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El
Amor en los Tiempos de Castro
Capítulo
X: Proyecto de un largo viaje
Por
Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C
El Castrismo
al desnudo.
Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odise
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Las clases comenzaron ese mismo día. Por
suerte para el Ingeniero, el Profesor de Natación poseía, no sólo los
conocimientos y el entrenamiento, sino todo el equipo necesario para tales
menesteres: equipo de buceo, patas de rana, tablas de flotar y todo lo que
pudiera imaginarse la mente en ese respecto. El desarrollo intelectual del
alumno, era más que suficiente y su ansia de lograr su objetivo era tan
obsesionante que en pocas semanas ya estaba listo para emprender la
riesgosa misión. La ubicación de ambos cerca de las playas y el hecho de
que estos fueran profesionales que trabajaban en actividades cerca de
allí, facilitó extremadamente su misión, por lo que aquel entrenamiento
fue como unas vacaciones para ambos. Nadie pudo imaginarse que aquel
Profesor de natación, ex-miembro del Equipo Olímpico de Polo Acuático,
con aquel Ingeniero ejecutor de las obras turísticas de las Playas del
Este, se estuvieran preparando para que uno de ellos abandonara el país
por la Base Naval de Guantánamo.
Cuando el entrenamiento estaba llegando a
su fin, fue necesario realizar algunos viajes a la provincia de Oriente.
Ambos jugaron su papel de lo más bien; ya que el Profesor de Natación
tenía relaciones por toda la zona turística de la costa Sur de la
Provincia Oriental y el Ingeniero, con la excusa de apreciar las
construcciones que para esos efectos se realizaban por la zona de Baconao
hasta más al Este de Guantánamo, les resultó fácil conseguir las
facilidades necesarias para bañarse, zambullir, explorar y practicar todo
lo que consideraran necesario para sus fines. Por las relaciones de
Jesús, tuvieron dándose tragos con los guardafronteras. Conocieron los
horarios de estos, los recorridos de las lanchas patrulleras y la cantidad
de "gusanos" que eran capturados a cada rato por los celosos
guardianes de las costas, cuando aquellos intentaban "traicionar la
patria".
- Creo que vamos a tener problemas con la
gasolina, dijo Jesús a su amigo aquella noche por la carretera después
de salir de Victoria de las Tunas rumbo a la Ciudad de Bayamo.
- ¿Qué pasa Jesús? tu siempre has
resuelto con las latas que traías en el maletero, contestó el ingeniero.
- Si; pero le presté una lata a un socio y
no me la devolvió, repuso el deportista. Ahora tenemos que llegar a
Bayamo a ver si encontramos, pues aquí en Tunas no hay gasolina desde
ayer por la mañana y dicen que no viene hasta dentro de dos días.
- ¿Y van a parar toda la ciudad y todo el
transporte por falta de gasolina? preguntó el joven profesional.
- No, mi socio, repuso el atleta; los que
van a parar son los particulares. Los carros estatales y los ganchos
(dirigentes); esos no tienen problemas. Yo tengo problema porque estoy
lejos de mi comedero. Aquí nadie me conoce y no me atrevo a meterles una
línea, no vaya a ser que me la devuelvan y entonces sí tendríamos
problemas.
Efectivamente. A la entrada de Bayamo,
después de pasar el puente del Río Cauto, se quedó sin gasolina el Lada
de Jesús del Prado.
- Compañero, preguntó Jesús a un
transeúnte que pasaba por su lado. ¿Puede decirme donde está el
próximo servicentro?
- Sí, cómo no, compañero, contestó
amablemente el desconocido; está como a seis cuadras de aquí, por la
misma calle ésta. Pero creo que no le van a vender gasolina en esa lata.
- ¿Y Cómo es eso? indagó el ingeniero
que desconocía la mecánica de la gasolina.
- Gracias, compañero, dijo Jesús al
transeúnte. Tate quieto mi socio, dijo dirigiéndose a su amigo. Eso de
la lata yo lo resuelvo. Lo que pasa es que a los dueños de carro que
están parados por falta de gomas o de piezas de repuesto para sus
cacharros, se supone que el gobierno no les de cuota de gasolina; pero
ellos la sacan y después la venden en bolsa negra.
- ¿Y cómo se las arreglan para sacar su
cuota de gasolina si tienen el carro parado? preguntó el futuro nadador.
- Muy sencillo, contestó el atleta que se
desenvolvía en medio de la escasez como un pez en el agua; los dueños de
carro que no están funcionando, son socios de los administradores de los
servicentros que entregan los bonos de gasolina. Claro que esa amistad
cuesta; pero imagínate que treinta o cuarenta choferes que no tengan su
carro andando, vengan y se dejen caer con diez pesos para que le den la
cuota de gasolina. Son $400.00 cada vez que llegan los bonos.
- Y ahora me imagino que nosotros tenemos
que dejarnos caer con algo para que nos despachen la gasolina en la lata a
pesar de estar prohibido, aseveró el ingeniero.
- Tú no eres tan bruto, mi socio, dijo
riendo a carcajadas el deportista. ¿Te das cuenta cómo te estás
aprendiendo las lecciones de mundología?
Cuando se aproximó el momento de la
partida, los amigos se fueron una tarde a conversar a la playa cerca del
trabajo del Ingeniero.
- Mira Jesús, tú eres la única persona
que sabes de esto. Yo quiero que tú estés al tanto de mis noticias para
que se lo comuniques a mi familia. Yo te dejo el número del teléfono de
mi tía. Es preferible que seas tú el que llames desde un teléfono
internacional, para que no te perjudique. Tú puedes dar mi nombre como si
fuera yo el que está llamando. Yo te dejo mi carné de identidad en caso
de que tengas que mostrarlo a la hora de pedir la llamada. Yo creo que si
llego a la Base, en quince días ya yo estoy en casa de mi tía en Miami.
Cuando hayas hablado conmigo, le puedes contar la verdad a mi mujer y
darle la carta que le dejo escrita contigo. Si al llamar no se sabe de
mí, no tienes que darte por enterado para que mi familia nunca sepa que
fuiste tú quien me ayudó en la empresa; pero si sale bien la cosa, se lo
puedes decir a mi mujer, que ella sabe bien lo mucho que nosotros nos
llevamos y la confianza que yo he tenido y tengo en ti. Quiero pedirte de
corazón amigo mío, que me cuides a mi familia. Tú eres la única
persona en quien confío. Cuídame a mi hijo y a mi mujer. Ella se sabe
cuidar; pero la presencia de un amigo y un ser querido como tú has sido
para nosotros, la va a ayudar ahora que se va a sentir tan sola y
abandonada. Por mucho que yo le explico en esta carta que te estoy dando
para ella, siempre me va a culpar por no haberle dicho nada. Tú mejor que
nadie sabes que era necesario. Cualquier indiscreción podía echarlo todo
a perder y todo cuanto estoy haciendo es por ellos. Tú vas a ser mi
confesor. Tú has sido mi consejero. Tú eres mi amigo y dejo en tus manos
la vida de mi mujer y mi hijo. Dios sólo sabe que todo lo hago por ellos.
Jesús no se atrevía a decir palabra
alguna. Aquellas confesiones, aquellas frases encendidas y llenas de amor
hacia su familia, pronunciadas por un viajero que pronto podría ser un
mártir, le lastimaban mucho más de lo que él hubiese imaginado. La
responsabilidad que le pretendía asignar su amigo no estaba en sus planes
y realmente le molestaba; cuidar de la familia de un prófugo, luego que
se supiera que aquel había traicionado a la patria, era algo que no
había previsto. El tomaría la carta y la pondría en el correo para que
ésta llegara a manos de Marcia. El atleta no vislumbraba una relación
entre él y Marcia, donde lo único que hubiera fuese el respeto del amigo
ausente y los deseos de él de ayudar. Esto era demasiado romántico para
él. El nunca había sido un Don Quijote. La amistad que le había
ofrecido y profesado a Héctor, era producto de ser el ingeniero un tipo
ciertamente noble y honesto; pero eso no lo obligaba a él a ser igual que
Héctor. Todo el que se iba, abandonaba la nave y el grito que se oía
entre los que quedaban era el "Sálvese Quien Pueda" ¿De dónde
sacaba este ingeniero que él iba a poder sacar a su familia pronto y que
su mujer se lo iba a creer y le iba a guardar fidelidad durante ese
tiempo? ¡Qué iluso era este pobre diablo! Esa mujercita de él; esa
hembra tan provocadora y autosuficiente no iba a perder su tiempo
esperando por las calendas Griegas. ¿Para qué ponerse a exprimirse el
cerebro antes de que las cosas sucedan? ¿Porqué tratar de cruzar el
puente antes de llegar? Era preferible esperar a que los acontecimientos
se desencadenaran y entonces ver qué era lo que habría que hacer.
- No te pongas demasiado trágico, dijo
Jesús. Tú verás que todo va a salir bien y pronto estarás con tu
familia. Posiblemente cuando estén allá en la Yuma, ninguno de ustedes
se acuerda de mí.
Los amigos partieron de viaje hacia la
Provincia Oriental como de costumbre. Ya lo habían hecho en otras
ocasiones y la familia del Ingeniero se había acostumbrado a aquellas
ausencias del esposo por varios días. Eran las obligaciones de un
profesional revolucionario a las cuales todo el mundo se adapta. A la
segunda noche de estar por aquellos lugares a los cuales ya se habían
acostumbrado a recorrer, se despidieron los amigos con un abrazo. Héctor
partió por el agua rumbo a la Base Naval de Guantánamo. Jesús regresó
a su carrito, se montó y partió hacia la capital. Ya lo habían recogido
todo y se habían despedido. No habría sospecha. Todo había sido
preparado. Faltaba ahora, esperar.
El regreso fue una tortura para el
deportista. Se sentía responsable de una aventura de la cual podrían
salir muchas cosas. Si salía bien, nadie debía saber de su
participación. Si fracasaba, tendría la responsabilidad de velar por
aquella familia a la cual había llevado a la desgracia por su afán de
hacer bien. ¿Quién lo había metido en todo esto?. Ahora lo peor era que
tendría que jugar un papel al cual él no estaba acostumbrado. Tenía que
ausentarse de la casa de su amigo hasta que no se supiera de los
resultados de su aventura. Tendría que esconderse de Marcia. Ella no
debía saber que él estaba de regreso en la capital, hasta que pasaran
por lo menos quince días y se supiera del paradero de Héctor, si por fin
aparecía. Ella tenía su número de teléfono. Por supuesto, que ella lo
suponía a él por Oriente con su marido; pero bien pudiera pensar que él
había regresado y le diera por llamarlo. En este caso tendría que
empezar a mentir. ¡Qué problemas!
Diez días después de la partida, el
deportista no se atrevía a llamar a nadie ni mucho menos ir a visitar a
la esposa de su amigo. El trato había sido esperar quince días. Era un
tiempo razonable y no se podía romper la promesa. Por la noche hizo algo
que nunca había hecho. Conectó el radio y buscó afanoso la estación
Radio Martí. Quizás si por esa vía pudiera conocer algo para orientar a
la familia del amigo ausente. Con mucho trabajo; a escondidas para que la
mujer en el otro cuarto no lo escuchara. Jesús sintonizó las noticias
que venían del Continente Americano. No dijeron nada de la llegada de
cubanos a la Base Naval. Por suerte Jesús vivía solo. Ocasionalmente
traía una amiga a pasarse algunos días en la casona de playa que el
mismo disfrutaba; pero nunca había contraído un compromiso formal. Los
viajes constantes y la vida errante que había adoptado desde su época de
deportista, lo habían apartado de la vida hogareña. Además, le
repugnaba la idea de que alguna mujer se fuera a acercar a él, por el
afán de las cosas buenas que el mismo disfrutaba por su situación
privilegiada.
Al otro día estaba almorzando cuando sonó
el teléfono. La mujer que se había pasado tres días en la casa se
había marchado y Jesús se encontraba solo. No había manera de escaparse
y sin siquiera darse cuenta levantó el auricular.
- Diga...
- ¿Es Jesús el que habla?
- Si, es Jesús compañera, ¿En que puedo
ayudarla?
- Jesús, es Marcia. ¿Qué es esa falsedad
la tuya? ¿Cómo es posible que hayas venido de Oriente y no hayas ni
siquiera venido a ver a tu ahijado?. Por mí no me importa; pero el niño
se merece algo más que eso de ti.
Se le nubló el entendimiento. Estuvo a
punto de colgar; pero se dio cuenta que hubiese sido peor. Mientras
sostenía el auricular en la mano, su pensamiento comenzó a elaborar una
mentira para la cual no estaba preparado.
- Marcia, si...¿Cómo estás?
- Yo soy la que quiero saber cómo tú
estás y sobre todo cómo está mi marido que salió de aquí contigo hace
once días y no tengo noticias de él.
- Héctor está bien.-.Trabajando
mucho.-.Me dijo que se iba a quedar unos días más para terminar unas
cosas.
- ¿Qué cosas?
- Bueno Marcia, yo no sé; era algo de unos
proyectos o algo así...
- Jesús; yo creo que tú me estás
engañando. Ustedes nunca se tardaban más de cinco o seis días en sus
viajes a Oriente. ¿Porqué no has venido por acá?.
- Yo pienso ir por allá mañana, lo que
pasa es que se me ha atrasado el trabajo.
- ¿Qué trabajo?
- El mío. Han surgido algunas cosas.
Mañana yo voy por tu casa y te cuento.
La situación se estaba complicando. Esta
Marcia era más viva de lo que parecía. Ahora tendría que empezar toda
una sarta de mentiras para mantener a la muchacha lejos de las sospechas.
Si le daba por sospechar algo, estaba perdido; él no tenía madera para
estar mintiéndole a una mujer acerca de las andanzas de su marido.
¿Quién lo mandaría a meterse en estos líos?
- ¿Héctor no me escribió contigo?
- Si...bueno.. noooo.
- ¿Qué pasa Jesús?...¿Me escribió?
- Mañana por la tarde yo voy a verte.
- Yo voy por la mañana a tu casa.
- No, no.. yo no voy a estar aquí..
- Entonces te espero por la tarde en mi
casa.
- Si, está bien, espérame.
La muchacha estaba segura de que algo
grande estaba sucediendo; pero ¿Qué?. Aquella ambigüedad de Jesús de
que si su marido le había escrito o si no lo había hecho. Eso de que el
trabajo se le había atrasado. ¿Qué trabajo, si él vivía del cuento?.
¿Estaría Héctor en casa de Jesús y por eso no quiso que ella fuera a
verlo? Definitivamente había un misterio y ella tenía que desenredarlo;
pero no le iba a dar el gusto a su marido de salir ella a buscarlo.
Cuando colgó se sintió aliviado. Aquella
mujer lo estaba interrogando frente a un tribunal. Ya le parecía
contemplar sus ojos verdes relampagueando y penetrando inquisidores en los
suyos. ¡Que no se pensara ella que Jesús del Prado iba a ponerse de
rodillas para que ella lo interrogara y lo manoseara. No sabía que hacer.
Tenía que prepararse para la entrevista del próximo día. No podía
faltar. Si no iba a la cita, ella lo saldría a buscar. ¡Que tormenta!
Se pasó la noche pensando en la entrevista
del próximo día. Por un momento pensó en llamar a la tía de Héctor a
Miami; pero pensó que si no esperaba lo suficiente, podría echar a
perder las cosas. Una llamada prematura, podría precipitar su confesión
a Marcia. Esto le crearía una situación insostenible con la muchacha y
su familia. Por otro lado, si Héctor había fracasado en su intento, en
estos momentos estaría preso, o muerto. ¿Qué le diría a Marcia
entonces?
En medio de todas aquellas elucubraciones e
hipótesis, el deportista no había reparado en su posición dentro de la
Revolución. Talmente parecía que la muchacha ejercía una influencia tan
desmedida en su comportamiento, que el atleta se había olvidado en lo
absoluto del peligro que él mismo estaba corriendo. Serían las tres de
la madrugada, cuando Jesús escuchó la sirena de un carro patrullero en
la lejanía y esto lo hizo despertar de su letargo: - ¡Dios mío!, se
dijo; - me estoy metiendo en un enredo tremendo por culpa de estos
estúpidos ingenieros y ni siquiera me he ocupado de cuidar mi
retaguardia. ¡Qué va!...- A mí no me van a coger de incauto en medio de
esta redada. La arquitecta estará muy buena y todo lo que quiera; pero yo
tengo que cubrir mi retirada por si acaso.
Se levantó temprano; aun no había salido
el sol cuando estaba frente a una mansión de la playa a unos tres
kilómetros de su casa. La edificación se notaba bien cuidada y mantenida
con todos los recursos. La cerca que separaba la residencia del resto del
paisaje, era de alambre entretejido de la que llaman peerless, con una
entrada protegida por un guardia que se mantenía en una especie de garita
algo separada de la puerta. Cuando el atleta parqueó su carrito y se
acercó a la entrada, el guardia terció su fusil y Jesús se identificó.
Conversaron algo y lo hicieron esperar. Una llamada al interior de la
residencia, fue suficiente para que el celoso vigilante lo hiciera pasar.
Parecía que el deportista conocía el lugar, ya que se encaminó sin
tropiezos por entre los pasillos de cemento y finalmente estaba frente a
la puerta de entrada, donde una mujer en uniforme le abrió. El hombre
pasó y se dirigió a un local donde lo esperaba un individuo con
pantalones verde olivo; pero con una camiseta de mangas blanca. El
anfitrión era mayor que Jesús; pero no era viejo. Tendría unos cuarenta
o cuarenta y dos años y su aspecto era saludable, aunque se notaba que
hacía algunos años había dejado los deportes si es que alguna vez lo
había practicado. En la pared del local, colgaba un retrato del
Comandante en Jefe y unos títulos o diplomas con el encabezamiento que
decía Ministerio del Interior.
- ¡Compadre!; exclamó el dueño de la
casa. Algo grave tiene que estar pasando para que un miembro del equipo
olímpico se moleste en visitar a un humilde combatiente del MININT.
- Déjate de llanto, ripostó el
deportista, que he estado tres veces por aquí y te he dejado notas y ni
siquiera me las has contestado. Ustedes la gente de la Seguridad, viven en
tanto misterio, que ni siquiera sus amigos saben lo que hacen ni donde
están.
- ¿Y qué tú quieres que hagamos?
ripostó el aparente oficial. No podemos vendernos así tan fácilmente.
- Coño, dijo Jesús; pero al menos una
llamadita. Tú sabes que yo no tengo secretarias ni ayudantes. A ti no se
te puede llamar sin pasar primero por una docena de sabuesos que te cuidan
como si fueras el Comandante en Jefe.
- Bueno, dijo el dueño de la casa; vamos
al grano, que tú no madrugas si no tienes algo caliente que soltar.
- Pues sinceramente, soltó el atleta, yo
no sé si es caliente o no; pero creo que es mi obligación comunicarlo
por si las moscas.
- Desembucha y déjate de rodeos, le
espetó el oficial.
- Pues resulta que tengo un conocido que es
Ingeniero Civil. El está dirigiendo la obra del Hotel que están
construyendo cerca de mi casa. Me parece buena persona y tiene una mujer
que está más buena que el carajo. Hace más de diez días se ha
desaparecido del trabajo y ni la mujer ni nadie sabe de él.
- ¿Y tú qué piensas? preguntó el
combatiente.
- Yo no me atrevo a conjeturar nada en
concreto;
pero tengo una espina clavada que ese tipo
se ha tratado de largar del país y ha dejado embarcada a la mujer y a
todo el mundo, dijo el deportista.
- ¿Y tú crees que la mujer sepa algo?
- Yo lo dudo. Ella no es tan brillante y me
ha llamado para preguntarme si yo sé de su marido, continuó el atleta.
- ¿Y porqué tiene ella que llamarte a ti?
preguntó el investigador.
- Porque ella sabe que yo vivo cerca del
trabajo de su marido y además, porque yo he estado en su casa en un par
de ocasiones.
- ¿Qué has ido tú a hacer a esa casa? le
preguntó el oficial.
- En una ocasión lo llevé a él a su casa
y en otra salimos a comer a un restaurante. Creo que otra vez salimos a
dar un paseo, continuó confiado el deportista.
- Mira Jesús; dijo el dueño de la casa; a
mí no me jodes tú con esas historias. Tú le estás dando vueltas a esa
mujer y se la quieres levantar al marido. Ahora quieres hacerle un número
ocho a él para quedarte con la hembra. Yo te conozco demasiado para que
me traigas ese cuento.
- Te juro por mi madrecita que no se me
había ocurrido esa idea, fue la reacción del atleta. Ustedes los de la
seguridad, solamente ven maldad y trampas donde hay nobleza y buenas
intenciones; fue la reacción sincera del deportista.
El hombre tomó notas. Le hizo varias
preguntas y le prometió que mandaría a averiguar; pero no le prometió
nada, dado el hecho de que si el individuo se había marchado, nada
podría hacerse y si se había ahogado, mejor.
Cuando Jesús salió de aquella casa,
sintió un alivio tremendo. Había matado dos pájaros de un solo tiro.
Por un lado su credibilidad por lo que pudieran decir de sus relaciones
pasadas con Héctor y por el otro y más importante, la posibilidad de
mantener relaciones con Marcia, sin levantar otra sospecha que la que le
había comunicado su amigo el Coronel.
Decidió perderse por unos días hasta
tener noticias que darle a la muchacha. No resistía la idea de estarla
engañando sin saber cuáles serían los resultados de la aventura del
marido de ésta. Se fue a Pinar del Río a un complejo deportivo donde
tenía unos amigos. Allí podía esperar los cuatro días que le faltaban
para llamar a Miami. Efectivamente, Jesús tenía suficiente habilidad y
experiencia en el campo de los deportes como para pasarse toda una
temporada en un combinado deportivo sin aburrirse. En Pinar del Río pasó
revista por las instalaciones; presenció unas competencias escolares que
se celebraban entre niños de 8 a 10 años; habló de los planes
perspectivos de desarrollo de la natación y el Polo Acuático en el país
y en fin, mantuvo su mente ocupada durante varios días. El hecho de ser
un antiguo integrante del Equipo Olímpico del país, le servía de
credencial para vacacionar por todo aquello sin que nadie le preguntara ni
pusiera en duda sus intenciones.
Marcia mientras tanto llamó y llamó a la
casa de Jesús sin obtener resultado alguno. Fue tanto su desespero que
llamó a las oficinas del Ministerio de la Construcción en Santiago para
averiguar el paradero de su marido; pero lo que logró fue más confusión
y más desesperación. Allí nadie sabía de la existencia de su marido ni
mucho menos que él estuviera trabajando en unos proyectos turísticos
etc. etc. - Si ella pudiera agarrar al Jesús ése entre sus manos, le
torcería el pescuezo como a un pollo.
Pasaron los cuatro días y el buen amigo
fue a unos teléfonos públicos para tratar de establecer comunicación
con la tía del viajero. No pudo lograr conectarse. Esperó hasta pasadas
las dos de la madrugada y no logró nada. Al otro día se anotó temprano
en la lista de los que iban a llamar. A las once de la noche, logró
comunicación con la tía. No querían aceptar la llamada, ya que estas
comunicaciones eran muy costosas y siempre las tenía que pagar el
residente en Estados Unidos. Esta situación curiosa y de chantaje,
mortificaba e irritaba a los cubanos residentes en Estados Unidos, ya que
si llamaban a Cuba, tenían que pagar la llamada; pero si de Cuba los
llamaban a ellos, también era el residente en Estados Unidos quien tenía
que pagarla. La tía de Héctor no sabía de quien se trataba. Jesús no
podía dar mucha identificación por miedo a que lo fueran a detener. Por
fin la tía comprendió y aceptó la llamada de mala gana. Le temblaban
las piernas parado allí en la cabina del teléfono. Cuando preguntó por
el amigo, parecían no conocerlo. No podía explicar la situación; se
exponía a que lo cargaran desde allí mismo y se lo llevaran para una
estación de policía. No podía identificarse. Sólo pudo preguntar que
si Héctor no había llegado. Le dijeron que no. Entonces él dijo que
esto era muy importante para su amigo; que dentro de dos días llamaría
otra vez.
Salió de la cabina sudoroso,
desconcertado. Estaba muy a punto de llorar. Ya veía a su amigo en la
prisión, vestido con una batola gris oscuro. Ya lo veía con un pico
entre las manos, cavando zanjas. De momento lo veía entre las olas;
luchando contra la furia del mar y un enorme tiburón que venía a
devorarlo.
Esa noche no pudo dormir. Pensaba en
Marcia. Tan joven; tan linda; tan hermosa y quedarse viuda.
Desde el primer día que la vio, le
pareció una mujer extraordinariamente bella, aunque se le notaba que era
algo altanera y hasta orgullosa. En definitiva ella tenía razón de
sentirse orgullosa. Y él ¿Porqué pensaba en esas cosas cuando lo que
había hecho era prometer a su amigo ayudarla? La pobre, ¿Cómo haría
para criar a su hijito?. ¿Cómo haría él para desaparecerse de todo
aquello y no dejarse ver más nunca por ella?. Ella lo perseguiría a
dondequiera que él se metiera. ¿Qué iba a hacer si esa mujer tan
encantadora comenzaba a perseguirlo? La paciencia tiene un límite y el
respeto también. Había que esperar. ¿Y si Héctor en definitiva no
aparecía? ¿Tendría él. Jesús, que cargar con su mujer y su hijo?.
Todavía si se tratara de su mujer sola; pero-Lo más probable es que ella
cuando se entere de que el marido la dejó plantada, se eche otro en menos
de lo que canta un gallo. En este caso él no tendría inconveniente en
acercarse a ella. Total; ya ella estaría libre y no sería ningún
delito. Pero entonces, ¿Porqué tenía él, un hombre libre y sin
compromiso, que enredarse con una mujer con un hijo y que lo podría
perjudicar con la salida del país del marido. El, que no había hecho
otra cosa que tratar de ayudarlos a ambos, ahora aparecería como el
villano de la película. Definitivamente el mundo era una mierda.
Salió por la mañana con rumbo
desconocido. No sabía a quién llamar ni preguntar. Tenía en su poder la
carta de su amigo para su esposa y no sabía qué hacer con ella.
Primeramente pensó llevarla al correo y mandársela a la mujer y que
fuera lo que Dios quiera. Pensó abrirla para saber lo que decía. Tomó
el sobre y comenzó a rasgarlo. Lo guardó avergonzado. No podía caer tan
bajo. Si su amigo no aparecía, le llevaría el sobre a su mujer y le
contaría toda la verdad.
Después si ella quería perdonarlo, la
ayudaría a criar a su hijito. Si no lo quería comprender, que se hiera a
la misma mierda. Ya estaba cansado de hacer el bien y recibir malos pagos.
Esta Marcia se estaba metiendo demasiado en su vida y él no era hombre de
dedicarle tanta pleitesía a las mujeres. Nunca había querido un
compromiso formal por esa misma razón. Todas empiezan muy santicas y al
final se quieren convertir en la reina y señora del hogar.
Tenía que matar el tiempo de aquel día y
del próximo. No soportaba la idea de estar mirando al reloj a cada
minuto. No podría llamar a Miami hasta el otro día por la noche. Si en
ese tiempo no aparecía su amigo; todo estaba perdido. Los norteamericanos
no iban a tener a nadie hospedado en la Base Naval por toda la vida. Si
él había llegado/ ya tenían tiempo suficiente para mandarlo para
Estados Unidos. Así que llamaría al otro día por la noche.
Se fue a unos juegos juveniles por el
Municipio de Guane. Por la noche se puso a dar vueltas por el pueblo hasta
que fuera la hora de acostarse. Se consiguió un libro de ciencia ficción
y se puso a leerlo hasta quedarse dormido. A media noche se despertó.
Estaba soñando con Marcia. Había venido a verlo y él le había contado
toda la verdad. Marcia se había enfadado con él; pero más con Héctor,
su marido por haberla abandonado. Jesús la ayudó y ella se quedaba con
él. El deportista se despertó malhumorado y enfadado consigo mismo.
Aquellos pensamientos mezquinos no eran propios de un amigo.
FIN DEL CAPITULO X
Capítulo
I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto
Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?
Capítulo IX: La universidad de la calle...
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué
incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est
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