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Revista DESAFIOS
Año
12, Nº 70
Mayo-Junio/2006
Consejo Unitario de
Trabajadores Cubanos (CUTC)

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GADES SÍ Y CELIA
TAMBIÉN
por DIMAS
CASTELLANOS
Revista Vitral No.
63 * año XI *
septiembre-octubre
de 2004
htp://www.vitral.org
NOTICIAS
: Enviadas por Raúl Fernández Rivero
|
A pesar
de que el constante y creciente número de víctimas
fatales en Irak y otras partes del mundo han convertido
la muerte de seres humanos en no noticia; la información
del fallecimiento del destacado bailarín español,
conocido en el mundo del arte por Antonio Gades, creó
consternación en el pueblo cubano.
El miércoles 21 de julio la primera plana de Granma,
diario oficial del Partido Comunista de Cuba, publicó
una foto del artista acompañada de la siguiente
inscripción: Antonio Gades. Lamentable pérdida de un
inmenso amigo. A continuación la tercera página, una de
las ocho con que cuenta el diario, se dedicó íntegra al
artista español, En ella se califica a Gades como
“defensor indeclinable de la Revolución cubana”, el
cual, en ocasión de ser condecorado por el jefe del
Estado cubano expresó: “...nunca me sentí un artista
sino un simple miliciano vestido de verde olivo, con un
fusil en la mano para donde, como y cuando, siempre
estar a sus órdenes”.
Aunque los cubanos de a pie carecemos de la posibilidad
de expresar nuestra condolencia públicamente, todos o
casi todos, hemos sentido muy hondo su pérdida y lo
recordaremos siempre como el talentoso bailarín que fue,
con independencia de sus ideas políticas, porque Gades,
aunque expresó sentirse como miliciano, los cubanos lo
percibimos como lo que era, un gran artista, un virtuoso
de la danza que trascendió fronteras, tiempos e
ideologías. Sin embargo, cuando la cultura en general y
el arte en particular devienen prisioneros de la
política, entonces dejan de ser lo que son, pierden su
universalidad y esencia para tornarse en instrumento del
poder.
Para los cubanos es muy doloroso tener que esperar la
muerte de los artistas “revolucionarios” para rendirle
póstumo homenaje mientras que cuando desaparecen figuras
queridas y cimeras, con el “defecto” de tener ideas
diferentes a las del poder político, entonces tenemos
que enterarnos por la onda corta, los canales de
televisión clandestinos, por videos que corren de mano
en mano o sencillamente por el rumor.
El miércoles 16 de julio del pasado año, cuando el mundo
entero lloraba la muerte de la famosa cantante cubana
Celia de la Caridad Cruz, los medios de comunicación de
la tierra que la vio nacer se limitaron a publicar, en
el mismo diario Granma, una escueta nota de prensa cuya
parte más extensa se empleó para calificarla de: «activa
en las campañas contra la revolución cubana en las
últimas décadas es ídolo de la contrarrevolución.»
¿Por qué Gades sí y Celia no? ¿Es que Gades es un amigo
y Celia una enemiga de Cuba? La respuesta es sencilla.
Se trata de uno de los perniciosos efectos del control
político sobre el arte, Gades se identificó con la
ideología del poder en Cuba y Celia tuvo que abandonar
su tierra por no compartir esa misma ideología. Entonces
se interpone la siguiente interrogante ¿Cuba es de todos
los cubanos o solamente de los revolucionarios aunque no
sean cubanos? ¿Qué es Cuba, pueblo y gobierno o solo
gobierno? ¿A qué cubano se le consultó si consideraba a
Celia amiga o enemiga? Sólo en una cosa llevan razón los
que así proceden: Celia no era amiga de Cuba, Celia
sencillamente, era Cuba.
Sí de méritos se trata entonces vale la pena recordar
que en 1978 recibió una estrella en el Paseo de la Fama
de Hollywood; varios años después a un tramo de la
miamense Calle Ocho se le adjudicó el nombre de Celia
Cruz Way; en 1989 recibió el Grammy, premio al que fue
nominada en 15 oportunidades, recibió dos Grammy
Latinos; grabó más de 70 álbumes; obtuvo numerosos
discos de oro y platino por los millones de copias
vendidas; recibió tres doctorados Honoris Causa en
diversas universidades norteamericanas y en 1994 el
presidente Clinton le impuso el National Endowment for
the Arts, la más alta condecoración que otorga el
gobierno norteamericano en la esfera del arte.
Por su trayectoria emergieron infinidad de calificativos
recibidos en las más diversas partes del planeta, entre
ellos: “institución de la música tropical”, “artista de
talla internacional”, “ leyenda musical.”, “reina de la
salsa”, “azúcar”, “la que sacó a Cuba del Mar de las
Antillas y la paseó por el mundo”, Con qué derecho se
puede privar a 11 millones de cubanos de uno de sus
ídolos de todos los tiempos devenida en patrimonio de la
humanidad. Si ser cultos es el único modo de ser libres,
hay que convenir que no se puede ser libre cuando se
niega el acceso a una parte de la propia cultura
nacional. No se puede hablar de desarrollo de la cultura
si no es integral, porque ella es indivisible.
Es bueno recordar, si de calidad se trata, que el Benny
venció en una sociedad de arraigados prejuicios
machistas, mientras Celia, siendo mujer, se impuso en
esa misma sociedad como la primera voz femenina en un
mundo dominado por hombres. Sin embargo, en Cuba se
desarrolla anualmente el festival Benny Moré en memoria
del bárbaro del ritmo, el más grande cantante popular
cubano, mientras ese mismo homenaje se le niega a la
guarachera de Cuba, la más grande cantante popular
cubana. Una artista que es obligado tener en cuenta en
cualquier evento que trate de música popular cubana o
latina del siglo XX.
Celia enriqueció la música popular cubana, la convirtió
en música latina y la paseó por el mundo como genuina
embajadora de esa manifestación artística, precisamente
porque como representante del arte y de la cultura no
podía ser, sino universal. Su dimensión espacial fue de
tal envergadura que trascendió los estrechos límites
nacionales y se hizo querer hasta en los más apartados
rincones del planeta. Que a la más grande sonera de la
música cubana se le recuerde en los medios de
comunicación de otras partes del mundo y se le silencie
en la tierra que la vio nacer, habla por sí solo del
estado del arte en nuestra sociedad.
A esa misma Celia, por razones ajenas al arte y a la
cultura, no se le permitió asistir a los funerales de su
madre y de su padre; su nombre fue excluido incluso de
diccionarios musicales y su voz censurada en todos los
medios de difusión de la Isla. Millones de cubanos de
las nuevas generaciones no la conocieron, pero la conoce
el mundo.
Celia de Cuba se transformó en Celia del Mundo, no dejó
lugar por visitar, actuó en los más disímiles escenarios
en vida y después de su muerte, como cristiana, ascendió
hasta el escenario celestial. Ella-expresó el pasado año
Israel López, Cachao- es inmortal como lo son Benny Moré
o Carlos Gardel.
Su dimensión universal no la apartó nunca de Cuba. Celia
fue y es cubana. “Me falta mi tierra, Cuba, -expresó en
más de una oportunidad- pero algún día la recuperaré”.
Mujer cristiana y solidaria, verdadero ejemplo de amor
al prójimo. Por todo ello decimos Gades sí y Celia
también.
La Habana, 22 de julio de 2004
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