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Padres, abuelos e hijos, ya sean adolescentes o estén en plena niñez, se
preguntan qué hacer en estas vacaciones, cuando existen serios problemas
de transportación, y se divulgan posibles lugares de esparcimiento, sin
ofrecer la dirección, ni cómo llegar allí. Qué hacer en tantos días, si
el importe para distraerse oscila entre dos monedas, y sus precios son
demasiado altos para el ciudadano común.
Cada año, llegan las vacaciones estivales que para muchos estudiantes
sobrepasan el mes, y hasta más. Para ellos es el momento de descansar y
cerrar libros y cuadernos de notas, olvidar por unas semanas los deberes
que impone la escuela, mas para los adultos de casa, es el momento de
volverse magos para complacer a los vacacionistas.
Las calles amanecen tranquilas. El ruido de los niños que juegan en las
calles, aceras y parques comienza alrededor de la media mañana. A pesar
del intenso calor y lo descampada que está La Habana, ellos se esmeran
en competir con el Astro Rey, para ver quién tiene más energía.
A veces el hambre aprieta, o algún familiar llama para almorzar o “comer
algo”, es un receso que se rompe, cuando nadie los puede soportar dentro
de la casa y salen de nuevo para la calle.
Siempre hay familiares que están de vacaciones por esos días. Los más
dinámicos organizan paseos que pueden diversos. Aunque el de la playa
que es uno de los más ansiados, tiene desde hace unos años, varios
factores en su contra.
Lo primero es que ir a la playa era llegar a la amplia zona que
comenzaba en la playa El Mégano y que se extiende hasta llegar a la de
Guanabo. Los ómnibus de refuerzo para ese período comenzaban el viaje en
la playa de Santa María, esa opción ya no le conviene al gobierno que
trata de resguardar al turismo internacional, alojado en hoteles y casas
de esos alrededores.
Los “playeros” tienen que contentarse con ir a la playa de Bacuranao,
cuyo tramo para los bañistas es muy pequeño, pero está cerca del
paradero de ómnibus de Microdiez en Alamar. Allí se aglomeran cientos de
personas para retornar a sus hogares o tomar la ruta que los lleve al
centro capitalino. Es frecuente ver los carros de policías y agentes que
no pueden organizar al público.
La otra variante es ir para el pueblo de Guanabo donde terminan y
comienzan su itinerario, varios autobuses que llegan a distintos puntos
de la provincia. En Guanabo hay cafeterías, restaurantes y puntos de
venta de comestibles. Los más precavidos se marchan un rato después del
mediodía, y así esquivar la muchedumbre que invade el paradero más tarde.
Ir a la playa, no es un esparcimiento tan barato. Aún llevando meriendas,
almuerzos y frascos con agua o jugo, a veces no son suficientes. Arelys
lleva a sus hijos y prefiere ir con otra vecina, madre también. Entre
ellas cuidan sus paquetes en la arena, porque los ladrones están a la
caza de cualquier bolso, mochila o pertenencia que se le puedan echar
mano.
“Nos levantamos al amanecer, a eso de las 7 de la mañana llegamos a la
parada del P-11, y llegamos a Bacuranao en una hora, más o menos. Los
muchachos se bañan, y a las once nos vestimos y merendamos. De ahí para
la parada. No hay mucha gente a esa hora. Llegamos al barrio antes de
las tres (p.m.). ¡Ah!, y eso no es todos los días, porque aunque “te
amarres el cinturón”, es un gasto”-dice la joven mamá recostada a su
vieja sombrilla playera.
El campismo es otro dilema. Muchas bases de campismo cobran sus
servicios en la moneda convertible CUC y la mayoría de los ciudadanos
obtienen solo el peso cuando cobran sus salarios. “Ya irse para un
campismo es un lujo”- enfatiza una abuela, aún joven, quien ha sido la
organizadora de paseos en su familia por años.
Esta modalidad de pasarse unos días fuera de casa, no les gusta a todas
las personas. Las casas cerradas corren el riesgo de ser robadas, por lo
que a veces se prefiere pasear y regresar el mismo día al hogar. Por eso
Josefa y Mario, un matrimonio jubilado, añoran la agencia de viajes que
ofertaba excursiones diarias a puntos de la capital y de provincias
cercanas, los cuales incluían almuerzo y transportación en ómnibus
confortables.
“Nosotros no ganábamos sueldos altos, pero nos daba para tener una
cuenta en el banco. Nuestros hijos pasearon por todo el país con
nosotros. Eran otros tiempos”-recalca Mario, quien está sentado en el
banco de un parque, mientras espera que llegue el diario al estanquillo
cercano.
La prensa oficialista critica el concepto de recreación del pueblo y
pregunta por qué los que están de vacaciones no disfrutan más todo lo
histórico que hay en su ciudad de residencia, o se recrean a través de
las visitas a exposiciones, asistencia a teatros y cines.
Parecen haber olvidado que la mayor parte de los cines de barrio están
cerrados y utilizados con otros fines.
Los que viven lejos de la zona céntrica pasan mucho trabajo para
transportarse pues en Cuba sólo existen los ómnibus en las ciudades y en
los lugares muy alejados solo hay transportación en camiones o en medios
de transporte más primitivos. En décadas se ha olvidado animar esas
localidades para que sus residentes puedan tener su esparcimiento, sin
tener que salir de su localidad.
En los últimos tiempos, tanto las noticias culturales como los spots
publicitarios muestran interesantes opciones pero no aparece por ningún
lado el dónde de la noticia. Cómo llegar, dónde está, se convierte en un
cuestionamiento que quita el deseo de arribar a un sitio agradable.
“Esto es lo mismito de siempre. Yo no me altero. Planto (pongo e el
fogón) la olla con frijoles y el arroz blanco que no pueden faltar. Lo
otro (el otro alimento), es lo que aparezca. Los varones se van a jugar
pelota (baseball) o fútbol. Las hembras se ponen a ver televisión, o
salen a dar una vuelta con sus amiguitas. No hay más ná (nada) “-
concluye Carola, ama de casa y madre de cuatro hijos.
La cuestión del esparcimiento en la Cuba de hoy se convierte en un lujo
difícil de obtener para la mayoría del pueblo. Los que pueden gastar
cientos de CUC en un hotel, o en un centro recreativo de la élite, son
muy pocos. Aún los que reciben mesadas provenientes del exterior s
aplican cierta austeridad en estos meses interminables de verano.
Las nuevas generaciones más que divertirse, se acostumbran a las
condiciones de vida que puedan ofrecerles sus padres. Ya hay quienes
dosifican juegos y entretenimientos, para estudiar y repasar lo
aprendido, si los exámenes finales y de ingreso al nivel universitario
resultaron muy difíciles de realizar. Otra modalidad de entretenimiento,
que enriquece el intelecto y prepara las neuronas de quienes piensan que
quizás mejorando de manera ostensible el índice académico, podrá
materializar sus sueños quiméricos, relacionados con una verdadera
recreación.
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