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Crítica a
la ecosofía de la revolución cubana
Eíder
Eduardo Cepero
Consideraciones iniciales
La ecomoral
o ecosofia son palabras nuevas que se utilizan para definir las
corrientes del pensamiento ecológico y los patrones morales ambientales.
Las controversias en el campo ecosófico involucran diversos aspectos del
conocimiento antes no relacionados a la ecología, ejemplo de ello es la
discusión entre los que consideran al hombre un ser social, es decir
determinado por la sociedad en la cual se desarrolla, y los que como el
ecólogo sueco Rolf Rdberg nos estiman como seres biosociales: “El
hombre, al surgir de la naturaleza viva, se convirtió en un ser
biosocial. Es imposible circunscribir todas nuestras características
sólo a la biología y a la sociología: nuestra conducta y toda la vida
están determinadas por un complejo entrelazamiento de ambas
cualidades.”
Un
precepto ampliamente reconocido de la actual ecomoral es que debemos
usar los recursos naturales de modo que sean preservados para los que
vendrán después y se considera un problema moral porque, entre otras
cosas, es un egoísmo contaminar hoy las aguas que otros necesitarán en
el futuro. También existe una gran coincidencia ecosófica en que la
naturaleza no es el enemigo a conquistar por el hombre sino que somos
parte de ella y destruirla es destruirnos a nosotros mismos. Otra de las
características del tema ambiental o ecológico es que posee una amplia
dimensión. La ecología incluye variadas ciencias como la química
aplicada, la biología molecular y la bioquímica para evaluar situaciones
muy específicas, y también los estudios sociales porque el
comportamiento humano determina en procesos cuantificables como la
erosión de los suelos.
La
dimensión social del problema ambiental ha estado regida durante el
actual período civilizatorio por el Dominant Social Paradigm ( DSP),
(Paradigma Social Dominante (PSD) en los modelos capitalista y comunista
de organización social. En el caso capitalista se considera que el PSD
ha estado determinado, entre otros aspectos, por la economía de mercado,
la confianza en la tecnología para resolver los problemas, la
orientación al constante crecimiento económico, el sentido de que el
hombre está separado de la naturaleza, la idea de la libertad individual
y el consumismo. Esto último anotado por numerosos expertos del tema
como causa de impacto ambiental y social.
En el caso
del comunismo el PSD estuvo dirigido a “satisfacer las necesidades
siempre crecientes de la población” lo cual según el zoólogo soviético
Yáblokov es una definición enmascarada de consumismo: “Nosotros también
adoptamos la consigna de “la constante elevación del bienestar
material”. En consecuencia la ideología consumista en mi país floreció
tal vez con más fuerza que en algunos países capitalistas.” Además,
el PSD comunista incluyó el predominio del interés colectivo,
establecido por la voluntad de los que detentan el poder, en detrimento
del individuo, la estatización de la propiedad y la dirección económica
centralizada.
Por ello no
es de extrañar que sea en los países capitalistas, y específicamente en
los Estados Unidos de América, donde comienza el entendimiento del
problema ambiental debido en gran medida a que el PSD capitalista
incluye como premisa básica la libertad individual. Una breve reseña de
los acontecimientos que marcaron esos inicios puede resumirse de esta
manera:
En 1962,
Rachel Carson publica el bestseller: “Silent Sprint” llamando la
atención del mundo sobre el impacto negativo que causan los pesticidas a
la fauna y a las personas, el libro puso en evidencia la responsabilidad
ambiental de la poderosa industria química norteamericana. En 1969 un
marinero de Cleveland tiró una colilla de cigarro en el Río Cyahoga
ocasionando un incendio debido a la contaminación de las aguas. El
escándalo publicitario que generó el río en llamas colocó para siempre
el tema ambiental en las agendas políticas norteamericanas. El 22 de
abril de 1972 Dennis Hayes organiza en los Estados Unidos el primer
“Earth Day” (Día de la Tierra) con la participación de una veintena de
Senadores y millones de personas. El 16 de junio de ese mismo año es
aprobada la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Medio Ambiente Humano, en Estocolmo, iniciándose la globalización del
problema ambiental cuyo hito es alcanzado en junio de 1992 cuando se
proclama la Declaración de Río Sobre Medio Ambiente y Desarrollo en
Brasil.
Cuba
En Cuba
hasta 1959 prevaleció el PSD capitalista aderezado con un fuerte
entendimiento social de la belleza natural del archipiélago. Este
elemento del PSD cubano probablemente se inició cuando Cristóbal Colón
escribió en su Diario de Navegación la conocida frase: “Esta es la
tierra más hermosa que ojos humanos han visto” idea posteriormente
reiterada por numerosos escritores, poetas, investigadores y
personalidades.
El
desarrollo económico del país desde su descubrimiento hasta finales de
los años cincuenta del siglo XX causó la deforestación del
archipiélago, no es un secreto que muchas de las maderas que hoy luce el
Escorial fueron taladas en los prístinos bosques antillanos. El propio
Alejandro de Humboldt en 1804 reseñaba la desforestación y los cambios
que ocurrían en los ecosistemas de Cuba: “Allí, como en todas partes,
se aminora la vegetación donde la población se concentra. Aquellos
palmeros que me deleitaban alrededor de La Habana, en el anfiteatro de
Regla, desparecen anualmente; y los sitios pantanosos que yo veía
cubiertos de cañaverales y bambúes se cultivan y se secan” Para 1957,
según el Dr. Leví Marrero, la cobertura arbórea de Cuba se había
reducido drásticamente: “Mas de cuatro siglos de desarrollo agrícola y
de explotación destructiva de los bosques había reducido el área
forestal a menos de un 15%”. Por suerte, atendiendo al mismo autor, no
existían graves problemas de erosión de suelos ni procesos de
desertificación de tierras: “En Cuba afortunadamente, el problema de la
erosión es menos grave”.
Por otra
parte, en términos generales hasta inicios de los años sesenta del siglo
XX el desarrollo minero, turístico, industrial y urbano no había
superado el steady state del archipiélago como para generar corrientes
de opinión importantes a favor de la protección ambiental y la ecología,
independientemente de que existieran personas, instituciones e incluso
leyes que favorecían la reforestación, el cuidado del paisaje y la
protección de los suelos. Es por ello que asombra como algunos
pensadores cubanos del siglo XIX, y anteriores, se refirieron claramente
a la necesidad de usar a la naturaleza de forma sostenible. Baste traer
a colación una conocida y repetida reflexión martiana “Ser culto, es el
único modo de ser libre”, para hacer notar que la misma es tan solo
una parte de un mensaje que concluye refiriéndose a la necesidad de
estudiar la naturaleza para aprovechar sostenidamente sus recursos:
“Ser bueno es el único modo de ser dichoso”. “Ser culto es el único
modo de ser libre”. Pero; en lo común de la naturaleza humana, se
necesita ser prospero para ser bueno. Y el único camino abierto a
la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y
aprovechar los elementos inagotables e infalibles de la naturaleza.
Obsérvese
que Martí se refiere a conocer, cultivar y aprovechar la naturaleza, no
a dominar la naturaleza y si bien la idea de los elementos inagotables e
infalibles de la naturaleza es quizás un eco de los fisiócratas ,
también es clara la referencia a asegurar una producción sostenida
para satisfacer las necesidades reales sin sobrepasar los limites
naturales, asombra, pero quizás podemos entender aquí el moderno
concepto de steady state.
Sin
embargo, tanto lo argumentos teóricos como el accionar ambiental de la
revolución cubana de 1959 se apartan diametralmente de los cánones de
la sostenibilidad y por ende del pensamiento martiano que promueve la
ética de la protección y el mantenimiento de la naturaleza.
La ecosofía
revolucionaria
La ecomoral
de la revolución cubana fue definida por Fidel Castro durante un viaje a
la extinta Unión Soviética en una charla con estudiantes de la
Universidad Lomonosov: “Me decía: cuando se haya construido el comunismo
habrá desaparecido la etapa de las revoluciones sociales, pero entonces
quedará una inmensa, grande, infinita revolución que hacer, y es la
revolución contra las fuerzas de la naturaleza. ¡Y la revolución de la
naturaleza no terminará nunca!”.
Estas ideas
coinciden con lo que el Dr. Yáblokov define como “moral neolítica o
nueva edad de piedra” porque promueven la lucha contra natura, el
sometimiento del entorno por el hombre, la imposición de la voluntad
revolucionaria a las caprichosas leyes de la naturaleza y no el
entendimiento de esas leyes para su uso y respeto. Estas concepciones
de la moral neolítica fueron reiteradas por Fidel Castro
posteriormente en diferentes discursos. Y finalmente se incorporaron a
las políticas de desarrollo del estado cubano.
La política
del dominio de la naturaleza
A finales
de los años sesenta la directriz tercera de la Academia de Ciencias de
Cuba (ACC) era: “Convertir a la Academia de Ciencias de Cuba en la base
fundamental para el estudio de la futura transformación de la naturaleza
cubana como parte esencial de la revolución científico técnica
proclamada por nuestro comandante en jefe” Es decir que para el momento
en que el mundo comenzaba a debatir el tema ambiental y a cuestionarse
el consumismo y los modelos insostenibles de desarrollo la política
oficial de progreso económico de la revolución se basaba en la doctrina
de la transformación de la naturaleza cubana, por ende en el
establecimiento de la nueva edad de piedra y es curioso que al igual que
el PSD capitalista el modelo comunista cubano se asentaba en la
confianza en la tecnología para resolver los problemas con la llamada
revolución científico técnica.
La política
del dominio de la naturaleza incluso se estableció como tema obligado en
la enseñanza de la geografía mediante el libro de texto Geografía de
Cuba de Antonio Núñez Jiménez, por entonces presidente de la ACC, cuya
tercera parte se subtitula, no casualmente: Transformación de la
Naturaleza. En la obra de Jiménez, se ordenan en conceptos didácticos
las ideas ecosóficas de Fidel Castro con un lenguaje futurista y de
adoctrinamiento que hoy asombra por lo absurdo: “Había pasado la época
en que la naturaleza hablaba y el hombre obedecía. Ha comenzado el
tiempo superior en que el hombre empieza a hablar y, bajo el imperio de
su inteligencia social, la naturaleza comienza a obedecerle.” En otra
parte del texto se establece claramente el nuevo concepto de la
geografía revolucionaria: “La geografía de una ciencia casi inerte, debe
revolucionarse en ciencia del dominio de la naturaleza por el hombre. Y
el geógrafo, para entonces un tanto en creador de la nueva naturaleza,
será el ingeniero de ella...”
Incluso
Jiménez define en su libro la futura epopeya del “hombre nuevo” que
soñara Ernesto Guevara, en el ámbito de la lucha y conquista de la
naturaleza que Fidel Castro anunciara en 1963: “En definitiva la más
grande empresa del hombre futuro de la sociedad comunista, será la de
entablar la gran lucha incruenta por la transformación de la naturaleza.
Esta batalla colosal debe ser también escuela para templar el espíritu
superior de ese hombre que como comunista tendrá una conciencia tan
desarrollada como evolucionadas serán las máquinas que bajo su mando
transformen los mares en tierras o comiencen a cultivar la Luna”.
Bajo toda
esta euforia desarrollista de lucha y conquista se comienzan a fraguar
planes y a establecer proyectos y acciones que han causado invalorados
impactos ambientales en los ecosistemas del archipiélago.
Dominando
la naturaleza
Precisamente como “nuestro viaje a la Luna” dice Jiménez que Fidel
Castro definía el proyecto denominado La Nueva Tierra de Cuba, que a
entender por la explicación de este último en un discurso pronunciado en
15 de agosto de 1967 en Isla de Pinos hubiera causado un impacto
ambiental de magnitudes catastróficas, de haberse llevado a vías de
hecho, solo comparables con lo ocurrido al Mar Aral en la antigua URSS:
“...hay un grupo de compañeros del Instituto de Geografía de la Academia
de Ciencias, la Escuela de Ingeniería, un grupo de compañeros
entusiastas de estos organismos, la Universidad, la Academia de
Ciencias, MICONS, en cooperación con el Instituto de Oceanología, que
también pertenece a la Academia de Ciencias, estudiando si es posible
que algún día en este espacio que está entre La Habana e Isla de Pinos,
de mares muy poco profundos se puedan construir los diques pertinentes y
desecar esta región.”
Valido es
aclarar que Fidel Castro se refiere a la extensa llanura submarina que
existe entre el sur de las provincias de Matanzas, La Habana, Pinar del
Río y el norte de la Isla de Pinos. Atendiendo a los croquis y las
detalladas explicaciones que sobre La Nueva Tierra de Cuba aparecen en
el mencionado texto de Jiménez la idea, cuando menos, se encontraba a
nivel de anteproyecto y estimaba posible desecar más de 16 000
kilómetros cuadrados de la plataforma marina. Afortunadamente nunca se
llegó a realizar pues de lo contrario hubieran desaparecido importantes
poblaciones de manglares y extensas formaciones coralinas, e incluso
Cayo Largo, uno de los actuales enclaves turísticos del gobierno
cubano, no estaría en los mapas.
Otro
proyecto basado en la ecosofía de la conquista que se llevó hasta al
nivel de prueba de campo fue la Desecación de la Cienaga de Zapata. En
mayo de 1959, la firma Holandesa NEDECO fue contratada por el gobierno
cubano para realizar los estudios necesarios en el interés de desecar
los pantanos de Zapata. Luego de varios meses de evaluaciones los
especialistas holandeses calcularon que un costo de 70 millones de
dólares para desecar 22 mil hectáreas de tierras pantanosas con menos
de un metro de profundidad de turba no garantizaba rentabilidad, sin
embargo a pesar de ello se construyó un llamado Pólder Piloto para
desaguar unas 459 hectáreas de forma experimental. Abandonada la idea
por los holandeses. ésta fue retomada por los asesores soviéticos
encabezados por el Ingeniero S. Perejrest, quien intentó sin éxito
disminuir los costos del proyecto, posteriormente se consideraron otras
ideas, incluida la producción de energía eléctrica con tecnología rusa a
partir de los depósitos de turba. Finalmente todo se fue diluyendo, para
bien de la ciénaga, en el fragor de nuevas batallas contra en el frágil
archipiélago antillano. Otra meta fue la de represar todos los ríos de
la isla como se entiende de esta absoluta sentencia: “ningún río ni
arroyo subterráneo llevará ni una gota de agua dulce al océano...” uno
de cuyos resultados es el llamado Dique Sur de La Habana que ha causado
un impacto ambiental y social aún invalorado en esa región del occidente
cubano.
En este
punto es necesario evaluar otra característica del modelo de desarrollo
económico establecido por la revolución cubana y que se refiere al
carácter egocéntrico, voluntarista y de improvisación en la toma de
decisiones dado por la propia personalidad de Fidel Castro, modo que ha
sido ampliamente imitado por el resto de la nomenclatura en sus
respectivas esferas de influencia para mal del entorno cubano.
La
siguiente crónica de Gramma, es uno de los tantos ejemplos: “A fines de
septiembre pasado el comandante Fidel Castro detectó una amplia franja
de terreno, entre Madruga y Aguacate, cubierta de manigua, salpicada de
mogotes, que formaban pequeños valles interiores, casi totalmente
improductiva. Fidel esbozó un proyecto: establecer un vasto plan
genético para ganado Holstein fino, compuesto por cuarenta y dos centros
genéticos”. Obsérvese como Fidel Castro pasa por un lugar y detecta que
es el ideal para el desarrollo genético vacuno sin necesidad de estudios
de suelos, valoraciones climáticas, evaluaciones económicas que
garanticen la rentabilidad y por su puesto sin considerar en lo más
mínimo el impacto ambiental que puede ocasionar su idea.
Y la
crónica continua: “Después llegaron dos buldózer al lugar. A cuatro
kilómetros de Madruga penetraron en la manigua y comenzaron a abrirse
paso entre el marabú y los árboles. Allí en un bosque pequeño, Eumelio
Torres (Melo), recién estrenado responsable del plan, levantó una tienda
de campaña y estableció el puesto de mando. Melo, antes de la revolución
había sido obrero agrícola y gastronómico. Después dirigente del partido
y administrador de una granja”. Baste agregar que en 1952 existía en
Cuba un inventario de 4 millones 600 mil cabezas de ganado y para
1988, luego de casi tres décadas de revolución, la masa ganadera de la
nación no lograba superar esa cifra.
Muchos
imitadores ha tenido el egocentrismo revolucionario, entre otros podemos
citar al primer capitán Carlos Layte: “Nosotros le tenemos odio al
monte parado que nos entorpece el desarrollo”. Layte fue el segundo al
mando de la nefasta Brigada Invasora Che Guevara la cual, según cálculos
aproximados basados en cifras dispersas publicadas por la prensa cubana
entre 1967 y 1969, arrasó con unas 180 mil hectáreas de bosques y montes
a lo largo y ancho de la isla, la mayoría de las cuales son en la
actualidad zonas de suelos improductivos donde arrozales, pastizales y
cañaverales logran algunos de los rendimientos más ridículos de la
agricultura mundial. Por su parte Evelio Capote, jefe del contingente
Roberto Rodríguez “El Vaquerito”, ejecutor de los antiecológicos
pedraplenes que enlazan la costa de Ciego de Ávila con cayos al norte de
Cuba, ha continuado la tradición de improvisar con el desarrollo
económico del país: “En verdad yo llegué aquí sin imaginar lo que iba a
hacer. Muchos me tildan de haber perturbado la soledad de estos islotes,
pero fue un pedido de Fidel, quien no cree en los espejismos del no se
puede.”
¿La mitad
del medio ambiente?
La carencia
de evaluaciones y estudios científicos imparciales es uno de los tantos
problemas que afectan los ecosistemas del archipiélago. Por ejemplo, se
desconoce el área de bosques naturales que aún existen en la isla, o el
estado de los manglares, o el grado de conservación de la biodiversidad
en lugares de significación natural como la Ciénaga de Zapata y la
Sierra de los Órganos. Sin embargo, algunos reportes oficiales a
organismos internacionales indican que existen situaciones extremas las
cuales han sido corroboradas por las escasas evaluaciones ambientales
independientes realizadas dentro de Cuba, los numerosos artículos
periodísticos publicados sobre el asunto y dos libros también dedicados
al tema .
Entre los
problemas ambientales actuales pueden enumerarse, por su magnitud e
importancia, la degradación de los suelos, la deforestación, la
contaminación de las aguas así como el deterioro de la higiene
ambiental.
En el caso
de los suelos, los procesos erosivos afectan más de 4 millones de
hectáreas de tierras agrícolas, la acidez se extiende por 1.7 millones
de hectáreas, la elevada salinidad y sodicidad están presentes en
alrededor de 1 millón de hectáreas, la compactación incide sobre unos 2
millones de hectáreas, los problemas de mal drenaje se contabilizan en
2.7 millones de hectáreas, en general el 60 % de la las tierras
agrícolas del país se encuentran afectada por estos y otros factores. Lo
cual limita y compromete la producción nacional de alimentos.
La mayoría
de los bosques naturales que aún existen se encuentran en mal estado y
están sobre explotados. Anualmente se registran como promedio unos 200
incendios forestales anuales que afectan unas 5,000 hectáreas de
bosques. La reforestación es precaria debido al uso de semillas de mala
calidad, baja supervivencia de las plantaciones y reducida gama de
especies forestales utilizadas.
La
contaminación en las aguas interiores y marinas se ha ido agravando
especialmente durante los últimos años, debido sobre todo al deficiente
estado de las redes de alcantarillado y su carácter parcial en la
mayoría de las ciudades así como la inexistencia o el estado crítico de
las plantas para el tratamiento de los residuales líquidos. El servicio
de agua potable es deplorable debido a las crónicas insuficiencias en la
cloración y el deterioro de las instalaciones y medios dedicados al
tratamiento de agua, y las extensas sequías.
Un ejemplo
de contaminación marina es la bahía de la Habana la cual es considerada
una de las más afectadas del Caribe, reportes oficiales contabilizan 122
fuentes de polución directa a la rada y sus ríos tributarios. Los
aportes contaminantes diarios se cuantifican en 51,8 toneladas de
materia orgánica, 12,23 toneladas de hidrocarburos, 12,4 toneladas de
sólidos suspendidos y 2,73 toneladas de nutrientes. Los hidrocarburos
son considerados como la “contaminación crónica” de la bahía, siendo la
ensenada de Marimelena, donde se ubica la refinería Ñico López, la más
afectada por petróleo. En las desembocaduras de los ríos Luyanó,
Martín Pérez y Arroyo Tadeo se han reportado concentraciones elevadas de
coliformes fecales mientras que en las dos primeras corrientes se han
registrado altos contenidos de fósforo y nitrógeno, probablemente
relacionadas con la contaminación por aguas albañales, industriales y
domesticas provenientes de sus cuencas. Otra importante fuente de
contaminación es el drenaje pluvial “Agua Dulce” que desemboca en la
Ensenada de Atarés descargando aguas con altos contenidos orgánicos y de
nutrientes.
La
recolección y disposición de los desechos sólidos en las ciudades es
deficiente al igual que el estado higiénico-sanitario de los vertederos
y basureros. La mayoría de las instalaciones que producen desechos
peligrosos no cuentan con sistemas para el tratamiento de los mismos, y
según cifras oficiales en el país hay más de 2,150 fuentes contaminantes
consideradas altamente tóxicas. Nuevamente La Habana puede ser citada
como el peor de los ejemplos, según estimados oficiales la ciudad genera
1500 toneladas diarias de residuos que son depositados en cinco grandes
basureros y en 26 “vertederos de periodo especial” ubicados en ocho de
los quince municipios de la capital. Ninguno de estos sitios posee las
condiciones adecuadas para el manejo y clasificación de las basuras,
esto último implica que se depositen juntos residuos hospitalarios,
industriales y domésticos. Además tampoco poseen impermeabilización para
evitar se contamine el manto freático. Un foco de potencial
contaminación hídrica es el Vertedero Provincial de la Calle 100, pues
estudios realizados a las aguas que escurren del mismo reportan altos
contenidos de coliformes fecales.
Existe una
substancial y no cuantificada pérdida de la biodiversidad debida, entre
otras causas, al inadecuado manejo de determinados ecosistemas, la
aplicación de una agricultura intensiva, el mercadeo de especies
animales y vegetales en peligro de extinción así como facilidades para
la salida del país de recursos genéticos de importancia.
A pesar de
que en los últimos años el gobierno cubano ha tratado de dar un mensaje
verde, en el sentido de ecología, promulgando tardías leyes ambientales
y otros malabares diseñados a mejorar la imagen en su política exterior;
la realidad es que no se puede hablar de un cambio o rectificación
ecosófica en el modelo de la revolución cubana. Lamentablemente la
política de dominio de la naturaleza ha seguido practicándose en Cuba,
ejemplo de ello es que desde finales de los ochenta Fidel Castro
personalmente supervisa la colonización turística de la cayería norte
iniciada con la construcción de pedraplenes y otras obras de
infraestructura que han creado un impacto ambiental de magnitudes
regionales en la Bahía de los Perros, al norte de Ciego de Ávila.
El
resultado del experimento de dominar a la naturaleza es un fracaso que
ha degenerado en una economía de subsistencia al costo del impacto
ambiental más dramático conocido en la historia del país: el cambio del
paisaje de la isla de Cuba debido a la desertificación, según reconocen
las propias autoridades de la isla: “Lo cierto es que actualmente en 11
de las 14 provincias y en el municipio especial Isla de la Juventud hay
vestigios de desertificación.” La desertificación es el lamentable
ejemplo extremo, con magnitud de flagelo nacional, del caos ambiental
cubano. Algo realmente extraordinario pues los cambios geomorfológicos
del paisaje generalmente ocurren en tiempo geológico, cientos de miles
de años, es decir que estamos ante un caso de estudio donde el impacto
ambiental de un modelo dictatorial de economía centralizada está
transformando aceleradamente el paisaje de un archipiélago caribeño.
Futurología
ambiental de Cuba
Iniciar la
recuperación ambiental del archipiélago es una empresa compleja que
estará determinada por el grado de deterioro del entorno así como por la
dinámica económica, política y social que se establezca durante el
período de transición a la democracia. Dado el pronóstico decadente del
modelo cubano es posible que no ocurran cambios significativos de mejora
en la actual situación ambiental a mediano plazo y si de agravamientos.
De cualquier manera, intentar delinear los derroteros básicos de la
futura recuperación ecológica de Cuba es tarea incierta que pasa por
tener en cuenta los problemas ambientales del archipiélago, actuales y
en proyección, atendiendo a las principales variables naturales, a
saber: suelos, aguas, vegetación, fauna así como a otras determinadas
por los sistemas de saneamiento y salubridad, el abasto de agua, la
legislación ambiental, la sociedad, entre otros.
Igualmente
es inevitable considerar que la experiencia de las transiciones post
regímenes totalitarios y comunistas conocidas hasta ahora establecen
más o menos tres etapas:
Un primer
momento de la ruptura, el logro de la independencia, el inicio de la
reconstrucción nacional, la creación de un nuevo sistema constitutito,
la liberación del mercado así como la legalización de la propiedad
privada.
Un segundo
período donde se ordenan las instituciones de gobierno y
administración, el sistema legal y de justicia, las instituciones
financieras, los sistemas de regulación e incentivos así como otros
dados a la organización del estado y la nación.
El tercer
ciclo implica el comienzo de la estabilización democrática y de la
economía libre, el establecimiento de la sociedad civil, los partidos
políticos, las organizaciones independientes, reafirmación de la
división de poderes, los ciclos electivos y la competencia de mercado.
Es por ello
oportuno establecer tres momentos para el análisis de la protección
ambiental que permitan una lógica de prioridades a las acciones que
deberán aplicarse aún cuando los mismos puedan variar, mezclarse e
incluso invertirse por el curso de los acontecimientos. Estas fases o
períodos serán definidos como: de urgencia, de institucionalización y de
sostenibilidad.
Período de
urgencia ambiental:
La clave
inicial de este período es el cambio de mentalidad, es necesario
establecer iniciativas que permitan pasar de la idea de un modelo de
desarrollo basado en la conquista y dominación de la naturaleza al
entendimiento del modelo que establece el desarrollo dentro de la
naturaleza y no sobre natura, o lo que es lo mismo al desarrollo
sostenible donde variables sociales y naturales sean consideradas en
equidad.
Es preciso
entender que estas ideas no solo deben cambiar en la mente de los que
diseñaran las políticas y los proyectos, también deben cambiar en la de
los ejecutores y en la de los ciudadanos pues de lo contrario será
imposible lograr el establecimiento y el acatamiento de regulaciones,
incentivos y normativas que preserven el entorno.
Sin embargo
no es posible llevar adelante un programa de educación ambiental ni nada
relacionado con la protección del entorno sin una organización dedicada
a esos menesteres. Es por ello también necesario crear una estructura
dedicada a la preservación y manejo del medio ambiente dentro del diseño
de gobierno provisional o cualquier otro, que se establezca en el
período de transición. Esto debe hacerse sin dejar de considerar que
probablemente varios organismos e instituciones estarán también
directamente relacionados con funciones de protección natural como los
que controlen la agricultura, la industria, la minería, la salud pública
y las autoridades municipales o locales. De cualquier manera el buró,
agencia o secretaria ambiental transitoria debe establecerse como una
organización profesional, eficiente, de carácter ejecutivo encargado de
evaluar, regular y de establecer el manejo ambiental en toda la nación
con una ramificación hasta nivel provincial.
Entre las
muchas tareas iniciales de ese organismo deberán incluirse algunas
como: revisar las estructuras y metodologías de protección ambiental y
adecuación o creación de nuevos diseños. Preservación de bases de datos,
evaluaciones, estudios, proyectos, resultados de investigación así como
recursos humanos y materiales dedicados a la protección ambiental.
Establecer lazos de cooperación e intercambio en materia ambiental con
homólogos internacionales. Promover proyectos de cooperación ambiental e
investigación mediante la gestión de fuentes de financiamiento. Sin
embargo quizás la labor primaria y esencial será diseñar y aplicar un
grupo de regulaciones temporales que permitan enfrentar
satisfactoriamente los problemas ambientales críticos, a saber:
degradación de tierras, deforestación, contaminación de aguas y
saneamiento ambiental.
Finalmente,
un aspecto que debe garantizarse desde el mismo inicio de este período
es el establecimiento del marco y las garantías necesarias para el
surgimiento y desarrollo de asociaciones y organizaciones ambientalistas
independientes. Este paso es condición indispensable unida a la más
estricta transparencia pública en todos los aspectos relacionados con
los asuntos ambientales. No es posible iniciar la recuperación ambiental
de Cuba sin la participación activa y libre de los ciudadanos.
Período de
institucionalización ambiental:
La ausencia
en la constitución del derecho ambiental limita las acciones de amparo
y tutela de las personas, individualmente consideradas, para accionar
en defensa y obtener una inmediata protección contra la degradación
del entorno, independientemente de si el efecto es directo o indirecto
por no constituir entonces una violación de los derechos fundamentales.
Es por ello que será necesario incluir en la carta constitutiva o
instrumento supremo jurídico de la república la garantía de que:
Todos los
ciudadanos cubanos tienen el derecho básico e irrenunciable a vivir en
un ambiente saludable, ecológicamente equilibrado y adecuado para el
desarrollo de la vida, a la preservación del paisaje y la naturaleza.
Todos tienen el deber de conservar el ambiente. Es obligación del estado
garantizar a las personas una vida sana y productiva en armonía con el
entorno.
Establecer
el derecho ambiental es el paso imprescindible en la tarea de construir
la nueva legislación ambiental cubana en forma de un cuerpo
reglamentario armónico que partiendo de la constitución llegue hasta
las resoluciones en un entramado factible, práctico y efectivo.
En este
período el buró, agencia o secretaria ambiental transitoria debe
convertirse en un ministerio o secretaria permanente del estado, la cual
entre otras acciones puede organizar un sistema de inspectores
ambientales, establecer registros obligatorios de fuentes contaminantes,
de generadores de residuos, de tanques de combustible y otros que
permitan establecer definitivamente un sistema de regulaciones y de
incentivos. Igualmente puede considerarse establecer una procuraduría
ambiental o una tribunal de garantías ambientales dedicado a hacer
cumplir los procesos que la legislación ambiental establezca.
Todo el
trabajo previo deberá perfeccionarse e institucionalizarse pasando el
diseño de las políticas ambientales de estado transitorio a definitivo
con proyecciones a corto, mediano y largo plazo. Igualmente será
necesario además de mantener el accionar sobre las variables críticas:
degradación de tierras, deforestación, contaminación de aguas y
saneamiento ambiental, incluir prioridades para proteger las zonas
costeras y de playas, la fauna y mejorar la calidad del aire.
Periodo de
sostenibilidad:
El inicio
del establecimiento de un modelo de desarrollo basado en la
sostenibilidad ambiental debe estar caracterizado por la madurez de las
instituciones ejecutivas, jurídicas y sociales dedicadas al tema del uso
y protección del entorno. Garantizar que el ministerio o la secretaria
de medio ambiente sea un organismo donde la profesionalidad y el
seguimiento de las reglas predominen por encima de los intereses
políticos en turno es uno de los tantos retos de esta nueva fase.
Crear y
establecer bajo reglas democráticas las leyes definitivas que regulen la
protección de los suelos, los bosques, las aguas, la calidad del aire,
las costas, la seguridad biológica, las áreas protegidas, las sustancias
contaminantes así como las regulaciones para establecer demandas por
daños ambientales a las personas, las propiedades u otras será necesidad
básica para encontrar el consenso entre los diferentes intereses
sociales, las oportunidades para el desarrollo económico y la
preservación de las variables ambientales.
La creación
de un sistema nacional de normas ambientales que respondan a los
estándares internacionales es otro objetivo que debe estar
complementando con la implementación de un sistema nacional para el
monitoreo y muestreo de los indicadores de calidad ambiental que se
establezcan.
Igualmente
las evaluaciones ambientales ya sean estudios de impacto, permisos,
inspecciones u otras deben ser incorporadas como parte de la industria
de los bienes raíces y otras, no-solo como reglas obligatorias sino
además como instrumentos de garantía ante posibles demandas por daños
ambientales que puedan causarse al entorno, las propiedades, las
personas o terceras partes.
Lo anterior
lleva al tema de la necesidad de facilitar el surgimiento del sector
económico ambiental cuyos principales exponentes son las empresas
dedicadas a realizar las evaluaciones ambientales, los muestreos y la
remediación de los daños o impactos. En ese interés deben establecerse
los sistemas de certificación y permisos estatales para realizar tales
actividades de forma que se garantice el nivel técnico de los
profesionales y las empresas dedicadas a prestar esos servicios.
Los fondos
colectados por impuestos ambientales u otros deben ser correctamente
utilizados para potenciar el sector económico promoviendo transparentes
procesos de licitación para aquellos interesados en realizar labores de
reciclaje, recogida de basuras, tratamiento de residuales, estudios,
evaluaciones u otros dejando a la libre competencia la selección de la
mejor opción. El aparato ambiental del estado debe limitar su accionar
al aspecto metodológico, de regulación y de inspección así como al de
certificación.
En esta
etapa los gobiernos locales deben ganar participación en la toma de
decisiones relacionadas con temas ambientales, de manejo de recursos
naturales, de saneamiento u otros enmarcados en su jurisdicción
considerando que el deterioro de suelos, aguas y vegetación no son
fenómenos aislados, se manifiestan concatenados en los territorios
topográficamente delimitados y drenados por ríos que son denominadas
cuencas hidrográficas, o endorreicas si están dados por drenajes
subterráneos, y sobre los cuales mayormente se establecen los bordes
políticos en Cuba.
El impulso
de investigaciones relacionadas con evaluaciones naturales, restauración
de ecosistemas u otras deben alcanzar su clima durante este período para
ello lo más recomendable es apoyar la búsqueda financiamiento
proveniente de organizaciones internacionales, gobiernos, universidades
e instituciones de investigación. Este accionar puede propiciar el aval
científico necesario para el establecimiento de sólidas políticas de
manejo ambiental así como crear fuentes de empleo, establecimiento de
infraestructuras de investigación entre otros beneficios. Promover la
educación y la cultura del respeto a la preservación del medio ambiente
en la enseñanza pública y privada, así como en los medios de información
y otros debe ser otra de las tantas metas.
Las
lecciones de la ya larga nueva edad de piedra cubana obligan a pensar en
la necesidad de un paradigma social predominante en el futuro de Cuba
que se base en la participación activa y libre de los ciudadanos como
condición indispensable para iniciar el cambio de la ecosofía cubana,
que contenga la propiedad privada, el libre mercado, el respeto
irrestricto de la ley y el predominio de las instituciones pero que
además reconozca el carácter común de ciertos bienes como el aire, las
aguas, el paisaje y la biodiversidad. Y que incluya el entendimiento
ciudadano, léase la conciencia ambiental social, para el
establecimiento del marco jurídico así como de las regulaciones que
permitan proteger los recursos naturales y que al mismo tiempo facilite
el establecimiento de una economía de mercado próspera que conduzca al
modelo sostenible de desarrollo.
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