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DEJAME QUE TE CUENTE…
CUBANO
Dr. Antonio LLaca.
Lima, Perú. Octubre 2008.
La visita ya estaba decidida y Adolfo serviría de
guía, también él estaba ansioso por conocer a la más famosa hechicera y
adivinadora del Perú de quien había oído hablar mucho sin haberla
alcanzado a ver personalmente.
-Ha hecho muchas predicciones importantes -aseveró
Adolfo-, la caída de Fujimori, el triunfo de Alan García sobre Ollanta
Humala, la aprehensión de una importante presentadora de televisión,
etc.; dicen que siempre comienza sus profecías con una frase tomada de
“La Flor de la Canela”, el vals de la célebre Chabuca Granda: “Déjame
que te cuente limeño”, o limeña, según sea.
Y haciendo honor a la gran compositora peruana nos
fuimos caminando por el puente sobre el Rímac hasta la Alameda y aquí
tomamos un taxi que nos condujo a través del caótico tráfico de Lima
hasta el distrito de Villa El Salvador, muy próximo a uno de los más
importantes centros religiosos del Perú durante los últimos 1.500 años,
el Santuario de Pachacamac, el oráculo más preciado del mundo Inca, en
una carrera de infarto. Recordé el tránsito y los taxistas de Caracas y
no pude menos que llegar a la conclusión de que se trataba de verdaderos
niños comparados con sus colegas limeños, no obstante alcanzó el tiempo
hasta para echar un asustado párrafo con nuestro “as” del volante.
-Ya vamos llegando, señaló el “as”; los cubanos
llevan muchos años viviendo por aquí, más de veinte o veinticinco,
vinieron por los 80, creo que durante el gobierno de Morales Bermúdez o
el de Belaunde; les hicieron unas casas en la Villa, pero ya casi todos
se fueron, quedan pocos…
- Pues ahora solo nos queda averiguar donde vive,
añadí.
-Eso no va a ser difícil, por acá todo el mundo de seguro la conoce…
Y en efecto, un vendedor callejero de inmediato nos señaló la casa que
se diferenciaba bastante de las del resto del vecindario, de aspecto
agradable, con una armazón fuerte y sobria pero envuelta en un halo de
misterio. Nuestro taxista se despidió prometiendo regresar a buscarnos
en una hora “peruana”, lo que podía significar en realidad una hora y
media o dos.
Tocamos a la puerta y una asistente nos hizo pasar,
seríamos recibidos en cuanto la anfitriona terminase de atender un
importante caso; minutos más tarde nos condujo a una espaciosa
habitación en semipenumbras donde se encontraba Leda, la santera o
hechicera a quien quería entrevistar; mi acompañante dio las buenas
tardes mientras yo permanecí enmudecido contemplando la impactante
atmósfera que la envolvía: una fantástica combinación de ron y pisco,
café y mate de coca, aromas de tabaco y canela, santería y leyenda inca;
en el imponente altar, Changó, el Dios del Trueno, y Pachacamac, el Hijo
del Sol, el Creador y Hacedor de todas las cosas; entretanto me percaté
también de una leve agitación que recorría mi cuerpo. Adelante,
siéntense, nos dijo señalando dos cómodas sillas de espaldar alto y
recto que nos obligaban a mantener el torso erguido; ¿qué los trae
conmigo?, preguntó, mientras su aguda mirada nos recorría de arriba
abajo, escrutadora y profunda.
-Conversar un poco, le dije.
-Entonces, déjame que te cuente… cubano.
-Y ¿cómo sabe usted que soy cubano?
-Ya lo sabía, me lo dijeron los Santos -nuevamente la agitación recorría
mi espalda- en realidad te esperaba… y que venías con un amigo de aquí…
-De Tumbes señora, si bien llevo muchos años en Lima –respondió
rápidamente Adolfo.
-Pero peruano al fin, aunque casi naces en Ecuador, y ¿de qué parte de
Cuba eres tú?
-De La Habana, del Cerro, pero vivo en Venezuela, ¿y Ud.?
-No me trates más de usted, los cubanos siempre somos tú y aunque
estemos lejos o hayamos pasado años fuera no por eso va a ser diferente;
yo soy de Guanabacoa, pueblo embrujado.
-Me lo suponía, solo de verla, digo, de verte, pensé: de Guanabacoa, de
Regla o del Cerro, pero, y por qué ahora aquí, casi todos los cubanos se
han ido y este barrio no parecer ser de los mejores…
-Porque este es también un pueblo embrujado, aquí estoy en tierra
sagrada, de religiosidad y del espíritu desde hace miles de años,
conmigo vinieron Changó, Ochun y Yemaya, y ¿sólo has venido a conversar?
-A conversar y hacer un breve relato para publicarlo…
-Aquí vienen con frecuencia periodistas, la
televisión y un montón de gente a “conversar”, no tengo inconvenientes
pero, eso sí, nada de fotos ni videos y en el relato no cambies ni una
coma de mis palabras; y ¿de qué vamos a hablar?
-Pues de todo, de lo humano y lo divino, de Perú y de Cuba, de
Venezuela…
-De lo humano me encargo yo, para lo divino tenemos que consultar a los
Santos pero vamos a saludarlos primero, dijo.
Y dirigiéndose hacia el altar saludó a Changó (Santa Bárbara) mientras
tocaba suavemente pero con firmeza su túnica roja y blanca, como si
quisiera despertarlo de un profundo sueño y a Catequil, el Dios Inca del
rayo y el trueno; a Ochun (la Caridad) y a Pachacamac dioses del oro y
el dinero, de los alimentos y la abundancia; a Yemaya, (Virgen de Regla),
Diosa de la vida y la fertilidad y a Inti, el que hace brotar las
cosechas, cura las enfermedades y da seguridad. De todos ellos tomó
algunos atributos, de los afrocubanos los caracoles, el infalible método
adivinatorio, de los peruanos choclo, minerales, pequeñas piezas de oro,
plata y estatuillas de cerámica que colocó cuidadosamente en una bolsa
de piel; este es mi diloggun (conjunto de objetos necesarios para el
proceso adivinatorio) -dijo- y sobre el suelo, frente al altar, extendió
un fino tapiz con unas extrañas figuras impresas totalmente desconocidas
para mí.
-Las Líneas de Nazca, señaló Adolfo acercándose a mi oído, el misterioso
calendario preincaico de los movimientos del Sol, la Luna y las
estrellas.
Por último roció agua y pidió permiso a Dios, a los orishas (deidades) y
a los dioses incas.
-Ya estamos listos -afirmó Leda- ¿por dónde empezamos?
-¿Qué te parece Cuba?
-Vamos con Cuba, dijo metiendo una mano en la bolsa de la cual tomo un
puñado de atributos que lanzó sobre el tapiz, los siguientes diez
minutos los dedicó a estudiar la distribución y el significado de cada
elemento caído al azar en la maraña de aquellos extraños dibujos,
entretanto, el silencio en la habitación se hacía cada vez más profundo,
ni los habituales y estridentes ruidos provenientes de la calle se
atrevían a llegar, como si la vida en el barrio se hubiese paralizado
para permitir que los santos dijeran lo que pasó, lo que estaba pasando
y lo que ocurriría.
-Malos presagios -sentenció luego de una larga
pausa-, por nuestra tierra las cosas andan mal y van a estar peor, hay
hambre, necesidades de todo tipo y pocas posibilidades de salir
adelante, los ciclones hicieron mucho daño pero el país desde hace
tiempo no produce, lo único que se puede hacer es repartir mejor la
miseria; la gente va a protestar y los van a reprimir muy duramente,
esto es lo más peligroso…, hay mucha desilusión, todos se quieren y se
querrán ir…, a cualquier lugar, a donde sea… y ocurrirán desgracias…
-Pero ahora con Raúl (Castro) se estaba abriendo un
poco el país, las cosas parecían mejorar…
-Ya Raúl no está mandando, es el Presidente pero Fidel (Castro) se ha
recuperado de su enfermedad y va retomando el poder, haciendo el juego
de sus caprichos… los orishas son firmes, no se equivocan…
-Y entonces ¿qué va a pasar?
-Raúl es más joven pero… va a morir primero…, Inti, Yemaya y los
caracoles son claros: “se romperá (algo) por donde corren la sangre y la
vida” y no habrá remedio ni cura; Fidel vuelve l mando pero no se va a
mantener por mucho tiempo, una nueva enfermedad lo va a golpear y ahora
será definitivo, luego vendrán cambios y habrá mejoras, las traerán
Ochun e Inti pero esto todavía demora un poco; ¡que los Santos protejan
a nuestra gente!, exclamó.
Adolfo, profundamente católico como la inmensa
mayoría de peruanos, pronunció un susurrado Amén acompañado del signo de
la Cruz mientras yo retomaba la carga con las preguntas…
-Y de Venezuela, ¿qué me puedes decir?
Volvió Leda a tomar los caracoles y las piedras, colocarlas en la bolsa
y mezclarlas, cogió un grupo, ahora más compacto y las lanzó sobre el
lienzo de las líneas de Nazca, una vez más el estudio demoró y el
silencio se hizo presente…
-Es un gran país tu nueva tierra, dijo, muy rico, ha ayudado mucho al
Perú desde hace largo tiempo y a otros, a Cuba, pero ya ha llegado a sus
topes y no puede ayudar más; Ochun está hablando nuevamente: “la riqueza
tiene sus límites y compartirla también”; se ha despilfarrado mucha
riqueza y han robado mucho en Venezuela, le vienen tiempos difíciles y
violencia, mucha violencia en las calles y en las ciudades, que nadie
puede controlar… y habrá sorpresas, muchas y pronto…
-¿Qué tipo de sorpresas?-pregunté nuevamente.
-No lo sé -respondió- es una especie de acertijo, parece que se refiere
a la política pero los caracoles han hablado: “los (que se creen)
ganadores… perderán, los (que se anuncian) perdedores… ganarán”; en
realidad no alcanzo a descifrarlo, discúlpame, pero ocurrirá la
profecía.
-No te preocupes, te entiendo, y además no quiero abusar de tu tiempo ni
de tu esfuerzo pero nos falta Perú que es donde estamos.
Nuevamente realizó el ritual y se tomó unos minutos
en hacer la lectura.
-Perú también viene con tiempos difíciles, este es un país grande y rico
pero con mucha desigualdad, hay mucha miseria entre los indígenas y la
miseria va a explotar, vamos a tener protestas, revueltas protagonizadas
por los indígenas, ellos son los dueños de esta tierra y exigirán una
vida mejor, es su derecho. Pachacamac, Inti y Catequil están coléricos
por lo que ocurre con su gente y la cólera de Pachacamac se puede
convertir en terremotos, eso sería terrible, ¡que Dios nos ampare!,
dijo, acompañado por un nuevo Amén de Adolfo.
Un leve toque en la puerta nos interrumpió, era la
asistente anunciando que el “señor taxista” acababa de arribar en
nuestra búsqueda, habían transcurrido exactamente dos horas.
-Solo me queda una pregunta final, dije, sabes que
en un par de semanas los americanos tendrán elecciones, ¿quién ganará?,
nuestra gente por allá quiere saber…
No me respondió verbalmente, simplemente metió la mano en la bolsa de
los atributos, revolvió unos segundos y extrajo una pequeña piedra… de
color negro. Nos levantamos lentamente de nuestros asientos para
retirarnos pero Leda nos interrumpió.
-Esperen un momento, y se dirigió hacia el altar de
donde tomó dos bolsas pequeñas, metió algo en ellas y nos entregó una a
mí y otra a Adolfo con una recomendación: vayan hasta la costa, tomen
alguna embarcación y cuando se hayan alejado lo suficiente arrojen estas
bolsas al mar, Yemaya las recibirá, le estarán haciendo un enorme favor
a mucha gente.
Está bien, no te preocupes, dijimos casi al unísono mientras le
agradecíamos sus atenciones y nos despedíamos.
Tomamos el taxi de regreso a enfrentarnos
nuevamente al infernal tráfico de la capital.
-¿A dónde vamos?, preguntó el “as” del volante.
-Al centro de Lima, hotel M…, en Jirón Huancavelica, cerca de la Plaza,
respondí.
-¿Qué te pareció todo esto Adolfo?- pregunté a mi acompañante.
-Pues algo fantástico, aun no sé qué decir.
-Y tú, ¿crees en las brujas?
-No hombre, nada de eso, yo soy católico- me respondió.
- Entonces, ¿qué hacemos con las bolsitas, las botamos?
-No, no, pues sabe usted, mi hermano, el que vive en el puerto de El
Callao, es pescador y tiene una pequeña embarcación con la que se gana
la vida y… pero y usted, ¿cree en las brujas?
-Yo tampoco creo en las brujas Adolfo pero… de que vuelan, vuelan, así
que: chofer, tenemos un cambio de última hora, nos vamos al Callao y por
favor súbale el volumen a la radio, quiero escuchar esos maravillosos
compases de “La Flor de la Canela”.
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