
odios
acumulados a lo largo del régimen
fidelista que han erosionado
profundamente
los
lazos de
las
normales relaciones
humanas en el
seno de la
sociedad cubana y
los afectivos y de
unión en infinidad de
hogares. Trabajar
de manera inmediata,
constante y
consistente por la
reconciliación de
la familia
cubana es una de las
tareas más
prioritarias,
delicadas y dilatadas
a la que hay que
abocarse
desde el mismo
arranque de un
proceso de transición.
Más aún, que
debiéramos
llevar a cabo en el
exilio
desde sus presentes
tímidos
niveles que no han logrado
desterrar
suspicacias y
temores y sembrar
confianza una gran parte
de los cubanos
que
residen en la Isla
sobre las ventajas
del cambio de
sistema económico
político y social
en que actualmente se
desenvuelven.
-
El mantenimiento del orden público,
garantizando
la seguridad
ciudadana,
frenando
la
delincuencia, controlando el narcotráfico,
evitando el
caos y los actos de
retaliación.
- El
cuidadoso desmonte
del aparato de
represión fidelista,
comenzando por
sus elementos mas agresivos,
y su sustitución
gradual
por nuevos
mecanismos
orientados al cumplimiento
de los
fines de salvaguarda
del Estado sin los
elementos de
compulsión ciudadana que han
caracterizado a aquel. Este, sin dudas,
será uno de los
aspectos más comprometedores del
proceso.
- La
desactivación
igualmente progresiva
de toda la
estructura
militar fidelista,
con
su consiguiente
depuración y
desmovilización de
todo el
personal excedente y su
reinserción en la
sociedad como entes
productivos. La
sustitución de
las actuales FAR
por un ejército
profesional,
marginado de las luchas
grupales y
partidarias,
reorientado y
comprometido
con el
sostenimiento de
la institucionalidad
y con una participación
activa en las tareas
sociales. Esta, al
igual que en caso del
aparato represivo,
constituirá una de las
tareas más
complejas que
deberá enfrentar el Proyecto de la Nueva Cuba.
-
La
emigración masiva.
A despecho de lo
que pudiera
suponerse, la salida
abrupta e inmediata
de un gran contingente de
cubanos una vez
levantado el régimen de
restricciones
existente en la Isla, pudiera
ser una
problemática
de gran
trascendencia.
Un
estudio encargado hace algunos años por las
autoridades de la Florida a una agencia especializada
en torno a esta posible eventualidad, concluyó que tan
sólo en la primera semana no menos de un cuarto
de millón de cubanos tratarían de cruzar el Estrecho hacia
territorio norteamericano abordando todo lo que pueda
flotar, tan sólo en la primera semana. Obviamente,
cuando se hizo el estudio todavía el ingreso de
cubanos a territorio norteamericano era tolerado
y aceptado en cualquier forma que se produjese a
diferencia de hoy. Pero el deseo de emigrar de un país donde
se sufre todo tipo de carestías y sin
oportunidades ni esperanzas de progreso
individual está hoy latente sobre todo en los jóvenes
sobreponiéndose al de la promisoria pero sin dudas
trabajosa y dilatada tarea de reformular la nación.
Y esto pudiera sumar tensiones adicionales al proceso
transitorio.
-
La influencia norteamericana. Es obvio que
al término de la era fidelista y dentro de un proceso de
transición -y aún antes, en la misma pugna por la
sustitución- los Estados Unidos tratarán de influir por
todos los medios y de recuperar su condición hegemónica
sobre Cuba, colocándola de nuevo dentro de su contorno
geo-político-económico. Hasta donde estos intentos pudieran
estar orientados -y así será seguramente- al establecimiento
de un gobierno transitorio primero y constitucional después
donde se haga sentir su influencia del modo más
determinante, más que una eventualidad posible debe
considerarse como una realidad innegable. Misión
impostergable será estar alertas para no convertir en servil
una relación que debe tratar de mantenerse lo más
posible y salvando obvias distancias, en el contexto
de países aliados, socios y amigos.
-
El exilio y la disidencia. No menos
prioritario resultará manejar las posibles situaciones de
conflicto entre el exilio y la disidencia, sobre todo
tomando en cuenta que todavía hay de este lado quienes se
obstinan en ignorar las especiales condiciones de acoso y
represión en que se desenvuelve la última, y de las que son
reciente y dolorosa expresión la condena a más de mil 400
años de prisión a 77 disidentes, entre los cuales figuran
periodistas que han rechazado someter sus opiniones a la
férrea censura gubernamental y dirigentes obreros que
también han pretendido rescatar los valores del auténtico
sindicalismo, completamente ignorados cuando no pisoteados
en la Cuba del presente. En modo alguno resultará tarea
fácil convencer a quienes se obstinan en vivir en el pasado
de que la Cuba que dejaron atrás ya no existe ni será más y
que han surgido, allá y aquí, de entonces a la fecha, tres
generaciones nuevas con otras inquietudes y metas, a quienes
esa Cuba del pasado que no conocieron, les resulta tan ajena
como a los jóvenes cubanos de hoy que viven en la Isla la
tan explotada,
abusada
y magnificada
leyenda de la
Sierra
Maestra.
-
Rescate y
preservación de nuestra
identidad
nacional.
Será
necesario
prestar
atención
prioritaria a
este punto, promover la vuelta a
las
esencias
mismas que
inspiraron
las
luchas
redentoristas
y dieron
nacimiento y
sentido de permanencia
a la nación
cubana. Bajo el
régimen fidelista, los
cubanos que viven en la Isla han estado
sometidos a un
proceso de
continua
desinformación y
deformación
política, social,
cultural y
conductual. El
prolongado
exilio
también
ha integrado, sobre
todo a las nuevas
generaciones, a
costumbres, normas y
valores que en no pocos
casos están
divorciados de
nuestras
más
valiosas
tradiciones.
Es bueno
recordar en este sentido que el proceso de una
sana
interacción
cultural entre los pueblos debe
ser mutuamente
enriquecedor,
siempre y
cuando no
contribuya a
desdibujar su
identidad. El
sistema
educativo
nacional
deberá ser
despojado
de todo factor de
transculturación
para
poner
énfasis en los
auténticos y
orgullosos valores
nacionales.
-
Obviamente
todo proceso de
transición
debe tener una
conclusión
política. En el
caso de un
proceso
pluralista y de
opinión
publica, esa no puede
ser otra que
someter tanto la
naturaleza del Estado como la de sus gobernantes al
escrutinio
público. El régimen
transitorio
asumirá la responsabilidad de organizar
y convocar a
ese proceso y
garantizar la
absoluta transparencia
del mismo sin
que se
ejerza ningún tipo
de
violencia ni
obstáculo
para que
cada ciudadano pueda
ejercer sin ningún
género de temor ni presión, el
derecho
soberano a seleccionar
tanto la una como
los otros. Como es natural
será
preciso
dotar
primero a la
convocatoria del marco de
referencia de una
ley
electoral
funcional,
democrática y
pluralista,
previos los
ajustes
constitucionales de
lugar. Un tema de gran interés
será definir el
status legal del
actual
Partido
Comunista
Cubano. De no
menor trascendencia
será el de
viabilizar la
transición de un
electorado
obligado a votar
bajo un régimen de partido
único a un sistema
de selección
plural.
-
Saneamiento y
Reformulación del
Sindicalismo. A los sindicatos
obreros les
corresponde jugar un
papel
determinante en el
Proyecto de la Nueva Cuba.
Será misión de
prioridad particularmente
para
ustedes,
nosotros, porque
yo soy parte de
Solidaridad,
abocarse a
sanear y
reformular el papel de
las organizaciones
de
trabajadores,
dentro
de un concepto moderno
que entre en
sintonía
con el capital y
con el Estado
desempeñando
su papel armonizador,
a fin de
impulsar la
decaída
economía de la
Isla, desarrollando
al máximo
sus
vastas
potencialidades
a fin de crear
fuentes de empleos estables y
justamente
remunerados,
propiciando un
régimen de bienestar
colectivo
que sirva de sólido sustento a un sistema
político y social estable.
No quiero fatigarlos
por más tiempo. Quizás algunos piensen, y no les faltaría razón,
que he sido demasiado exhaustivo y prolijo, por más que todavía
quedan muchos otros temas puntuales sin abordar como es la
corrupción gubernamental de la que Milovan Djilas calificó de
"nueva clase" en los tiempos ya distantes del mariscal Tito,
pero también social de un pueblo obligado a ejercer el raterismo
como medio de sobrevivencia. Seguramente todos ellos serán
objeto de análisis en el curso de este evento tan importante que
evidencia, una vez más, la preocupación y el espíritu de
militancia que anima a los trabajadores cubanos en el exilio, en
particular al Sindicato Solidaridad al que me honro en
pertenecer activamente y en contexto más amplio a la
Confederación Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) que preside
con orgullo de cubanía y notable dedicación y acierto nuestro
compatriota Eduardo García Moure.
A todos, una vez
más, gracias por su infinita paciencia.
Espero no haberlos
defraudado en demasía. |