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Hasta hace unos 20 años, el médico cubano era preocupado por conocer al
paciente que por primera vez atendía, o a ese otro que trataba de un
tiempo y del cual mantenía en su mente, todos sus padecimientos.
El gobierno trató de desacreditar a las clínicas privadas y creó los
policlínicos que asumían a los vecinos de una barriada bastante extensa
dentro de un mismo municipio, asegurándoles todos los servicios médicos
con bastante integralidad.
Había un trabajo de equipo entre el médico de medicina general y los
especialistas que atendían a los distintos pacientes, ya fuera en los
policlínicos y hospitales. Además de la visita al hogar no solo de las
embarazadas o postrados, sino de aquellos con enfermedades crónicas como
el asma o la diabetes.
Ni qué hablar de la visita diaria a los que sufrían padecimientos
contagiosos como la papera o la varicela. Había una disciplina médica
que se cumplía con sistematicidad. Un ingreso en el hospital no sólo
garantizaba las principales comidas y medicamentos, sino que estaba
estipulada la entrega de ropa de cama y pijamas, mientras las personas
estuvieran hospitalizadas.
Después del inacabado Período Especial de los años 90 del Siglo XX,
estos servicios fueron desapareciendo, al igual que los trabajadores del
sector de la salud, que prefieren irse a trabajar a otros países, con
los riesgos de contagio, entre otros; a permanecer en una entidad en la
que no hay con qué trabajar, y en la que hay que atender al doble o al
triple de los pacientes.
El Ojo Clínico y La ética parecen haberse marchado para otras latitudes.
Los médicos y enfermeros quienes son los más próximos al enfermo están
más preocupados por cómo resolver sus problemas personales, que llevar
un seguimiento a quien se queja de un síntoma determinado.
“Voy al médico cuando no me queda más remedio, como cuando voy a renovar
los certificados médicos para las medicinas que tengo que tomar, que son
por “tarjetón”, sino trato de curarme sola”- dice una mujer de la
tercera edad, cuando se dirige casualmente al consultorio del Médico de
la Familia de su barrio, en el municipio capitalino de Plaza.
Entre otros aspectos que van en contra del Ojo Clínico está el exceso de
trabajo a desempeñar por estos trabajadores, las pocas estimulaciones, y
las pésimas condiciones laborales. “Un poco de espagueti blanco y harina
de maíz, es el almuerzo de hoy, y así quieren que baje y suba escaleras
visitando a los pacientes, conmigo que no cuenten”.expresa insultada una
enfermera de un consultorio del municipio Cerro también en la capital.
Estos tiempos de grandes necesidades, inestabilidades y muchas arengas
sindicales para que los trabajadores del Ministerio de Salud Pública (MINSAP)
laboren como esclavos dan al traste con el espíritu de sacrificio que
debe imperar en cada uno de ellos, el buen trato y el consabido Ojo
Clínico.
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