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Ana Rosa Ledea consiguió un empleo que le permite mantener el hogar que
comparte con su hijo de 10 años, en el municipio capitalino de Centro
Habana.
No hace mucho perdió el que tenía como lunchera en una cafetería
particular. Se vio muy necesitada, y su posición a favor de un cambio
radical en la sociedad cubana es uno de los impedimentos para que pueda
optar por una plaza estatal.
Por otra parte, necesita un buen salario que nunca va a recibir en estos
trabajos fijos, donde el nivel de exigencia no se puede comparar, con
los sueldos y estimulaciones que reciben los trabajadores.
Ana Rosa planteó su crítica situación en el Frente Femenino Gladys Núñez
al cual pertenece, y realizó otras gestiones con familiares, hasta que
con todos estos apoyos pudo comenzar a trabajar en un taller de costura.
En el mismo confecciona ropa de niño, de niña, y de adolescentes además
de bolsos tipo mochilas conocidos por “morralitos”. Ella se recupera y
paga los préstamos con parte del dinero que gana con las ventas de estos
artículos, los cuales se caracterizan por la buena calidad y sus precios
asequibles, que los convierten de hecho, en mercancías de gran demanda
para quienes no pueden pagar los altos precios de las ofertas en las
tiendas recaudadoras de divisas.
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