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El
Amor en los Tiempos de Castro
Capítulo
VIII: ¿Dónde metemos al niño?
Por
Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C
El Castrismo
al desnudo.
Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odise
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Las gestiones para ingresar a Héctor
Augusto en el círculo infantil, institución creada por la Revolución
para recibir y educar a los niños desde meses de nacidos hasta que puedan
incorporarse a la escuela primaria, no marchaban nada bien. Los esposos
comenzaron los trámites cuando el niño cumplió un mes y ya había
pasado el segundo y aún no recibían una respuesta alentadora.
- Mira, compañera, decía Marcia a la
secretaria del sindicato en el centro de trabajo de la arquitecta, una
mañana en que la profesional fue a verla, ya se me está venciendo la
licencia por maternidad y me tengo que incorporar al trabajo; yo necesito
que me agilices ese trámite a ver si puedo ingresar al niño en el
círculo sin que me afecte mi situación laboral.
- Compañera, contestó la
"dirigenta", yo lo único que puedo hacer, ya lo he hecho y es
elevar la solicitud al Municipio para su análisis y determinación; lo
demás queda de parte de ellos.
- Yo te comprendo, compañera, repuso la
arquitecta; pero de lo que se trata es de que tú me des una ayudita y te
llegues al Municipio a ver si esos papeles están detenidos por alguna
razón.
- No compañera, espetó la dirigenta
sindical; aquí yo no estoy para dar ayudita a nadie; en nuestra sociedad
hay un orden de prioridades y ese orden hay que acatarlo. Nuestro
organismo no trabaja a base de ayuditas ni de influencias. Ya todo eso
pertenece al pasado. Las solicitudes se procesan en el orden de llegadas y
se resuelven de acuerdo con las necesidades de las trabajadoras; pero no
existen privilegios ni gestiones por fuera. ¿Para qué cree usted que
murieron los mártires de la Revolución?
- No te pongas así, compañera, añojo la
arquitecta, yo sólo te pedía un favor. Tú no te imaginas lo desesperada
que estoy. Yo estoy trabajando en unos proyectos y no quiero que se me
atrasen más, por eso necesito incorporarme al trabajo lo más pronto que
me sea posible.
- Bueno, mi amor, ese es un problema tuyo y
yo no tengo en mis manos la solución, fue la conclusión de la
entrevista.
Marcia no era de las que se dejan derrotar
muy fácilmente y con el mismo impulso conque salió de la oficina de su
"dirigenta sindical", arrancó para el Municipio a ver a la
Directora Municipal. Por suerte y por casualidad, la directora estaba en
su oficina y la muchacha pudo pasar diciendo que era arquitecta y que
venía a verla para unos proyectos.
- ¿De qué proyectos me viene usted a
hablar, compañera arquitecta?, interrogó la flamante directora.
- En realidad, contestó la joven
profesional, no son proyectos para círculos infantiles, sino para hoteles
y facilidades turísticas; pero es el caso que yo estoy trabajando en esos
proyectos y solicité el ingreso de mi niño en el círculo de la calle 51
y 174 y me han dicho que está a la decisión de usted. Yo he venido a ver
si me puede dar una mano en ese asunto, ya que si no me incorporo, esas
construcciones se pueden atrasar.
A la directora no le gustó el argumento.
Sintió como que la arquitecta había tomado como excusa sus proyectos
para presionarla a que le diera el ingreso del niño en el círculo. - Si
ésta tuviera una gran responsabilidad en esos proyectos, se dijo, no
tuviera necesidad de venir personalmente a pedirme a mí ese ingreso.
Estos recién graduados de la Universidad, se creen demasiado listos y no
saben que ya nosotros pasamos por esa escuela.
- Mira compañera, dijo dándose
importancia; los ingresos en los círculos infantiles se otorgan
estrictamente a base de un escalafón y teniendo en cuenta las plazas
abiertas que tenemos disponibles. Como tú comprenderás, son muchas las
trabajadoras que tienen la misma necesidad que tú tienes y no se puede
por ningún concepto, violar ese escalafón. Si la compañera del
sindicato te dijo que tenías que esperar, eso es lo que tienes que hacer.
Hay que tener confianza en la Revolución y en sus organizaciones.
- Si compañera, dijo Marcia con los ojos
aguados, pero si usted supiera las condiciones en que yo vivo y lo
imposible que me resulta dejar el trabajo para cuidar mi niño, quizás si
me pudiera ayudar en algo.
- Ay mi amor, replicó la directora, si uno
se pusiera a escuchar todas las tragedias que tienen las madres que vienen
a solicitar plazas, no tendríamos cuando acabar. La Revolución hace un
esfuerzo extraordinario para resolverle todos sus problemas al pueblo, a
la clase obrera, pero en medio del criminal bloqueo imperialista, no todos
los problemas se pueden resolver. Hay que sacrificarse y tener confianza
en la Revolución y en Fidel.
Marcia recordó que esa misma charla la
había escuchado varias veces. Cuando la mujer tomó impulso para
continuar con su discurso, la muchacha hizo un esfuerzo para no buscarse
un problema y la cortó gentilmente.
- Siento mucho haberla interrumpido,
compañera. Yo voy a seguir esperando con la misma fe en la Revolución.
Cuando llegó el marido aquella noche, la
pobre mujer estaba destruida. No se atrevía a mencionar el asunto y
sabía que era necesario hacerlo. Por mucho esfuerzo que hizo para que
Héctor no notara su derrota, el hombre se dio cuenta y le preguntó:
- ¿Qué pasa belleza, y esa cara de
tragedia, a qué se debe?
- Mira mi amor, dijo la muchacha; esto se
está poniendo más malo de lo que nos imaginábamos.
- ¿Tuviste problemas con tus tías?
equivocó la ruta el ingeniero.
- Ojalá hubiese sido eso, repuso ella; que
nos han planchado del círculo para Héctor Augusto y según me parece,
eso va a ser para rato.
- ¿Por qué ese presentimiento? indagó el
marido.
- Porque me atreví a ir hasta la
Dirección Municipal de Círculos Infantiles a ver si me ayudaban en la
aprobación del ingreso del niño y parece que a la señora directora no
le gustó.
- ¿Y cómo tú sabes que no le gustó?
quiso saber el marido.
- Mira, mi hijito, repuso la mujer, de esas
cosas yo sí sé y la cara que ella me puso, era como para que no volviera
por allí más nunca en mi vida.
- ¿Y qué vas a hacer ahora cuando se te
venza la maternidad?
- Voy a hablar con mi mamá y mis tías a
ver si ellas me ayudan con el niño por un tiempito hasta que me den la
plaza.
- ¿Cómo? Tronó el ingeniero como si le
hubiesen pisado un cayo. De eso nada, señora arquitecta. Ese hijo lo
cría usted o lo crío yo; pero no va a caer en manos de un consejo de
ancianas para que le amarguen la existencia.
- Héctor, replicó enérgica la muchacha;
fíjate bien lo que estás diciendo. Mi madre es una mujer muy buena que
nos está ayudando mucho y mis tías con todos sus problemas, no son un
consejo de ancianas.
- Todo eso es verdad, Marcia, suavizó
Héctor; pero la crianza de nuestro hijo es y será un problema nuestro.
Si no se resuelve el círculo, tú no puedes comenzar a trabajar. Esto es
horrible; pero piensa lo que sería de nuestro hijito criado con tus tías
y...
- Yo te comprendo mi amor; pero por otro
lado creo que sería un crimen que yo dejara mi carrera y mi profesión
por ese concepto que tú tienes de mis tías y mi madre.
Con el pasar del tiempo, Marcia se ponía
más hermosa. Su belleza juvenil, era ahora más madura; más sobria; más
segura de sí misma. Cuando paseaba con su pequeño por la acera, lo
llevaba bien limpiecito; bien arregladito y toda ella bien compuesta. Las
gentes la miraban con más envidia que admiración. Ella era algo
provocativa. Sus ojos extrañamente verdes, como fondo de un rostro
trigueño de cabellos negros, la hacían parecer a una de esas princesas
orientales de las películas de Hollywood. Los hombres la contemplaban con
deseos poco disimulado. Su marido sentía un orgullo enfermizo al saberse
dueño de una prenda tan codiciada y sobre todo tan fiel.
Las relaciones del matrimonio, sin embargo,
sufrían los embates de una situación insalvable que los enfrentaba a
cada momento por cualquier cuestión por sencilla que pareciera. El
problema del trabajo de Marcia no se había resuelto. La muchacha pidió
un mes de licencia sin sueldo hasta ver si conseguían a alguna persona
preparada que se dedicara a cuidar niños. La licencia comenzaría la
próxima semana y la mujer aún no estaba convencida de ausentarse de su
trabajo. Ella que tanto había anhelado tener una carrera, para ahora
dejarla por la falta de una plaza en un círculo infantil.
- Buenas noches, dijo Jesús al desmontarse
del carrito y venir hacia la puerta de la casucha donde vivían los
esposos. - Dichosos los ojos que la ven compañera.
- Eso podría decir yo, compañero,
replicó la arquitecta. Por lo menos usted tiene carro y puede venir.
Nosotros los pobres tenemos que apretujamos en una guagua para poder ir a
su residencia de la playa.
- Al menos su marido no puede decir lo
mismo, repuso el atleta, ya usted lo puede ver que hasta chofer particular
tiene.
- Algo grande debe haber pasado cuando
usted viene por aquí, repuso la muchacha.
- Pues nada en particular, replicó el
profesor de natación. Vine a ver a mi futuro ahijado y de paso saber
cómo andan las cosas por aquí.
- El futuro ahijado está de lo mejor,
replicó la mujer; la que no está nada bien es la madre.
- Si no es que hay algo oculto, compañera,
repuso el deportista, yo a usted la veo muy bien.
- Bueno, bueno; no vamos a empezar con los
halagos y vamos a dar una vuelta, dijo Héctor que se había quedado algo
rezagado y ahora intervenía en la conversación.
- ¿Y esa vuelta, de dónde sale? preguntó
la esposa en tono curioso.
- Sale mi amor, de que Jesús nos quiere
hacer una visita hace tiempo y nosotros no tenemos donde recibir a nadie.
En el cuartico nuestro no cabe ni una silla y no lo vamos a recibir en la
sala llena de gente. Yo le propuse y él aceptó, que nos llevara a dar
una vueltecita por el Malecón o por Rancho Boyeros y así al menos tiene
tiempo de ver al niño y conversamos aunque sea de pelota.
- Pues para luego es tarde, repuso la linda
mujer y se introdujeron todos en el carrito.
- ¿Qué me cuenta de su trabajo
compañera, preguntó Jesús a la muchacha, una vez hubieron tomado por la
calle 51 rumbo a la calle 100 y de ahí hacia la Ciudad Deportiva, para
luego seguir por la Avenida de Rancho Boyeros.
- Bueno, mi amigo, contestó desconcertada
la muchacha. No sé si mi marido le ha contado; pero la tragedia que se
nos avecina no es como para andarla contando.
- ¿De qué tragedia se trata, Marcia?,
preguntó intrigado el profesor de natación.
- ¿Héctor no le ha contado?
- No, mi amor, intervino el marido; esas
cosas íntimas de la familia, yo no se las cuento a mis amigos.
- Pues si son cosas íntimas, repuso el
atleta, y ustedes piensan que no hay suficiente confianza para que yo las
sepa, olvídenlo.
- Yo no creo que sea para lastimarse.
Jesús, volvió a hablar Héctor; pero como que se trata de una cosa en la
que tú ni tienes parte ni puedes hacer nada, yo no creí necesario
decírtelo.
- OK, repuso el deportista; a otra cosa
mariposa.
- Vamos compañeros, intervino la esposa,
que la sangre no ha llegado al río. Mira Jesús, lo que pasó fue que me
plancharon en el círculo infantil. No solamente me negaron la matrícula
para el niño, sino que probablemente no me la den más nunca y como
consecuencia de eso yo tengo que dejar el trabajo para cuidar a tu
ahijado, porque ni Héctor ni yo, queremos que mis tías y mi mamá sean
quienes lo cuiden.
Jesús recibió aquella noticia con una
mezcla de indignación y de lástima. ¡Qué poca cosa son estos dos
profesionales! y ¡Qué degenerados son algunos funcionarios de este
país!. El no quería humillar ni empequeñecer a estos dos novicios que
se ahogaban en un plato de sopa; pero era necesario que abrieran los ojos,
so pena de perecer ante la más pequeña dificultad.
- ¿Y eso es todo? preguntó a los esposos
como exigiendo una explicación.
- ¿Y tú quieres más?, preguntó azorada
la mujer.
- Miren compañeros, dijo el atleta en tono
admonitorio: Si ustedes no se sacuden; en este país les va a caer
gusanos.
- Yo no te entiendo. Jesús, atajó el
esposo como tratando de lavar alguna culpa.
- Ya me entenderás, ingeniero. Los hechos
son más elocuentes que las charlas, fueron las palabras del deportista.
No se habló durante varios minutos. Jesús
dobló en U donde pudo y retrocedió por toda la Avenida de Rancho Boyeros
hacia la Ciudad Deportiva. Allí se celebraba un evento de la Federación
de Mujeres Cubanas, organismo de masas que agrupa a todas las mujeres del
país y que preside Vilma Espín, esposa del General Raúl Castro, hermano
del Comandante en jefe etc. etc. etc. Este era el organismo que tomaba
decisiones sobre los círculos infantiles. Jesús detuvo su carrito en el
parqueo y antes de salir, le preguntó a la arquitecta que estaba como el
pescado en la plaza:
- ¿Cómo es el nombre del círculo donde
tú quieres que te ingresen a mi ahijado? - Se llama sonrisas al mundo,
contestó ella sin saber a ciencia cierta lo que quería aquel hombre tan
empujador.
El atleta partió decidido hacia el
interior del edificio que estaba adornado con pancartas, consignas,
banderas y todo tipo de propaganda. Se tardó unos cuarenta minutos
durante los cuales el matrimonio se preguntó y contestó cientos de veces
lo que estaba haciendo aquel hombre en un evento de las mujeres. Cuando
regresó, se le notó como si estuviera disgustado, aunque no parecía que
el disgusto fuera con ellos, sino producto de algo que pudiera haber
sucedido adentro del edificio. Después de introducirse en su carrito,
sacó un papelito del bolsillo de la camisa y se lo entregó a Marcia.
- Compañera, dijo en tono autoritario,
lleve al niño mañana al médico a que le den el certificado de
vacunación. Con ese certificado, lleve este papel a esa
"patriota" que la planchó a usted por no tener influencia, para
que le de inmediatamente el ingreso en el círculo infantil.
El matrimonio estaba como petrificado. El
bochorno y la impotencia, pugnaban por opacar la alegría que significaban
las palabras salvadoras de su amigo. Efectivamente, pensaron ambos, los
hechos son más elocuentes que las palabras. La pobre arquitecta estaba
tan apaleada dentro de su alegría, que se atrevió a hacer una pregunta
estúpida:
- ¿Y qué debo hacer si esa patriota me
vuelve a planchar?
- Compañera arquitecta, replicó el
deportista en tono autoritario, vaya y matricule al niño en ese círculo,
que esa patriota le tiene mucho amor a su posición y sus privilegios y no
quiere buscarse problemas con nadie.
El resto del paseo resultó algo tedioso.
El deportista no era de los que aplasta a sus semejantes cuando puede
demostrar su fuerza y resolución. Para él aquello era un trámite tan
rutinario y un problema tan trivial que le parecía imposible que dos
profesionales se vieran detenidos en su vida por ello y lo peor era que
habían aceptado aquella decisión de una burócrata, sin protestarla ni
pelearla. Los esposos, por su parte, acostumbrados a todo recibirlo desde
arriba y a conformarse con su libreta de racionamiento, ya estaban
racionados hasta en sus pensamientos y expresiones. Ellos contemplaban a
Jesús como un ser superior, con poderes sobrenaturales; pero no se
imaginaban que ellos pudieran llegar a lograr lo mismo que el amigo.
Cuando la Directora Municipal de Círculos
Infantiles vio a Marcia aquella mañana esperando por ella en su oficina,
tuvo un presentimiento aterrador. Ya la secretaria le había informado del
papelito que aparentemente la muchacha le había mostrado para que le
diera la entrevista. Se acercó a la arquitecta y no sólo le dio la mano,
sino que la besó antes de preguntarle el motivo de su visita:
- ¿De nuevo por aquí, compañerita?
- Le traje este papel que me pidieron le
entregara personalmente, dijo secamente la arquitecta.
- Ay mi amor, dijo la burócrata en un tono
cuasi confidencial; tu comprendes que si no se reservan algunas plazas
para la dirigencia de la Revolución y para resolver casos como éste que
son de verdadera urgencia, no sabríamos donde íbamos a parar.
- Yo no quisiera que usted...fue a decir la
arquitecta.
- No mi amor, atajó la
"directora". La Revolución es para los Revolucionarios y tú
haces muy bien en acudir a los dirigentes que te conocen para hacer valer
tus derechos y que conozcan tus necesidades. De otra forma, ¿Cómo
podríamos nosotros resolver nuestros problemas si nos pasamos la vida en
el trabajo y no tenemos tiempo de hacer una sola diligencia o gestión en
nuestro provecho? Imagínate, que hace unos momentos estuve pensando
seriamente en un problemita que tengo hace tiempo y no había podido
enfrentarlo por la falta de tiempo. Este trabajo se las trae, mi amor.
Ahora que te veo aquí, me doy cuenta que tú me vienes como caída del
cielo.
La arquitecta sintió que la estaban
acomodando para darle una de aquellas embestidas oportunistas que tanto
ella aborrecía. No sabía lo que se traía aquella burócrata entre
manos, pero la melosidad en su tono y el cambio repentino en su modo de
tratarla, le anunciaban el peligro de verse envuelta en unos favores a los
cuales ella no se prestaría por nada de este mundo.
- ¿Yo, compañera?, dijo casi sorprendida
Marcia; yo en este país no soy capaz de resolver ni una hoja de papel en
blanco.
- Vamos, mi amor, repuso la directora; no
es necesaria tanta modestia entre revolucionarios. Ese papel que tú
conseguiste en menos de 72 horas, no lo resuelve nadie que no tenga
tremenda palanca y bien arriba. Déjate de blandenguería, que estamos
entre familia. Yo lo que te voy a pedir, es mucho menos complicado y no te
va a costar ni media hora de esfuerzos.
La muchacha se sintió aprisionada entre
las redes de aquella burócrata oportunista, que aun sin haberle pedido lo
que buscaba, ya la había arrinconado para lanzarle el golpe. Ella nunca
se había encontrado frente a una situación como ésta. No sabía si
romper la conversación, o seguir escuchando hasta el final. Jesús le
había dicho que "Esa patriota le tiene mucho amor a su posición y
sus privilegios y etc. etc.".
¿Quería decir aquello, que entre sus
privilegios estaba el de pedir o exigir prebendas de las madres de niños
que venían al círculo?
- Que yo sepa, compañera, dijo la
arquitecta, yo soy un simple tornillito en toda la maquinaria de la
Revolución. Por mis manos no pasa nada que le pueda servir a usted para
mejorar la calidad de este círculo.
- Mira, compañerita, dijo la experimentada
burócrata; esos simples tornillitos como tú y como yo, son los que
permiten que toda la maquinaria siga andando. ¿Qué pasaría si le
sacamos ese simple tornillito al carro en medio de la carretera?.
Sencillamente se descocota el carro con todos los pasajeros. ¿Comprendes?
- Si,.. bueno.. yo creo que usted tiene
razón; pero....balbuceó la arquitecta que carecía de argumentos ante la
mordida que se aproximaba.
- Bien, mi amor, atacó decidida la
burócrata, al ver a su contrincante retroceder hacia una esquina del ring
casi noqueada; lo que necesito es bien sencillo. Ustedes tienen unos
libros de construcción de viviendas con recursos propios, que dicen
detalladamente la cantidad de materiales que se necesitan para cada
reparación; construcción o ampliación de una vivienda. Yo necesito que
me consigas una copia de ese libro, para una construcción que quiero
hacer. Lo otro es más sencillo todavía; necesito que me consigas una
copia de un plano para hacer una segunda planta en mi casa. Yo te tengo
aquí el plano de mi casa y lo único que tienes que hacer, es conseguirme
uno de esos planos modelos que tiene el Ministerio de la Construcción
para segundas plantas. Nada de eso te cuesta un par de minutos de tu
trabajo.
- Pero esos documentos están restringidos
y no es posible.... comenzó a decir la atolondrada arquitecta.
- ¿Tú crees que si esos documentos los
vendieran en la bodega o en la carnicería, yo te los tendría que pedir a
ti? preguntó con cierta autoridad la directora.
- Bueno, dijo Marcia toda confundida; la
verdad es que yo voy a ver lo que se puede hacer. - Eso suena más
revolucionario, mi amor; agregó la burócrata que ya se estaba cansando
de tanta blandenguería. Tan pronto tengas el papel de la vacuna, tráeme
al niño. Si te andan con mucho burocratismo para darte el certificado,
tráelo de todas maneras y luego consigues el dichoso papel. Yo no quiero
que estés perdiendo tiempo por esas pequeñeces. Toma el número de mi
teléfono y apunta éste que es de mi casa. Cualquier dificultad que te
encuentres en relación con el niño y el tratamiento que le dan las
instructoras en el círculo, no dejes de llamarme. De aquí en adelante,
tu sabes que vamos a ser buenas compañeras.
Cuando la muchacha abandonó aquella
oficina, tuvo que escupir en la calle para botar el amargo que le había
producido la hipocresía y cinismo de aquella "dirigenta". El
oportunismo de aquella mujer la enfermaba. ¿Sería todo así? No podía
creerlo.
Cuando le contó al marido lo sucedido en
la dirección municipal de círculos, éste se llenó de indignación.
Aquello era como cobrarle un favor por cumplir con su obligación.
Tendrían que hablar con Jesús para que éste le ajuste las cuantas a esa
oportunista.
El ingeniero llegó la tarde siguiente con
su amigo y llamó a su esposa para que ella misma le contara al deportista
el "atrevimiento" y descaro de la directora del círculo.
- ¿Y qué tiene eso de raro? preguntó el
deportista con una sonrisa de tranquilidad en los labios.
- ¿Cómo que qué tiene de raro? intervino
el marido. ¿Tú estás de acuerdo con que esa mujer venga a cobrar
descaradamente el servicio que está prestando al aceptar al niño en el
círculo?
- ¿Y cómo piensan ustedes resolver todos
los problemas que tienen y que tendrán en el futuro? preguntó el
profesor de natación, que cada vez se sentía más perplejo con la
ingenuidad de sus amigos.
- Bueno, compañero, dijo la arquitecta en
tono conciliador; pero algo mordaz; yo lo que quisiera entender cómo es
posible que esa compañera que hace tres días me planchó sin siquiera
escuchar mis lamentos, me venga ahora a pedir y casi exigirme que le
resuelva un libro y un plano.
- Precisamente, dijo el deportista, porque
ahora se ha dado cuenta que usted tiene suficiente poder e influencia para
resolverle. Antes usted no le había demostrado ninguna fuerza. Antes
usted era una infeliz proletaria que no tenía manera de ingresar a su
hijo en un círculo. Ahora ya usted le ha llevado un papel firmado por una
dirigenta nacional de su organismo; por una funcionaría superior a ella.
Ahora usted tiene poder para resolverle a ella y ella se va a aprovechar
de ese poder, como usted se ha aprovechado del suyo de usted. ¿Y sabe lo
que va a pasar ahora? preguntó con malicia.
- ¿Qué va a pasar? preguntó intrigada la
arquitecta.
- Nada del otro mundo, contestó el
deportista. Ahora, cuando usted tenga una amiga que quiera meter a su hijo
en el círculo infantil; usted le manda un papelito a su amiga la
directora, y posiblemente ella le resuelva.
- ¿Entonces tú crees que hay que
conseguirle el libro y los planos a esa mujer? preguntó el ingeniero, que
no cabía de la indignación.
- ¡Claro que hay que conseguírselos!
exclamó el deportista.
- ¿Y qué pasa si no se los consigo?
preguntó la enfurruñada arquitecta.
- Sencillamente, Marcia, contestó el
profesor de natación; que no vas a salir de un problema con tu hijo. Un
día te lo mandan para la casa suspendido por dos semanas porque está
malito de los ojitos. Un día tiene diarrea; otro no hay agua en el
círculo y el otro porque faltó la asistente y en definitivas te la vas a
ver negra. ¿Es que ustedes no se dan cuenta que aquí todo es a base de
favores, influencias, amiguísimos y sociolismos?.
- Pero Jesús, dijo la arquitecta, el
problema es que esos libros y esos planos son del organismo; no son para
el uso particular de un ciudadano. Eso es propiedad del pueblo.
- ¿Y las casas que tienen los dirigentes?
¿Y los carros en que ellos viajan? ¿Y la pintura que usan para pintar
sus casas y sus carros? ¿Y Las fiestas que ellos dan? ¿Y los materiales
que usan para construir sus piscinas y sus casas de la playa? ¿Acaso esas
no son propiedad del pueblo? Marcia, por favor; no me hagas hablar.
FIN DEL CAPITULO VIII
Capítulo
I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto
Capítulo IX: La universidad de la calle...
Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué
incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est
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