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Los dilemas del General
Oscar Espinosa Cheep
La Habana, Cuba,
Al tiempo que la caótica economía cubana empeora
debido al azote de los huracanes Gustav y Ike, la situación política se
deteriora sustancialmente. El margen de maniobra del gobierno se ha
constreñido, al disminuir su crédito político por aumentar a niveles
nunca vistos el disgusto popular.
El discurso de Raúl Casto el 26 de julio pasado
constituyó un duro golpe a las aspiraciones de cambio generadas con su
intervención el año anterior, por el regreso a las concepciones
tradicionales y sin mención alguna a los prometidos cambios, creando una
generalizada frustración. Sensación reforzada por su inexplicable
ausencia pública durante los días posteriores al desastre provocado por
el azote de los huracanes.
Debe tenerse en cuenta que el pueblo ha soportado
casi 20 años de crisis profunda, el llamado Período Especial, después de
haberse perdidos las subvenciones de la Unión Soviética y los países de
Europa del Este, y que los cambios anunciados por el General Raúl Castro
no se han ejecutado.
El Decreto-Ley 259 para la entrega de tierras en
usufructo, aunque podría arrojar algunos beneficios, por sus
limitaciones y evidentes intenciones de mantener el rígido control sobre
los campesinos, será difícil que desate los nudos que han impedido
utilizar las grandes reservas de producción del campo cubano.
A medida que pase el tiempo, el disgusto podría
incrementarse. Hasta personas muy vinculadas al gobierno han señalado
sus temores en ese sentido. Es el caso del pintor Kcho, quien en carta
dirigida a Fidel Castro, acerca de la situación en Isla de la Juventud
después del paso del huracán Gustav, señaló: “La moral está alta, pero
eso no va a ser eterno. En los próximos días va a haber que dar solución
a algunas cosas. Actualmente el territorio es un teatro de operaciones
militares en una tregua, con la gente todavía alegre porque salvaron sus
vidas, no pensando todavía mucho en la pérdida de sus pertenencias,
tratando de salvar lo que les quedó, viendo como se ajustan a esa nueva
condición, pero con el transcurso de los días la moral de la gente puede
decaer y llegar a la depresión”.
La situación seguramente se repite en zonas tan
devastadas, o más, que Isla de la Juventud, sobre todo en las
anteriormente ya más pobres provincias orientales y en Pinar del Río.
Por ello, no puede descartarse, si no se toman medidas urgentes,
posibles convulsiones sociales y la estampida hacia Estados Unidos de
personas desesperadas por el hambre y las necesidades.
Hoy, el General está ante la disyuntiva de dar
pasos efectivos y dejar atrás el inmovilismo, distanciándose de los
factores que tienen entrampado el proceso de cambios que con urgencia
necesita Cuba. La situación era crítica antes de los dos huracanes,
actualmente es desesperada. Es necesario desembarazarse de los
prejuicios que impiden recibir la asistencia internacional y reconocer
que si el gobierno ha sido incapaz de ayudar a restituir viviendas
perdidas desde 2001, como señala Kcho en su carta, será imposible
enfrentar la reposición completa o parcial de medio millón de moradas
ahora, además de los colosales destrozos habidos en la agricultura y
otras áreas determinantes de la economía.
Resulta indispensable construir puentes con todo
aquel que pueda ayudar. En primer lugar la Unión Europea, la comunidad
cubana en el exterior y los Estados Unidos. Debe aprovecharse que en ese
país ha surgido una corriente política con personalidades más realistas
hacia La Habana, e incluso entre los cubano-americanos surgen numerosas
voces con sentido común e ideas sensatas. Esta tragedia pudiera hoy
servir a la creación de un frente común de todos los cubanos de buena
voluntad para sacar a Cuba del marasmo en que se encuentra por encima de
diferencias ideológicas. La grave situación nacional exige dejar atrás
el pasado y mirar hacia adelante, apartando agravios e infecundos
prejuicios.
Es necesaria la adopción de cambios que con
urgencia necesita la economía y toda la sociedad cubana. La entrega en
usufructo de tierras pudiera ser un primer paso para la liberación de
las fuerzas productivas en el campo, si se dejan a un lado las
limitaciones del Decreto-Ley 259. Asimismo deben crearse bases legales
más amplias para el trabajo por cuenta propia, y permitir que los
cubanos puedan tener empresas pequeñas y medianas (PYMES) sobre todo en
la esfera de la construcción.
De igual modo, teniendo en consideración que la
economía cubana está descapitalizada por casi 20 años de niveles de
inversión insuficientes hasta para garantizar su reproducción simple, es
indispensable que se facilite la inversión extranjera en condiciones de
beneficio mutuo.
La situación es muy grave. La desesperación de los
pueblos puede tener efectos muy negativos. El estado de indefensión y
pérdida de autoestima y fe en el futuro de los ciudadanos lesiona la
reafirmación patriótica, con consecuencias imprevisibles para el destino
nacional. Quien por soberbia y obcecación sea incapaz de comprenderlo y
no actúe como lo demanda el delicado momento actual será severamente
juzgado por las posteriores generaciones de cubanos.
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