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Revista DESAFIOS
Año 1486
Abril/Junio 2009

Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC)

Vistas Paisajes Cubanos

El Amor en los Tiempos de Castro

Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto

Por Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C

  El Castrismo al desnudo. Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odise

Una noche; después de una visita del Profesor de natación a los esposos, para saber cómo seguía Marcia, con quien también había hecho buena amistad, hubo que llevar a ésta a la Clínica de Maternidad de Marianao para que diera a luz. Cuando llegaron, se encontraron con una situación que ninguno había previsto. La clínica estaba en penumbras y toda la barriada estaba a oscuras. Era el acostumbrado apagón al que nadie se acostumbra y del que nadie se puede escapar.

- ¿Qué hacemos ahora Jesús? fue la ingenua pregunta de Héctor, quien no tenía idea de lo que hacer en estas situaciones.

- Por el momento creo que lo mejor es ir y preguntar a ver si esta gente sabe cuanto va a tardar el apagón.

Efectivamente; en la recepción les informaron que el incidente duraría entre dos y cuatro horas; pero que en caso de prolongarse por mucho tiempo, ellos tenían una planta eléctrica auxiliar y que la pondrían en funcionamiento muy pronto si había gasolina en el almacén.

- ¿Y qué pasa si el apagón te coge mientras están efectuando un parto? pregunto aterrado el ingeniero.

- Bueno, compañero, fue la respuesta de la recepcionista que se molestó con la pregunta. Aquí nosotros tenemos nuestros planes de contingencia y le hacemos frente a todas las eventualidades. No tenga miedo, que su esposa va a dar a luz con apagón o sin él.

- Eso lo sabemos nosotros, compañera, replicó displicente el deportista. Nadie puede detener un parto. Lo que pasa es que la esposa del compañero es primeriza y él está muy preocupado.

La planta del hospital comenzó a funcionar y pudieron recibir a la futura madre. Los amigos se quedaron afuera esperando los acontecimientos y mientras se tomaban un café en una cafetería de mala muerte a dos cuadras de la Clínica, se pusieron a arreglar el mundo.

- Ahora si es verdad que el mundo se me viene encima, dijo el Ingeniero. No tengo cómo meter al chamaco en aquel cuartico y la microbrigada me planchó. No quiero volver a meterme tres años de trabajo bruto, trabajando como un animal, para que después vengan los del organismo superior y repartan los apartamentos como les dé la gana. La verdad, chico, no sé lo que voy a hacer.

- Héctor, ripostó el Profesor de natación, ¿Tú no has pensado en la posibilidad de mudarte para Oriente?. Si tú tienes familia por allá; ¿Tú no crees que haya más espacio donde construir un apartamento?. Tú eres Ingeniero; tu mujer es arquitecta. Perdona que me meta en estas cosas; pero yo creo que tú podrías aprovecharte un poquito más de tus posibilidades. Tú estás donde están los materiales de construcción, los obreros, los equipos. Yo veo que otra gente resuelve mientras tú esperas a que los organismos superiores te resuelvan a ti. En esta vida hay que agarrar las cosas y resolver tus problemas. Nadie va a venir a resolverlos por ti.

- Yo he pensado en eso. Jesús; pero la conclusión a la que yo llego es que mudarme para Oriente es retroceder el camino recorrido. Aquí es donde está el progreso; es aquí donde llega el desarrollo. Allá no hay nada. Allá más nunca se va a salir de la miseria.

- ¿Y qué es lo que hay aquí. Qué es lo que tú tienes aquí?

- Eso es cierto, mi socio; pero al menos hay la esperanza de algún día lograr algo; yo no sé. Por otro lado, Marcia es muy tímida. Ella todavía no se ha desprendido del cascarón de su mamá. Siempre me está hablando de su pobre mamá y que si le da miedo que su madre me oiga hablando, que si me puede denunciar y qué sé yo.

- ¿De qué te va a denunciar?. Tú no te das cuenta que todo eso es un tabú; que todo eso es una nebulosa sicológica que le meten a todo el mundo para que no diga nada; para que no proteste; para que no se queje y para que siga arrastrando su miseria sin lamentarse y sin revelarse?. Héctor, aquí lo que hay que hacer es hablar bien de todo lo que se hace y de todo lo que hay. Aplaudir y vitorear al Comandante en Jefe todos los días de tu vida; pero por otro lado tienes que vivir y resolver tus problemas tú mismo. Eso es lo que están haciendo los Ministros, los Generales, los Secretarios del Partido y los Administradores. Eso es lo que hace el más insignificante de los ciudadanos; aplaudir y alabar a la Revolución y después tratar de vivir en la medida de sus fuerzas. Eso es lo que hago yo, mi socio. A mí me importa un carajo la Revolución y el Comandante con todos sus generales y su Comité Central. Por mí se pueden morir todos hoy mismo; pero los aplaudo y los alabo donde quiera que haga falta. Yo tengo que vivir bien como viven todos ellos. Yo tengo que mantener mi carro con piezas y gasolina y mi casa y mis contactos. El día que se pierda todo eso, me voy pal carajo. Así mismito. Esto te lo digo porque tú eres mi socio. Tú eres demasiado noble. Tú tienes que abrir los ojos. Esto es una mierda y más nunca va a mejorar. Mira Ingeniero; yo he viajado el mundo entero. Yo he estado en casi todos los países Socialistas y en muchos países Capitalistas. Yo he participado en todo tipo de eventos deportivos en todos esos países. El Socialismo es igual donde quiera que tú vayas. Cuando tú escuchas a sus dirigentes, es la misma retórica; es la misma charla; es el mismo adoctrinamiento; pero cuando hablas con la gente y esa gente se siente confiada y sabe que te puede decir lo que siente; todos están obstinados y repugnados de la misma babosidad; de la misma pesadilla. Es la miseria oculta por los discursos. Es la ineficiencia que siempre se le inculpa al imperialismo. Es la escasez que siempre se le achaca a los errores y malas intenciones de la contrarrevolución. Es la exigencia de disciplina y sumisión a cambio de una seguridad que sólo garantiza una vida miserable de indigente a quienes se someten. Mientras tanto, la alta dirigencia se pasa la vida en viajes, banquetes, recepciones y conferencias. Ellos no tienen que ir a guapear una mesa en un restaurante. Ellos no tienen que meterse en una microbrigada para conseguir un cuartico para su familia. Ellos tienen casas de visitas; casas para sus familias; casas para sus amantes y cortejas; casas para sus parientes. ¿Para qué te voy a seguir contando, mi amigo?. Yo no quiero atormentarte; lo que quiero es que salgas de tu sueño y te incorpores a la vida. A la vida real. A la vida decente.

- Jesús, dijo Héctor abriendo los ojos como si acabara de despertar de un largo sueño. ¿Y tú me has guardado todos esos pensamientos durante todo el tiempo que te conozco sin que yo me enterara de tu manera de pensar?

- Eso te demuestra, que soy tu amigo; que antes no lo era; que mientras no tuviera confianza en ti, no me iba a lanzar a decirte nada. Yo no quiero ni necesito que tú me guardes secreto alguno. Esto te lo explico para tu bien; pero te puedo aclarar, que si algún día trataras de utilizar esto en mi contra, nadie te va a creer. ¿Sabes porqué?. Porque yo, a pesar de no estar en buena en el aspecto deportivo, porque ya estoy viejo para el deporte, todavía tengo mis conexiones y formo parte de la nómina de la Revolución.

- Y si todo eso que tú me dices es verdad; ¿Porqué tú no te has quedado en uno de esos países capitalistas donde has estado?.

- Tú no entiendes todavía la mecánica, mi socio. Yo soy Ciudadano Americano. Yo nací en Estados Unidos. Mis padres me trajeron para Cuba cuando yo solamente tenía tres años; pero yo tengo derecho a reclamar mi ciudadanía y me la dan inmediatamente. Lo que pasa es que tú no entiendes que éste es el mejor de los países para vivir, cuando se tienen todas las cosas que se necesitan. Yo aquí tengo mi buena casa en la playa por la cual no pago nada. De vez en cuando me doy mi viajecito al extranjero y traigo todo lo que voy a necesitar por un buen tiempo. Tengo buenas relaciones en los organismos que designan a los árbitros y especialistas que van a salir. Yo casi no trabajo; me la paso en eventos por todo el país; me hospedo en buenos hoteles y siempre resuelvo de lo mejor que hay. ¿Qué objetivo tendría quedarme en un país de esos?. Para empezar a trabajar duro, porque mi deporte no tiene muchos ingresos en los países capitalistas. La natación en los países capitalistas es para gente que tiene recursos, piscina, yates etc. Aquí yo tengo todo eso sin tener que comprarlos y con el sueldecito que yo gano, me bandeo, porque casi nunca tengo que pagar por las cosas que consigo. Además, quiero que tú sepas, que una sola visita que yo hago a un país capitalista, me resuelve para vivir un año aquí. ¿Tú te imaginas cuánta gente por ahí está loca por mandarle algo a sus familiares aquí en Cuba?. Yo les resuelvo; yo soy buena gente y en realidad lo soy; pero, amor con amor se paga; ¿tú me comprendes?. Con todo esto te quiero decir/ que el hecho de yo no haberme quedado, no es por patriotismo ni mucho menos, aunque en realidad yo amo a mi patria como la puedes amar tú. Lo que pasa es que además de amarla, vivo muy cómodo aquí y me sobran razones para seguir aquí hasta que las cosas cambien.

- ¿Hasta que las cosas cambien?

- No me interpretes mal, Héctor. Si algún día yo me viera como te ves tú ahora, yo no lo pensaría dos veces y me largaría. Desde luego; yo comprendo que tú no tienes la facilidad que yo tengo.

- Así es la vida. Jesús, Si yo tuviera esa inscripción que tú tienes,, otro gallo cantaría.

- Yo no creo que sea eso, mi socio. Hay un problema de actitud, de formación o de carácter, que hace que unos hombres soporten más que otros; que aguanten más que otros.

- Mira Jesús; ahora que estamos hablando de eso; y yo creo que tú tienes razón en todo lo que dices, te voy a contar una anécdota. Yo, sin decirle nada a Marcia, le escribí a una tía que tengo en los Estados Unidos, para ver si ella está dispuesta a ayudarnos a salir de aquí. ¿Tú sabes lo que me contestó?. Que las leyes de inmigración de los Estados Unidos, no permiten que una tía reclame a un sobrino mayor de edad etc. etc. ¿Tú no crees que es para mandarla al diablo?.

- Ahí tienes, Héctor. Mira a ver si no me estas dando la razón. ¿Qué carajo tiene una tía tuya que ver con tu problema?

- Y qué es lo que tu quieres que yo haga?

- Yo no quiero que tú hagas nada, mi amigo. Yo lo que quiero es que tú te pongas a pensar y saques las conclusiones que quieras; pero tus problemas y los de tu familia son tuyos y el único que los tiene que resolver eres tú; más nadie.

- ¿Qué tú quieres que yo haga?; ¿Que me lance al mar?

- ¿Y porqué no?. Miles lo están haciendo todos los días y muchísimos llegan y resuelven sus problemas.

- ¿Y mi mujer?; ¿Y mi hijo?

- Esos son problemas tuyos Héctor. No me preguntes a mí cómo resolverlos. Pregúntales a los que los han resuelto y verás que de alguna manera se las arreglan. Aquí hay dos caminos como tú muchas veces dices: Uno es arriesgarse y lanzarse a la conquista de lo que tú quieres; el otro es resignarse y aguantar hasta que te echen tierra envuelto en una caja de madera barata en un cementerio del gobierno.

- Está bien Jesús, dijo el ingeniero dándose por vencido. Pero hay algo que yo quisiera saber y no sé si sería indiscreto que te lo preguntara o que tú me lo contaras; de todas maneras me llama la atención el hecho de que tus padres sean revolucionarios como tú dices y que tú pienses de esa manera. - Yo no dije que mis padres sean revolucionarios, ripostó Jesús.

- ¿Y tú no me dijiste que ellos vivían en Estados Unidos y que regresaron al triunfo de la Revolución y te trajeron muy pequeño? - Al menos eso es lo que yo entendí.

- Efectivamente, continuó el deportista. Ellos vinieron ilusionados con el triunfo de la Revolución y en realidad se incorporaron al trabajo y la lucha de todo el pueblo sin ambiciones ni exigencias; pero después las cosas cambiaron.

- ¿Cómo cambiaron? interrogó el joven profesional.

- La historia no es corta, ni fácil, mi amigo, replicó el atleta; pero como que nuestra espera es para largo, te la voy a contar lo más corta que me sea posible. No se cambia de revolucionario para contrarrevolucionario de la noche a la mañana. Es un proceso gradual de decepciones, tropiezos, desengaños, frustraciones y desencantos que te van llevando poco a poco a un estado de rechazo total de lo que una vez fue tu más anhelado sueño.

- ¿Y cómo son esos pasos?, preguntó el ingeniero; sobre todo en una gente que ha dejado el bienestar que se dice hay en los Estados Unidos, para venir para aquí donde se dice que todo es escasez y dificultades.

- Lo que pasa, Héctor, continuó el deportista, es que en Estados Unidos hay una sociedad de abundancia, porque las exigencias del trabajo, de la producción y la productividad, son constantes y hasta crueles. Allí hay que trabajar, luchar y producir si no quieres perecer. El progreso es producto de una implacable competencia de todos contra todos. Los cubanos que llegan a Estados Unidos se encuentran con aquella lucha y se ven forzados a incorporarse a ella porque no quieren perecer. Eso los lleva a progresar e incorporarse a esa sociedad de abundancia que tu mencionas; lo cierto es, que el nivel de vida en Estados Unidos es tremendamente más alto que aquí; pero allí nadie le regala un dólar a nadie. Mis padres lucharon y se incorporaron a aquella sociedad con un nivel de vida superior y con un desarrollo de la Democracia muy superior que lo que existió en Cuba antes de la Revolución e incomparablemente muchas más libertades que las que pudiera soñar cualquier Cubano en estos momentos. Cuando la Revolución, ellos regresaron llenos de entusiasmo y de ilusión por hacer en Cuba, lo que habían visto en Estados Unidos; una sociedad de progreso. Democrática, libertades y sobre todo de oportunidades para que todo aquel que estuviera dispuesto a sacrificarse, a luchar y trabajar duro, fuera capaz de lograr un bienestar en su patria, en su tierra; pero lo que resultó ha sido que el Estado lo ha aprisionado todo, lo ha acaparado todo y aquí no se puede dar un paso sin la decisión de los de arriba que por cierto son los únicos que ven el progreso y el bienestar.

- Sí, Jesús, interrumpió el ingeniero; pero no me negarás que antes de la Revolución en este país no había ni independencia ni soberanía y el Gobierno Revolucionario rescató la patria del coloniaje a que la tenía sometida Estados Unidos.

- Todo eso es lo que a ustedes les enseñan en la Universidad, dijo el deportista. A mí también me lo enseñaron y me lo aprendí igualito que tú; pero escucha esto que te voy a contar. Mi padre aprendió el Inglés en Estados Unidos, Cuando él vino, trajo un radio Transoceánico y a pesar de ser Revolucionario, se mantuvo escuchando las estaciones Norteamericanas que aquí se escuchan clarito. Yo me acostaba en su cama con él y escuchaba las transmisiones desde Estados Unidos. Es cierto que yo no entendía el Inglés; pero algunas cosas se me pegaban, además de las que él me traducía y explicaba cuando había algo interesante. Una tardecita de Octubre, mi padre estaba escuchando música americana y de momento interrumpieron la música para poner al Presidente John R Kennedy que iba a hablar directo desde la casa blanca. Mi padre no cabía de la sorpresa. Eso no sucedía en Estados Unidos, a no ser que se tratara de una emergencia en escala mayor. Kennedy había impuesto un bloqueo naval a Cuba, por la existencia de cohetes nucleares en el país. Los cohetes eran Soviéticos. Cuba había negado la existencia de esos cohetes durante todo el tiempo; pero los aviones espías Americanos los habían detectado y ya se sabía, no sólo de su existencia; sino de su ubicación, alcance, potencia etc. Pero lo peor vino, cuando Nikita Krushov, se puso de acuerdo con Kennedy para retirar los cohetes de Cuba, sin ni siquiera consultarlo con Fidel Castro. Sencillamente los cohetes eran rusos, y los rusos eran los que mandaban en las bases de esos cohetes. ¿De qué soberanía ni de qué independencia pueden estos cínicos hablarle a mi padre, que siguió toda la crisis de los cohetes hasta que los rusos vinieron y se los llevaron de Cuba?. Todavía hay ingenuos que siguen creyendo la fábula de la soberanía y la independencia, sencillamente porque con la censura tan férrea que existe aquí ni siquiera esos acontecimientos tan trascendentales, se lo permitieron conocer a nuestro pueblo. Lo peor de todo eso fue, que Fidel Castro llegó a escribirle a Nikita Krushov proponiéndole que lanzara los cohetes nucleares hacia Estados Unidos, a sabiendas de que si eso sucedía, el primer objetivo que iban a barrer de la faz de la tierra los norteamericanos, era Cuba. Es tanto el odio que ese señor siente hacia Estados Unidos, que no le hubiera importado un comino, que nuestro pueblo entero hubiese sucumbido abrazado por las llamas de la guerra nuclear, con tal de hacerle daño a su enemigo imperialista.

- ¿Y cómo tu sabes todas estas cosas Jesús, preguntó el atolondrado ingeniero.

- Mi padre se ha encargado de explicármelas, respondió el atleta. El quiere que yo tome mis decisiones; pero le interesa mucho que sepa la verdad y no sólo una parte de ella. Claro, Héctor, continuó el profesor; yo he viajado mucho a los Países Socialistas y a los Capitalistas también. Cuando uno se desenvuelve entre la gente y la gente se franquea con uno, se aprenden muchas más cosas de las que tú te puedas imaginar. En todos los países Socialistas hay la misma desilusión y el mismo cansancio. No te vayas a imaginar que eso sucede únicamente aquí en Cuba. Todos los ciudadanos del campo Socialista están obstinados de tanta propaganda y de tanto cinismo.

- Si, replicó el ingeniero; pero en los Países Socialistas de Europa, hay un nivel de desarrollo muy superior al nuestro. El subdesarrollo que nosotros heredamos es lo que más nos afecta, unido al criminal bloqueo económico.

- Si Héctor; objetó con sorna el atleta. Esa es la charla número tres mil. Mira compañero; el desarrollo de los países Socialistas de Europa es el mismo cuento de Hadas que les cuentan a ellos sobre el desarrollo vertiginoso de la economía Cubana. Es cierto que cuando los tanques Soviéticos aplastaron a los ocupantes nazis y se apoderaron de los pueblos de la Europa Oriental y los ocuparon; se encontraron con una cultura y un desarrollo superior al subdesarrollo de un país agrícola como Cuba. A esto hay que unir las devastaciones de la guerra, que no se pueden ocultar; pero la miseria, el atraso, la ineptitud; la falta de libertades y de estímulos; la carencia de toda una serie de artículos de primera necesidad como la mantequilla, grasas, artículos electrodomésticos; los artículos que la sociedad moderna de Occidente bota y tira a la basura; no aparecen para la población de esos desdichados países.

- En cuanto al bloqueo; ahora se está poniendo de moda otra vez porque Gorbachov ha empezado a hablar de precios justos y lo están presionando para que elimine los subsidios que los soviéticos le dan a Cuba/ etc. etc.; pero déjame decirte que lo del bloqueo es un cuento y el primero que lo dijo, fue Fidel Castro en una entrevista con un periodista Italiano de apellido Miná.

- ¿Qué fue lo que dijo? saltó intrigado el ingeniero.

- Pues dijo que el bloqueo era una molestia de segundo orden. Dijo que las posibilidades de restablecer relaciones económicas con Estados Unidos no parecían muy próximas; pero que a Cuba en aquellos momentos no le preocupaba, ya que todas sus zafras estaban muy bien vendidas al campo Socialista y que los cítricos y el níquel también estaban vendidos y que era muy poco lo que Estados Unidos podría ofrecer a Cuba, salvo en el campo del desarrollo de la industria farmacéutica, pues todo el suministro que Cuba necesitaba para su desarrollo y su consumo, estaba garantizado por los planes a largo plazo etc. etc. y yo quiero que tú me digas, ¿Cuándo en tu vida has podido comprar en este país, una cosa que te guste, o que desees, o que te haga falta, o que le quieras regalar a tu esposa o a tu madre, sin tener que pasarte tres noches en una cola o tener que comprarla en la bolsa negra?

El ingeniero estaba tan aturdido, que no parecía despertar de su aturdimiento. Las clases de política y mundología que recibía de labios de aquel sujeto tan multifacético, lo dejaban tan desarmado, que necesitaba una semana de charlas y consejos, para no comenzar a gritar cosas comprometedoras. Regresaron a la clínica después de cuatro horas de conversación y discusiones. El Ingeniero había aprendido más en aquellas cuatro horas con su amigo, que en los cinco años de su carrera. La Universidad de la Calle se estaba imponiendo a la de los libros y los laboratorios. Más justo sería decir, que se estaba incorporando a la anterior.

Cuando llegaron al centro hospitalario, una enfermera los condujo a un salón desde donde se podía ver a través de unos grandes cristales, una hilera de cunitas con cuerpecitos de recién nacidos. Les señaló a una de ellas y Héctor pudo contemplar una figurita que se movía y con los ojitos aún cerrados, parecía mover las manitas como pidiendo acción. Al menos eso fue lo que interpretó el joven profesional.

Al cabo de tres días condujeron a la madre con su bebé al cuartico donde por los milagros de la geometría, habían logrado introducir una cuna en miniatura con mosquitero, maruga y hasta una palanganita nueva, presuntamente para bañar a la criatura. Le tocó a Jesús cargar con el bulto. El joven ingeniero se había encontrado una tabla salvadora en su camino y no pensaba soltarla muy fácilmente. El atleta le estaba tomando un gran afecto a aquel ingenuo profesional, por su sinceridad, candidez y hasta por lo linda que le había resultado su mujer.

Quizás si por hábito, herencia o por ese machismo ancestral que arrastran los hombres latinos desde la cuna hasta la tumba. Jesús había contemplado por primera vez a la esposa de Héctor y ésta lo había impresionado de una manera distinta a como lo impresionaban las otras mujeres. Aquellos ojos tan verdes, como dos piedras sacadas de las entrañas de las rocas colombianas e incrustadas en un rostro de una piel que siendo blanca, exhibía un bronceado natural, que con un fondo frondoso de cabellos negros y brillantes, eran capaces de turbar al más ecuánime de los hombres. El atleta estaba convencido de que jamás le faltaría a su amigo; máxime cuando a él se le sobraban las oportunidades; pero por alguna razón oculta, le daba miedo acercarse demasiado a la pareja. Tendría que mantener la distancia que era lo más caballeroso y profesional.

Los hijos cuando nacen, proporcionan gran felicidad a sus padres, independientemente de su situación económica. Este no podría ser distinto de los demás. La pareja disfrutó de toda una luna de miel con su hermoso bebé. Las peleas de las viejas con el hijo de Myrna; los resabios de Pepa con los vecinos que se quejaban de los abastecimientos; la escasez de agua; la carne que no llegó; las papas que le dieron podridas; el pollo que se pasó y ya el carnicero dice que lo perdieron; la leche cortada; la cocina de kerosén que no enciende y que echa tanto humo que intoxica a toda la familia, especialmente al niño; todo un rosario de hechos y acontecimientos de la vida diaria de una familia promedio; no fueron capaces de eclipsar la alegría y el júbilo que experimentaba aquella pareja cuando se juntaba a contemplar y disfrutar su bebé. Le pusieron por nombre Héctor Augusto. Nadie sabe de donde salió el Augusto; pero de lo que sí estaba todo el mundo seguro era que no provenía de los Césares de Roma.

- Oye mi amor, dijo Marcia una mañana al esposo que se disponía a salir para su trabajo; el médico me dijo que ya el ruño puede comer comiditas hechas como puré de malanga, plátano bien machacado y algunas compoticas etc. etc.

- Eso está de lo más bueno, repuso el ingeniero. ¿Y cómo vamos a conseguir todo eso?

- Bueno, dijo Marcia. Esa es la cosa, que a partir de ahora tenemos que ponernos para conseguir esas cositas para el niño.

- ¿Tú tienes algún plan en concreto? preguntó el marido que ya se imaginaba por donde venía la esposa.

- Bueno, mi hijito, para serte sincera tengo un plancito que sólo necesita de tu aprobación para ponerlo en práctica, continuó la esposa en tono picaresco.

- Y ¿Cuál es ese plan si es que se puede saber? indagó el esposo con curiosidad.

- Pues mira, dijo la joven esposa; es sencillo: Nosotros no fumamos; por la cuota nos tocan dos cajetillas de cigarrillos y dos tabacos cada dos semanas a cada uno; eso nos da 4 cajetillas de cigarrillos y 4 tabacos en dos semanas; o sea, 8 mensuales de cada cosa. Se las damos a Betico el de la bodega y él nos garantiza ocho libras de malanga al mes para Héctor Augusto.

- ¿Y no es demasiado dar 8 cajetillas de cigarrillos y ocho tabacos por ocho libras de malanga? increpó a su esposa el recién entrenado padre.

- Bueno, mi amor, repuso conciliadora la madre; nosotros no vamos a comprar los cigarrillos ni los tabacos; lo que vamos a hacer es darle el derecho a Betico y él por ese derecho, nos entrega las ocho libras de malanga. No olvides que la malanga está por las nubes y no aparece ni en los centros espirituales.

- ¿Y cuál es la segunda parte del plan? indagó el ingeniero.

- Pues nos toca una caja de cerveza cuando viene y una botella de ron. Como tú no eres un gran bebedor; pues le damos a Betico nuestra cuota de cerveza y ron y él nos resuelve las compotas del mes.

- ¿Y al niño no le tocan compotas por la libreta de racionamiento? preguntó curioso el marido.

- Bueno, mi amor; sí le tocan; pero tú sabes como es eso. A veces no llegan completas y a veces ni siquiera vienen. Tú sabes que Betico es tremenda persona; fue el argumento de la madre.

- Sí, ya sé; repuso el Ingeniero. Primero se desaparecen las compotas y luego aparecen a cambio de tu cerveza y de tu ron y al final te la cambian por tu sangre. Y encima de eso le tienes que agradecer por ser tan buena persona.

- No digas eso, mi amor; repuso entristecida la bella mujer. ¿Cómo puedes poner reparos en conseguirle la comida a tu hijito?

- Mira, Marcia, agregó el marido; no vamos a empezar otra discusión de ese tipo. No quiero que nos disgustemos. Haz todo lo que tú quieras que yo ya acepto cualquier cosa.

Aquella expresión, que no era la primera, llenaba de intriga a la joven esposa. ¿Qué estaba pasando por la mente de su marido?. Héctor siempre había sido un joven entusiasta y optimista. Todo lo contemplaba de modo positivo; para todo tenía solución y siempre estaba presto a ayudar y resolver. Ahora lo notaba más desconfiado, taciturno, negativo. En todas las conversaciones, él siempre tenía una crítica mordaz que hacer al sistema. Cualquier decisión de las autoridades, se encontraba con las opiniones negativas del joven ingeniero. Héctor iba a tener problemas serios y eso no iba a tardar mucho tiempo. El corazón se le oprimía a la muchacha de sólo pensar que su marido fuera a tener dificultades con las autoridades. Ella sabía lo honesto y luchador que era su Héctor. Ella sabía que su joven marido era incapaz de hacerle una canallada a nadie. Algo andaba mal y Marcia quería averiguarlo; pero no se atrevía. ¿Qué estará pasando?

FIN DEL CAPITULO VII

Capítulo I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas

Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?
Capítulo IX: La universidad de la calle...
Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est

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