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El
Amor en los Tiempos de Castro
Capítulo
VII: La llegada de Héctor Augusto
Por
Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C
El Castrismo
al desnudo.
Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odise
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Una noche; después de una visita del
Profesor de natación a los esposos, para saber cómo seguía Marcia, con
quien también había hecho buena amistad, hubo que llevar a ésta a la
Clínica de Maternidad de Marianao para que diera a luz. Cuando llegaron,
se encontraron con una situación que ninguno había previsto. La clínica
estaba en penumbras y toda la barriada estaba a oscuras. Era el
acostumbrado apagón al que nadie se acostumbra y del que nadie se puede
escapar.
- ¿Qué hacemos ahora Jesús? fue la
ingenua pregunta de Héctor, quien no tenía idea de lo que hacer en estas
situaciones.
- Por el momento creo que lo mejor es ir y
preguntar a ver si esta gente sabe cuanto va a tardar el apagón.
Efectivamente; en la recepción les
informaron que el incidente duraría entre dos y cuatro horas; pero que en
caso de prolongarse por mucho tiempo, ellos tenían una planta eléctrica
auxiliar y que la pondrían en funcionamiento muy pronto si había
gasolina en el almacén.
- ¿Y qué pasa si el apagón te coge
mientras están efectuando un parto? pregunto aterrado el ingeniero.
- Bueno, compañero, fue la respuesta de la
recepcionista que se molestó con la pregunta. Aquí nosotros tenemos
nuestros planes de contingencia y le hacemos frente a todas las
eventualidades. No tenga miedo, que su esposa va a dar a luz con apagón o
sin él.
- Eso lo sabemos nosotros, compañera,
replicó displicente el deportista. Nadie puede detener un parto. Lo que
pasa es que la esposa del compañero es primeriza y él está muy
preocupado.
La planta del hospital comenzó a funcionar
y pudieron recibir a la futura madre. Los amigos se quedaron afuera
esperando los acontecimientos y mientras se tomaban un café en una
cafetería de mala muerte a dos cuadras de la Clínica, se pusieron a
arreglar el mundo.
- Ahora si es verdad que el mundo se me
viene encima, dijo el Ingeniero. No tengo cómo meter al chamaco en aquel
cuartico y la microbrigada me planchó. No quiero volver a meterme tres
años de trabajo bruto, trabajando como un animal, para que después
vengan los del organismo superior y repartan los apartamentos como les dé
la gana. La verdad, chico, no sé lo que voy a hacer.
- Héctor, ripostó el Profesor de
natación, ¿Tú no has pensado en la posibilidad de mudarte para
Oriente?. Si tú tienes familia por allá; ¿Tú no crees que haya más
espacio donde construir un apartamento?. Tú eres Ingeniero; tu mujer es
arquitecta. Perdona que me meta en estas cosas; pero yo creo que tú
podrías aprovecharte un poquito más de tus posibilidades. Tú estás
donde están los materiales de construcción, los obreros, los equipos. Yo
veo que otra gente resuelve mientras tú esperas a que los organismos
superiores te resuelvan a ti. En esta vida hay que agarrar las cosas y
resolver tus problemas. Nadie va a venir a resolverlos por ti.
- Yo he pensado en eso. Jesús; pero la
conclusión a la que yo llego es que mudarme para Oriente es retroceder el
camino recorrido. Aquí es donde está el progreso; es aquí donde llega
el desarrollo. Allá no hay nada. Allá más nunca se va a salir de la
miseria.
- ¿Y qué es lo que hay aquí. Qué es lo
que tú tienes aquí?
- Eso es cierto, mi socio; pero al menos
hay la esperanza de algún día lograr algo; yo no sé. Por otro lado,
Marcia es muy tímida. Ella todavía no se ha desprendido del cascarón de
su mamá. Siempre me está hablando de su pobre mamá y que si le da miedo
que su madre me oiga hablando, que si me puede denunciar y qué sé yo.
- ¿De qué te va a denunciar?. Tú no te
das cuenta que todo eso es un tabú; que todo eso es una nebulosa
sicológica que le meten a todo el mundo para que no diga nada; para que
no proteste; para que no se queje y para que siga arrastrando su miseria
sin lamentarse y sin revelarse?. Héctor, aquí lo que hay que hacer es
hablar bien de todo lo que se hace y de todo lo que hay. Aplaudir y
vitorear al Comandante en Jefe todos los días de tu vida; pero por otro
lado tienes que vivir y resolver tus problemas tú mismo. Eso es lo que
están haciendo los Ministros, los Generales, los Secretarios del Partido
y los Administradores. Eso es lo que hace el más insignificante de los
ciudadanos; aplaudir y alabar a la Revolución y después tratar de vivir
en la medida de sus fuerzas. Eso es lo que hago yo, mi socio. A mí me
importa un carajo la Revolución y el Comandante con todos sus generales y
su Comité Central. Por mí se pueden morir todos hoy mismo; pero los
aplaudo y los alabo donde quiera que haga falta. Yo tengo que vivir bien
como viven todos ellos. Yo tengo que mantener mi carro con piezas y
gasolina y mi casa y mis contactos. El día que se pierda todo eso, me voy
pal carajo. Así mismito. Esto te lo digo porque tú eres mi socio. Tú
eres demasiado noble. Tú tienes que abrir los ojos. Esto es una mierda y
más nunca va a mejorar. Mira Ingeniero; yo he viajado el mundo entero. Yo
he estado en casi todos los países Socialistas y en muchos países
Capitalistas. Yo he participado en todo tipo de eventos deportivos en
todos esos países. El Socialismo es igual donde quiera que tú vayas.
Cuando tú escuchas a sus dirigentes, es la misma retórica; es la misma
charla; es el mismo adoctrinamiento; pero cuando hablas con la gente y esa
gente se siente confiada y sabe que te puede decir lo que siente; todos
están obstinados y repugnados de la misma babosidad; de la misma
pesadilla. Es la miseria oculta por los discursos. Es la ineficiencia que
siempre se le inculpa al imperialismo. Es la escasez que siempre se le
achaca a los errores y malas intenciones de la contrarrevolución. Es la
exigencia de disciplina y sumisión a cambio de una seguridad que sólo
garantiza una vida miserable de indigente a quienes se someten. Mientras
tanto, la alta dirigencia se pasa la vida en viajes, banquetes,
recepciones y conferencias. Ellos no tienen que ir a guapear una mesa en
un restaurante. Ellos no tienen que meterse en una microbrigada para
conseguir un cuartico para su familia. Ellos tienen casas de visitas;
casas para sus familias; casas para sus amantes y cortejas; casas para sus
parientes. ¿Para qué te voy a seguir contando, mi amigo?. Yo no quiero
atormentarte; lo que quiero es que salgas de tu sueño y te incorpores a
la vida. A la vida real. A la vida decente.
- Jesús, dijo Héctor abriendo los ojos
como si acabara de despertar de un largo sueño. ¿Y tú me has guardado
todos esos pensamientos durante todo el tiempo que te conozco sin que yo
me enterara de tu manera de pensar?
- Eso te demuestra, que soy tu amigo; que
antes no lo era; que mientras no tuviera confianza en ti, no me iba a
lanzar a decirte nada. Yo no quiero ni necesito que tú me guardes secreto
alguno. Esto te lo explico para tu bien; pero te puedo aclarar, que si
algún día trataras de utilizar esto en mi contra, nadie te va a creer.
¿Sabes porqué?. Porque yo, a pesar de no estar en buena en el aspecto
deportivo, porque ya estoy viejo para el deporte, todavía tengo mis
conexiones y formo parte de la nómina de la Revolución.
- Y si todo eso que tú me dices es verdad;
¿Porqué tú no te has quedado en uno de esos países capitalistas donde
has estado?.
- Tú no entiendes todavía la mecánica,
mi socio. Yo soy Ciudadano Americano. Yo nací en Estados Unidos. Mis
padres me trajeron para Cuba cuando yo solamente tenía tres años; pero
yo tengo derecho a reclamar mi ciudadanía y me la dan inmediatamente. Lo
que pasa es que tú no entiendes que éste es el mejor de los países para
vivir, cuando se tienen todas las cosas que se necesitan. Yo aquí tengo
mi buena casa en la playa por la cual no pago nada. De vez en cuando me
doy mi viajecito al extranjero y traigo todo lo que voy a necesitar por un
buen tiempo. Tengo buenas relaciones en los organismos que designan a los
árbitros y especialistas que van a salir. Yo casi no trabajo; me la paso
en eventos por todo el país; me hospedo en buenos hoteles y siempre
resuelvo de lo mejor que hay. ¿Qué objetivo tendría quedarme en un
país de esos?. Para empezar a trabajar duro, porque mi deporte no tiene
muchos ingresos en los países capitalistas. La natación en los países
capitalistas es para gente que tiene recursos, piscina, yates etc. Aquí
yo tengo todo eso sin tener que comprarlos y con el sueldecito que yo
gano, me bandeo, porque casi nunca tengo que pagar por las cosas que
consigo. Además, quiero que tú sepas, que una sola visita que yo hago a
un país capitalista, me resuelve para vivir un año aquí. ¿Tú te
imaginas cuánta gente por ahí está loca por mandarle algo a sus
familiares aquí en Cuba?. Yo les resuelvo; yo soy buena gente y en
realidad lo soy; pero, amor con amor se paga; ¿tú me comprendes?. Con
todo esto te quiero decir/ que el hecho de yo no haberme quedado, no es
por patriotismo ni mucho menos, aunque en realidad yo amo a mi patria como
la puedes amar tú. Lo que pasa es que además de amarla, vivo muy cómodo
aquí y me sobran razones para seguir aquí hasta que las cosas cambien.
- ¿Hasta que las cosas cambien?
- No me interpretes mal, Héctor. Si algún
día yo me viera como te ves tú ahora, yo no lo pensaría dos veces y me
largaría. Desde luego; yo comprendo que tú no tienes la facilidad que yo
tengo.
- Así es la vida. Jesús, Si yo tuviera
esa inscripción que tú tienes,, otro gallo cantaría.
- Yo no creo que sea eso, mi socio. Hay un
problema de actitud, de formación o de carácter, que hace que unos
hombres soporten más que otros; que aguanten más que otros.
- Mira Jesús; ahora que estamos hablando
de eso; y yo creo que tú tienes razón en todo lo que dices, te voy a
contar una anécdota. Yo, sin decirle nada a Marcia, le escribí a una
tía que tengo en los Estados Unidos, para ver si ella está dispuesta a
ayudarnos a salir de aquí. ¿Tú sabes lo que me contestó?. Que las
leyes de inmigración de los Estados Unidos, no permiten que una tía
reclame a un sobrino mayor de edad etc. etc. ¿Tú no crees que es para
mandarla al diablo?.
- Ahí tienes, Héctor. Mira a ver si no me
estas dando la razón. ¿Qué carajo tiene una tía tuya que ver con tu
problema?
- Y qué es lo que tu quieres que yo haga?
- Yo no quiero que tú hagas nada, mi
amigo. Yo lo que quiero es que tú te pongas a pensar y saques las
conclusiones que quieras; pero tus problemas y los de tu familia son tuyos
y el único que los tiene que resolver eres tú; más nadie.
- ¿Qué tú quieres que yo haga?; ¿Que me
lance al mar?
- ¿Y porqué no?. Miles lo están haciendo
todos los días y muchísimos llegan y resuelven sus problemas.
- ¿Y mi mujer?; ¿Y mi hijo?
- Esos son problemas tuyos Héctor. No me
preguntes a mí cómo resolverlos. Pregúntales a los que los han resuelto
y verás que de alguna manera se las arreglan. Aquí hay dos caminos como
tú muchas veces dices: Uno es arriesgarse y lanzarse a la conquista de lo
que tú quieres; el otro es resignarse y aguantar hasta que te echen
tierra envuelto en una caja de madera barata en un cementerio del
gobierno.
- Está bien Jesús, dijo el ingeniero
dándose por vencido. Pero hay algo que yo quisiera saber y no sé si
sería indiscreto que te lo preguntara o que tú me lo contaras; de todas
maneras me llama la atención el hecho de que tus padres sean
revolucionarios como tú dices y que tú pienses de esa manera. - Yo no
dije que mis padres sean revolucionarios, ripostó Jesús.
- ¿Y tú no me dijiste que ellos vivían
en Estados Unidos y que regresaron al triunfo de la Revolución y te
trajeron muy pequeño? - Al menos eso es lo que yo entendí.
- Efectivamente, continuó el deportista.
Ellos vinieron ilusionados con el triunfo de la Revolución y en realidad
se incorporaron al trabajo y la lucha de todo el pueblo sin ambiciones ni
exigencias; pero después las cosas cambiaron.
- ¿Cómo cambiaron? interrogó el joven
profesional.
- La historia no es corta, ni fácil, mi
amigo, replicó el atleta; pero como que nuestra espera es para largo, te
la voy a contar lo más corta que me sea posible. No se cambia de
revolucionario para contrarrevolucionario de la noche a la mañana. Es un
proceso gradual de decepciones, tropiezos, desengaños, frustraciones y
desencantos que te van llevando poco a poco a un estado de rechazo total
de lo que una vez fue tu más anhelado sueño.
- ¿Y cómo son esos pasos?, preguntó el
ingeniero; sobre todo en una gente que ha dejado el bienestar que se dice
hay en los Estados Unidos, para venir para aquí donde se dice que todo es
escasez y dificultades.
- Lo que pasa, Héctor, continuó el
deportista, es que en Estados Unidos hay una sociedad de abundancia,
porque las exigencias del trabajo, de la producción y la productividad,
son constantes y hasta crueles. Allí hay que trabajar, luchar y producir
si no quieres perecer. El progreso es producto de una implacable
competencia de todos contra todos. Los cubanos que llegan a Estados Unidos
se encuentran con aquella lucha y se ven forzados a incorporarse a ella
porque no quieren perecer. Eso los lleva a progresar e incorporarse a esa
sociedad de abundancia que tu mencionas; lo cierto es, que el nivel de
vida en Estados Unidos es tremendamente más alto que aquí; pero allí
nadie le regala un dólar a nadie. Mis padres lucharon y se incorporaron a
aquella sociedad con un nivel de vida superior y con un desarrollo de la
Democracia muy superior que lo que existió en Cuba antes de la
Revolución e incomparablemente muchas más libertades que las que pudiera
soñar cualquier Cubano en estos momentos. Cuando la Revolución, ellos
regresaron llenos de entusiasmo y de ilusión por hacer en Cuba, lo que
habían visto en Estados Unidos; una sociedad de progreso. Democrática,
libertades y sobre todo de oportunidades para que todo aquel que estuviera
dispuesto a sacrificarse, a luchar y trabajar duro, fuera capaz de lograr
un bienestar en su patria, en su tierra; pero lo que resultó ha sido que
el Estado lo ha aprisionado todo, lo ha acaparado todo y aquí no se puede
dar un paso sin la decisión de los de arriba que por cierto son los
únicos que ven el progreso y el bienestar.
- Sí, Jesús, interrumpió el ingeniero;
pero no me negarás que antes de la Revolución en este país no había ni
independencia ni soberanía y el Gobierno Revolucionario rescató la
patria del coloniaje a que la tenía sometida Estados Unidos.
- Todo eso es lo que a ustedes les enseñan
en la Universidad, dijo el deportista. A mí también me lo enseñaron y
me lo aprendí igualito que tú; pero escucha esto que te voy a contar. Mi
padre aprendió el Inglés en Estados Unidos, Cuando él vino, trajo un
radio Transoceánico y a pesar de ser Revolucionario, se mantuvo
escuchando las estaciones Norteamericanas que aquí se escuchan clarito.
Yo me acostaba en su cama con él y escuchaba las transmisiones desde
Estados Unidos. Es cierto que yo no entendía el Inglés; pero algunas
cosas se me pegaban, además de las que él me traducía y explicaba
cuando había algo interesante. Una tardecita de Octubre, mi padre estaba
escuchando música americana y de momento interrumpieron la música para
poner al Presidente John R Kennedy que iba a hablar directo desde la casa
blanca. Mi padre no cabía de la sorpresa. Eso no sucedía en Estados
Unidos, a no ser que se tratara de una emergencia en escala mayor. Kennedy
había impuesto un bloqueo naval a Cuba, por la existencia de cohetes
nucleares en el país. Los cohetes eran Soviéticos. Cuba había negado la
existencia de esos cohetes durante todo el tiempo; pero los aviones
espías Americanos los habían detectado y ya se sabía, no sólo de su
existencia; sino de su ubicación, alcance, potencia etc. Pero lo peor
vino, cuando Nikita Krushov, se puso de acuerdo con Kennedy para retirar
los cohetes de Cuba, sin ni siquiera consultarlo con Fidel Castro.
Sencillamente los cohetes eran rusos, y los rusos eran los que mandaban en
las bases de esos cohetes. ¿De qué soberanía ni de qué independencia
pueden estos cínicos hablarle a mi padre, que siguió toda la crisis de
los cohetes hasta que los rusos vinieron y se los llevaron de Cuba?.
Todavía hay ingenuos que siguen creyendo la fábula de la soberanía y la
independencia, sencillamente porque con la censura tan férrea que existe
aquí ni siquiera esos acontecimientos tan trascendentales, se lo
permitieron conocer a nuestro pueblo. Lo peor de todo eso fue, que Fidel
Castro llegó a escribirle a Nikita Krushov proponiéndole que lanzara los
cohetes nucleares hacia Estados Unidos, a sabiendas de que si eso
sucedía, el primer objetivo que iban a barrer de la faz de la tierra los
norteamericanos, era Cuba. Es tanto el odio que ese señor siente hacia
Estados Unidos, que no le hubiera importado un comino, que nuestro pueblo
entero hubiese sucumbido abrazado por las llamas de la guerra nuclear, con
tal de hacerle daño a su enemigo imperialista.
- ¿Y cómo tu sabes todas estas cosas
Jesús, preguntó el atolondrado ingeniero.
- Mi padre se ha encargado de
explicármelas, respondió el atleta. El quiere que yo tome mis
decisiones; pero le interesa mucho que sepa la verdad y no sólo una parte
de ella. Claro, Héctor, continuó el profesor; yo he viajado mucho a los
Países Socialistas y a los Capitalistas también. Cuando uno se
desenvuelve entre la gente y la gente se franquea con uno, se aprenden
muchas más cosas de las que tú te puedas imaginar. En todos los países
Socialistas hay la misma desilusión y el mismo cansancio. No te vayas a
imaginar que eso sucede únicamente aquí en Cuba. Todos los ciudadanos
del campo Socialista están obstinados de tanta propaganda y de tanto
cinismo.
- Si, replicó el ingeniero; pero en los
Países Socialistas de Europa, hay un nivel de desarrollo muy superior al
nuestro. El subdesarrollo que nosotros heredamos es lo que más nos
afecta, unido al criminal bloqueo económico.
- Si Héctor; objetó con sorna el atleta.
Esa es la charla número tres mil. Mira compañero; el desarrollo de los
países Socialistas de Europa es el mismo cuento de Hadas que les cuentan
a ellos sobre el desarrollo vertiginoso de la economía Cubana. Es cierto
que cuando los tanques Soviéticos aplastaron a los ocupantes nazis y se
apoderaron de los pueblos de la Europa Oriental y los ocuparon; se
encontraron con una cultura y un desarrollo superior al subdesarrollo de
un país agrícola como Cuba. A esto hay que unir las devastaciones de la
guerra, que no se pueden ocultar; pero la miseria, el atraso, la
ineptitud; la falta de libertades y de estímulos; la carencia de toda una
serie de artículos de primera necesidad como la mantequilla, grasas,
artículos electrodomésticos; los artículos que la sociedad moderna de
Occidente bota y tira a la basura; no aparecen para la población de esos
desdichados países.
- En cuanto al bloqueo; ahora se está
poniendo de moda otra vez porque Gorbachov ha empezado a hablar de precios
justos y lo están presionando para que elimine los subsidios que los
soviéticos le dan a Cuba/ etc. etc.; pero déjame decirte que lo del
bloqueo es un cuento y el primero que lo dijo, fue Fidel Castro en una
entrevista con un periodista Italiano de apellido Miná.
- ¿Qué fue lo que dijo? saltó intrigado
el ingeniero.
- Pues dijo que el bloqueo era una molestia
de segundo orden. Dijo que las posibilidades de restablecer relaciones
económicas con Estados Unidos no parecían muy próximas; pero que a Cuba
en aquellos momentos no le preocupaba, ya que todas sus zafras estaban muy
bien vendidas al campo Socialista y que los cítricos y el níquel
también estaban vendidos y que era muy poco lo que Estados Unidos podría
ofrecer a Cuba, salvo en el campo del desarrollo de la industria
farmacéutica, pues todo el suministro que Cuba necesitaba para su
desarrollo y su consumo, estaba garantizado por los planes a largo plazo
etc. etc. y yo quiero que tú me digas, ¿Cuándo en tu vida has podido
comprar en este país, una cosa que te guste, o que desees, o que te haga
falta, o que le quieras regalar a tu esposa o a tu madre, sin tener que
pasarte tres noches en una cola o tener que comprarla en la bolsa negra?
El ingeniero estaba tan aturdido, que no
parecía despertar de su aturdimiento. Las clases de política y
mundología que recibía de labios de aquel sujeto tan multifacético, lo
dejaban tan desarmado, que necesitaba una semana de charlas y consejos,
para no comenzar a gritar cosas comprometedoras. Regresaron a la clínica
después de cuatro horas de conversación y discusiones. El Ingeniero
había aprendido más en aquellas cuatro horas con su amigo, que en los
cinco años de su carrera. La Universidad de la Calle se estaba imponiendo
a la de los libros y los laboratorios. Más justo sería decir, que se
estaba incorporando a la anterior.
Cuando llegaron al centro hospitalario, una
enfermera los condujo a un salón desde donde se podía ver a través de
unos grandes cristales, una hilera de cunitas con cuerpecitos de recién
nacidos. Les señaló a una de ellas y Héctor pudo contemplar una
figurita que se movía y con los ojitos aún cerrados, parecía mover las
manitas como pidiendo acción. Al menos eso fue lo que interpretó el
joven profesional.
Al cabo de tres días condujeron a la madre
con su bebé al cuartico donde por los milagros de la geometría, habían
logrado introducir una cuna en miniatura con mosquitero, maruga y hasta
una palanganita nueva, presuntamente para bañar a la criatura. Le tocó a
Jesús cargar con el bulto. El joven ingeniero se había encontrado una
tabla salvadora en su camino y no pensaba soltarla muy fácilmente. El
atleta le estaba tomando un gran afecto a aquel ingenuo profesional, por
su sinceridad, candidez y hasta por lo linda que le había resultado su
mujer.
Quizás si por hábito, herencia o por ese
machismo ancestral que arrastran los hombres latinos desde la cuna hasta
la tumba. Jesús había contemplado por primera vez a la esposa de Héctor
y ésta lo había impresionado de una manera distinta a como lo
impresionaban las otras mujeres. Aquellos ojos tan verdes, como dos
piedras sacadas de las entrañas de las rocas colombianas e incrustadas en
un rostro de una piel que siendo blanca, exhibía un bronceado natural,
que con un fondo frondoso de cabellos negros y brillantes, eran capaces de
turbar al más ecuánime de los hombres. El atleta estaba convencido de
que jamás le faltaría a su amigo; máxime cuando a él se le sobraban
las oportunidades; pero por alguna razón oculta, le daba miedo acercarse
demasiado a la pareja. Tendría que mantener la distancia que era lo más
caballeroso y profesional.
Los hijos cuando nacen, proporcionan gran
felicidad a sus padres, independientemente de su situación económica.
Este no podría ser distinto de los demás. La pareja disfrutó de toda
una luna de miel con su hermoso bebé. Las peleas de las viejas con el
hijo de Myrna; los resabios de Pepa con los vecinos que se quejaban de los
abastecimientos; la escasez de agua; la carne que no llegó; las papas que
le dieron podridas; el pollo que se pasó y ya el carnicero dice que lo
perdieron; la leche cortada; la cocina de kerosén que no enciende y que
echa tanto humo que intoxica a toda la familia, especialmente al niño;
todo un rosario de hechos y acontecimientos de la vida diaria de una
familia promedio; no fueron capaces de eclipsar la alegría y el júbilo
que experimentaba aquella pareja cuando se juntaba a contemplar y
disfrutar su bebé. Le pusieron por nombre Héctor Augusto. Nadie sabe de
donde salió el Augusto; pero de lo que sí estaba todo el mundo seguro
era que no provenía de los Césares de Roma.
- Oye mi amor, dijo Marcia una mañana al
esposo que se disponía a salir para su trabajo; el médico me dijo que ya
el ruño puede comer comiditas hechas como puré de malanga, plátano bien
machacado y algunas compoticas etc. etc.
- Eso está de lo más bueno, repuso el
ingeniero. ¿Y cómo vamos a conseguir todo eso?
- Bueno, dijo Marcia. Esa es la cosa, que a
partir de ahora tenemos que ponernos para conseguir esas cositas para el
niño.
- ¿Tú tienes algún plan en concreto?
preguntó el marido que ya se imaginaba por donde venía la esposa.
- Bueno, mi hijito, para serte sincera
tengo un plancito que sólo necesita de tu aprobación para ponerlo en
práctica, continuó la esposa en tono picaresco.
- Y ¿Cuál es ese plan si es que se puede
saber? indagó el esposo con curiosidad.
- Pues mira, dijo la joven esposa; es
sencillo: Nosotros no fumamos; por la cuota nos tocan dos cajetillas de
cigarrillos y dos tabacos cada dos semanas a cada uno; eso nos da 4
cajetillas de cigarrillos y 4 tabacos en dos semanas; o sea, 8 mensuales
de cada cosa. Se las damos a Betico el de la bodega y él nos garantiza
ocho libras de malanga al mes para Héctor Augusto.
- ¿Y no es demasiado dar 8 cajetillas de
cigarrillos y ocho tabacos por ocho libras de malanga? increpó a su
esposa el recién entrenado padre.
- Bueno, mi amor, repuso conciliadora la
madre; nosotros no vamos a comprar los cigarrillos ni los tabacos; lo que
vamos a hacer es darle el derecho a Betico y él por ese derecho, nos
entrega las ocho libras de malanga. No olvides que la malanga está por
las nubes y no aparece ni en los centros espirituales.
- ¿Y cuál es la segunda parte del plan?
indagó el ingeniero.
- Pues nos toca una caja de cerveza cuando
viene y una botella de ron. Como tú no eres un gran bebedor; pues le
damos a Betico nuestra cuota de cerveza y ron y él nos resuelve las
compotas del mes.
- ¿Y al niño no le tocan compotas por la
libreta de racionamiento? preguntó curioso el marido.
- Bueno, mi amor; sí le tocan; pero tú
sabes como es eso. A veces no llegan completas y a veces ni siquiera
vienen. Tú sabes que Betico es tremenda persona; fue el argumento de la
madre.
- Sí, ya sé; repuso el Ingeniero. Primero
se desaparecen las compotas y luego aparecen a cambio de tu cerveza y de
tu ron y al final te la cambian por tu sangre. Y encima de eso le tienes
que agradecer por ser tan buena persona.
- No digas eso, mi amor; repuso
entristecida la bella mujer. ¿Cómo puedes poner reparos en conseguirle
la comida a tu hijito?
- Mira, Marcia, agregó el marido; no vamos
a empezar otra discusión de ese tipo. No quiero que nos disgustemos. Haz
todo lo que tú quieras que yo ya acepto cualquier cosa.
Aquella expresión, que no era la primera,
llenaba de intriga a la joven esposa. ¿Qué estaba pasando por la mente
de su marido?. Héctor siempre había sido un joven entusiasta y
optimista. Todo lo contemplaba de modo positivo; para todo tenía
solución y siempre estaba presto a ayudar y resolver. Ahora lo notaba
más desconfiado, taciturno, negativo. En todas las conversaciones, él
siempre tenía una crítica mordaz que hacer al sistema. Cualquier
decisión de las autoridades, se encontraba con las opiniones negativas
del joven ingeniero. Héctor iba a tener problemas serios y eso no iba a
tardar mucho tiempo. El corazón se le oprimía a la muchacha de sólo
pensar que su marido fuera a tener dificultades con las autoridades. Ella
sabía lo honesto y luchador que era su Héctor. Ella sabía que su joven
marido era incapaz de hacerle una canallada a nadie. Algo andaba mal y
Marcia quería averiguarlo; pero no se atrevía. ¿Qué estará pasando?
FIN DEL CAPITULO VII
Capítulo
I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?
Capítulo IX: La universidad de la calle...
Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué
incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est
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