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CUBA:
Más allá y más acá de la crisis
Leonardo Padura Fuentes
Resumen IPS
Quizás los cubanos seamos los
ciudadanos del mundo a los que menos pavor nos produce la fatídica
fórmula "crisis económica" que hoy recorre el mundo y que tanto ha
lacerado a tanta gente en el planeta. Una prolongada sumergida en el mar
de las carencias y las limitaciones más disímiles, convertida en
descenso a los infiernos de la pobreza generalizada durante la post
soviética década de 1990 –eufemísticamente bautizada como Período
Especial en Tiempos de Paz-, nos han enseñado a convivir cotidiana y
largamente con todo tipo de escaseces –alimentos, electricidad,
transporte, habitaciones, medicinas, ropas y un largo etcétera- y a
salir vivos de ellas... aunque a veces muy maltrechos, escribe el
novelista cubano Leonardo Padura Fuentes.
Los recientes cambios
gubernamentales, especialmente en el equipo económico heredado por el
gobierno de Raúl Castro y las primeras medidas de la administración
Obama para la flexibilización de los viajes y envíos de remesas a la
Isla de los cubanos radicados en Estados Unidos (más la esperanza de que
en las próximas semanas o meses, aún sin que se levante el embargo,
lleguen nuevas medidas desde Washington), generan las expectativas en
mucha gente que quizás la crisis cubana se aliviará en algún momento.
Pero, al mismo tiempo, la falta de señales domésticas respecto a
esperadas aperturas económicas o a la comentada posibilidad de
diversificar la propiedad y las formas de producción, hacen pensar que,
por ahora, la estructura económica estatal y socialista seguirá siendo
la preferencia en el país y nada esencial cambiará en la Isla.
Mientras, una generación de
cubanos, nacidos a partir de 1980, han vivido casi toda su vida
asediados por las carencias. En esa generación, precisamente, es donde
más han trabajado los efectos de una crisis interminable y es en la que
hoy se perciben con más nitidez las pérdidas "colaterales": la
desangrante opción de irse al exilio, el incremento de la marginalidad y
las actitudes violentas, la enajenación y la filiación a tribus urbanas
de frikis, emos, rockeros y rastas.
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